4ª de San Pedro en Burgos. Faena sublime de Ponce

Burgos. Plaza del Plantío. Martes 29 de junio de 2010. Cuarta de feria. Tarde calurosa y algo ventosa con más de tres cuartos de entrada. Siete toros de La Palmosilla incluido el sobrero que se corrió en sexto lugar y correr turno por la devolución del tercero por totalmente derrengado. Con más cara que los de las anteriores corridas y algunos algo flacones. Insignificante el sobrero. Todos nobles en distintos grados y sin fuerza, destacando por más entero el que hizo de tercero, por su clase el cuarto y por su mayor movilidad el quinto. Enrique Ponce (prusia y oro): Pinchazo y estocada trasera que escupe, aviso y ovación; estoconazo, aviso y dos orejas.  El Juli (burdeos y oro): Estocada trasera desprendida, ligera petición y ovación; Dos pinchazos y estocada, gran ovación. Morenito de Aranda (rosa y oro): Casi entera caída,  oreja. Estocada trasera, oreja. Ponce y Morenito salieron a hombros.

 

Con la mejor entrada de la feria por ahora y un público más selecto que en días anteriores, por fin pudimos gozar con el toreo caro. En la primera mitad del festejo cundió otra vez la decepción con el ganado y esta vez por la clamorosa falta de fuerza de los tres primeros toros. Tanto Enrique Ponce como El Juli se vieron contrariados frente a dos animales que no cesaron de perder las manos antes incluso de ser picados – El Juli dejó crudo al segundo – y mucho más en las meritorias faenas de muleta. Tan enfadado se puso el público que obligaron a la presidencia a devolver el también derrengado tercero. Y ahí cambió la decoración.

Y es que el que iba a ser sexto – se corrió turno – resultó bastante más entero que sus hermanos y aunque tampoco le sobró energía, al menos repitió con noble movilidad por los dos pitones. Morenito de Aranda logró acoplarse con él y tanto en el recibo de capa como en su faena de muleta, acreditó excelentes maneras fiel el gran concepto de toreo que le es propio. Una estocada dio paso a la primera oreja de la tarde. Al menos el local había tocado pelo.

Pero cuando el devenir de la corrida cambió por completo y para bien fue con la inesperada gran faena que hizo Ponce al cuarto toro. Un animal bien hecho aunque, como los anteriores, tampoco sobrado de fuerza, pero con clase en su embestir aunque sin que la mayoría del público se percibiera de tal virtud.

Ponce fue quien creyó más en el toro tras enjaretar algunos lances más que estimables en el recibo y, seguro de sí mismo, brindó la faena al público que, entretenido con la merienda, apenas hizo caso a lo que Ponce empezó a hacer hasta que, poco a poco, fue consiguiendo afirmar a su oponente y, una vez acomodado, lograr una de los faenones que Ponce está cuajando este año. Y en esta ocasión sublimándose a sí mismo en la parsimoniosa y perfecta encadenación de muletazos sobre ambas manos naturales y contrarios en los que el toro rompió a excelente gracias al infinito temple con que fue toreado, aunque mejor sería decir que acariciado. Tanta excelencia y tan especial belleza terminaron por entusiasmar al público que, ya metido por completo en la faena, presenció en pie sus últimos compases no sin antes enojarse con el palco por el aviso que sonó en plena creación del extraordinario trasteo. La variedad, la solemnidad, la paciencia y el exquisito gusto con que toreó Ponce pusieron la plaza y la feria boca abajo. Y más cuando Enrique acertó a matar de muy buena estocada. Y era hora de que Ponce no fallara con la espada tras una gran faena.

El desiderátum poncista cayó como una losa y aunque tanto El Juli como después Morenito de Aranda intentaron epatar al valenciano, les resultó imposible. Ni el quinto ni el sexto toros fueron gratos y aunque el maestro madrileño y el discípulo burgalés anduvieron por encima de sus respectivos oponentes – El Juli perdió una oreja por pinchar y Morenito la cortó tras un certero espadazo -, lo que quedó para el recuerdo fue el faenón de Ponce, el mejor con mucho en lo que va de feria y quizá de muchas más.      

 

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    PONCE O EL MILAGRO DE LOS PANES Y LOS PECES: Era el cuarto toro de la tarde, es decir, el toro de la merienda. La gente estaba loca por que se acabara la corrida para ir a ver el partido de la selección española y el aburrimiento parecía inevitable tras ver como el astado de la Palmosilla había rodado por el suelo varias veces en los primeros tercios. Así que todo el mundo estaba deseando que lo matara cuanto antes. “Si le hace faena a este le tiro el sombrero” le comenté a Domingo. Doce minutos después la plaza entera admiraba en pie la enésima serie de grandiosos muletazos que Ponce le dio al toro antes de matar de excelente estocada. La faena fue un sirimiri de torería, que fue calando en el debilísimo toro y en el despistado público, que ya dejó sin premio una meritoria faena del de Chiva a un primero flojo y de cortas embestidas del que tiró con mando y templanza. El Juli es el que manda en el toreo, pero Ponce es el mejor torero del escalafón actual y el de muchos años atrás. La capacidad de enganchar suavemente con los vuelos a sus oponentes fue lo que le faltó a el Juli, muy atacado desde el principio. Espeso con su primero, también sin fuerzas, al que no encontró la altura ni la distancia, y queriendo cortar las orejas como fuera del quinto, para no quedarse a pie. Demasiada violencia con un toro justito de todo. El local Morenito de Aranda dejó pinceladas de buen gusto con su primero, al que sostuvo en pie a base de temple y enpaque, pero la segunda oreja, cortada al último, obedeció exclusivamente al paisanaje, pues la faena fue deslabazada y sin estructura alguna ni acoplamiento con un soso ejemplar. Al final de la tarde, y aunque el partido estaba a punto de empezar, en la plaza de el Plantío de Burgos la maestría de Enrique Ponce ya había dejado una sonrisa de felicidad en los labios de los espectadores. Y mi sombrero volando por los aires.

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