2ª de feria en León. Ponce y El Fandi, imprescindibles en la corrida de ocho toros

Plaza de toros de León. Sábado 26 de de junio de 2010. Segunda de feria. Tarde amenazante y finalmente soleada en plaza cubierta con tres cuartos de entrada. Ocho toros de Zalduendo de menos que justa presentación los cuatro primeros, nobles y con muy poca fuerza, salvo el más aparente tercero que fue bravo y trasmitió mucho. Con más cuajo los otros cuatro de juego desigual. Bravo y noble aunque muy venido a menos el quinto que fue increíblemente premiado con protestada vuelta al ruedo. Corto de viajes y defendiéndose por arriba el sexto. Muy deslucido y difícil por el lado derecho el séptimo. Y muy bravo el octavo, el más importante del envío. Enrique Ponce (tabaco y oro): Pinchazo hondo y tres descabellos, ovación. Pinchazo y casi entera caída, dos orejas. Morante de la Puebla (negro y oro): Pinchazo y más de media algo atravesada, orejita. Dos pinchazos y media trasera, ovación. El Fandi (negro y oro): Estocada trasera recibiendo que caló un puntín y descabello, dos orejas. Estocada, oreja y petición de otra con bronca al palco por no concederla. Cayetano Rivera Ordóñez (verde botella y oro): Pinchazo hondo y dos descabellos, palmitas. Estocada, oreja facilona. Ponce y El Fandi salieron a hombros. Bien en la brega José Antonio Carretero. En lo anecdótico, la horrible y chirriante charanga que hizo de banda de música y estorbó en todas las faenas hasta que el público pidió que dejara que tocar cuando arrancó al iniciar Ponce su segunda faena. Casi finalizado el trasteo, el valenciano les ordenó que volvieran a tocar pero suavemente. Fue imposible.

 

Al reclamo de la ya tradicional y casi siempre triunfal corrida de ocho toros en León, acudimos otro año más a sabiendas de que no saldríamos defraudados. Pero durante la lidia de los cuatro primeros toros, por llamarlos de alguna manera porque no pasaron de anovillados y sin ningún trapío, la verdad es que, salvo la actuación de El Fandi con el más fuerte y encastado tercer toro, la cosa no pasó de festival de luces.

Enrique Ponce se inventó una templada faena evitando que el insignificante animal se cayera pero, por fallar a espadas, perdió una posible oreja que no hubiéramos tomado en serio salvo por la siempre fácil maestría del valenciano, no por lo que deparó el sosísimo animalejo. Otro tanto podemos decir del segundo toro con el que Morante apuntó algunos bonitos lances y aislados aunque en su mayoría inconclusos muletazos que, dada la bien ganada fama del gran artista, fueron suficiente motivo para que al de la Puebla le dieran una orejita pese a matar de pinchazo y feo espadazo.

Cómo decíamos, El Fandi fue el único que salvó la papeleta gracias a su acostumbrada e incondicional entrega y variedad en los tres tercios – con las banderillas puso la plaza boca abajo – hasta matar de espectacular estocada recibiendo que entusiasmó a la parroquia sin que casi nadie se percibiera de que el estoque caló un puntín por la poca caja que tenía el por lo demás bien hecho “zapato”. Asegurada la puerta grande al cortar dos orejas, hubo de esperar al sexto toro para intentar repetir el triunfo, cosa que logró aunque no con tan indiscutible aquiescencia porque este animal, ni muchísimo menos fue tan grato como su anterior oponente. Servida la batalla, la ganó El Fandi con creces por el conjunto de su actuación, de nuevo variado y brillante con el capote, espectacular en banderillas,  luchador que no otra cosa con la muleta y certero con la espada. El público, agradecido, requirió las dos orejas para el granadino, pero la presidencia hizo bien en dejar el premio con un solitario apéndice.

Cayetano no fue capaz de sumarse con el muy noble cuarto toro al éxito de El Fandi. Y eso que de nuevo intentó torear con limpieza y elegancia. Pero como casi siempre, por echarse el toro para fuera en sus muletazos citando siempre fuera de cacho, hasta los ignorantes en la materia apreciaron que aquello no tenía importancia ni trascendencia.

Tuvo que se Enrique Ponce quien diera gran categoría a la tarde con un cuarto toro que, por lo que hizo en su salida y ante el caballo, pareció iba a ser como el hermano de la misma ganadería que indultó el año pasado en esta misma plaza. Pero el animal se vino abajo enseguida y, aunque Ponce tuvo el detalle de brindárselo al ganadero, no sé si en recuerdo del toro que perdonó o creyendo que éste iba a ser al menos parecido, tuvo que extremar el temple, administrar los tiempos, cuidar la colocación en cada cite, adivinar a qué altura debía llevar la muleta, no pasarse en nada que afectara sus repentinamente febles e intrascendentes embestidas para que lo que en otra manos no hubiera pasado de simple trasteo para salir del paso, en las del gran torero se lograra el milagro de convertir el agua en vino. Los bien administrados y variados recursos artísticos de Ponce, pusieron el resto para redondear una obra que, poco a poco, terminó siendo bellísima y ejemplar. Y como esta vez anduvo más certero con la espada, cayeron las dos orejas y la seguridad de que el año que viene, como también  El Fandi, volverá a encabezar la corrida de ocho toros que se organice.

Quienes no sé si repetirán o no son Morante y Cayetano aunque habrá que diferenciar las circunstancias de ambos con sus respectivos toros. Morante no tuvo ocasión de triunfar porque ninguno los de suyos fue agradecido. Pero sí los de Cayetano que, tras dejar escapar al cuarto, no fue capaz de someter la encastada bravura del octavo, el más importante del envío, y eso que con el capote bien pudo comprobar la calidad que tuvo en varios y hermosos lances rodilla en tierra y en un enjundioso quite por tafalleras. Pero con la muleta, sencillamente no pudo en sus enfibrados pases que, por falta de temple, terminaron por convertir la casta del animal en genio que le desbordó. Para remediar aquello, Cayetano tiró de repertorio para la galería sin que le importara contradecir su estilo y como la gente adora al menor de los Rivera, el feo y sucio trasteo fue tomado por bueno en un todo vale con tal de ver al adorado ídolo pasear el ruedo con al menos una oreja. Despojo que logró gracias a la estocada con que mató.                      

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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