Corrida de toros en Madrid. Estulticia y mansedumbre

 Madrid. Plaza de Las Ventas, Domingo 27 de Junio de 2010. Un cuarto de plaza y buen tiempo. Cinco toros de José Ignacio Charro, desigualmente presentados. Mansos y descastados en general, salvo el cuarto que se dejó torear. Un toro, el primero, de Navalrrosal, de impresionante trapío, muy manso. Frascuelo (de champán y oro). Palmas. Un aviso y saludos.

Robleño (de grana y oro). Palmas en ambos. Luis Miguel Vázquez (de canela y azabache). Palmas. Silencio.

 

En este año de resurrección del encaste Atanasio, los toros de José Ignacio Charro han roto la tendencia al alza de este encaste salmantino. La corrida de ayer fue mansísima y sin ninguna clase. El remiendo de Navalrrosal no tuvo nada que envidiar a los titulares, mansísimo también. Este toro le tocó a Frascuelo, a quien habían hecho saludar acabado el paseíllo. A pesar de lo malísimamente mal que estuvo el año pasado con los Adolfos, le recibieron como si hubiera sido el autor de la mejor faena de los últimos treinta años. Y es que la plaza de Madrid es así de estúpida: lo mismo que a El Juli le niega el pan y la sal, se vuelca con un torero veteranísimo, de triste presente y discreto pasado. Estupidez total de un público absurdo.

 

Y cuando salió el toro, sucedió lo previsto. Al manso de Navalrrosal ordenó que lo asesinaran en el caballo, y después se lo quitó de en medio como pudo. No solo le impresionó la mansedumbre de la res, sino su trapío pavoroso. El cuarto era un toro muy alto, pero que se dejó torear. Fracuelo dio dos pingüis con el capote, una media y un desarme, que fueron jaleados como si de ambrosía se tratase. Y con la muleta se salió torero, pero luego no fue capaz de quedarse quieto y llevar al toro toreado. Sesenta y dos años son muchos años, y Carlos Escolar ya no está para estos trotes. Lo mató muy mal… Pues a pesar de todo, le obligaron a saludar. ¡Cosas veredes, amigo Sancho!.

A Luis Miguel Vázquez le correspondieron los dos toros más chicos del encierro. El que hizo los lotes se lució. Sus dos toros fueron de embestida corta e intermitente, algo mejor su primero que su segundo, sobre todo por el pitón derecho. Vázquez es un torero codillero que nunca despega los brazos del cuerpo, y que, además, tiene muy poco oficio y muy poco valor. Nunca fue capaz de encauzar la embestida de sus toros. Nada de nada.

 

Robleño, por más valiente y por tener mejor técnica, estuvo a años luz de sus compañeros de cartel. Estuvo muy por encima de los dos mansos que le correspondieron. Su primero fue muy huido y se peleó con él en la querencia con pundonor y valentía. El otro, probón y de embestida corta, tampoco era fácil. Robleño estuvo con él firme y tesonero….

 

Y esto fue todo.

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