6ª de San Pedro en Burgos. De mal en peor para terminar

Burgos. Plaza del Plantío. Jueves 1 de julio de 2010. Sexta de feria. Tarde nublada, bochornosa y amenazante tras intenso chaparrón con dos tercios de entrada muy repartidos. Seis toros de Gerardo Ortega. Desigual y en su mayoría ínfimamente presentados. Todos enclenques en distintos grados de manejabilidad. Parado el primero. Noble pero blandísimo el anovillado segundo. Muy noble, blandísimo y tardón el abecerrado tercero. El cuarto se tapó con la cara y también fue noble aunque sin fuerza y defendiéndose. Justito de trapío y noble aunque asimismo blando el quinto que se paró pronto. Y muy noble aunque asimismo blando y pronto agotado el sexto que fue el que tuvo más volumen de los lidiados. Morante de la Puebla (añil y oro): Bajonazo, silencio tras pitos para el toro en su arrastre; casi entera trasera, silencio tras ligera división.  Miguel Abellán (blanco y plata): Pinchazo, estocada trasera atravesada y descabello, oreja de nulo valor; pinchazo, estocada corta caída y tres descabellos, aviso y ovación. Cayetano Rivera Ordóñez (marino y oro): Estocada trasera caída y dos descabellos, aviso, leve petición y palmas con saludos; cinco pinchazos, estocada y descabello, aviso y silencio.

 

 

 

Los grandes artistas del toreo, incluido Morante que es el más grande de todos los habidos hasta ahora, embrujan más cuando les vemos en directo que a través de los vídeos. Embrujo que provoca imágenes irreales que se recuerdan como sueños que únicamente los capaces de sentirlas y luego trasmitirlas por medio de la palabra, emocionan a los que no las vieron en la plaza y estos se las cuentan a los demás tan hiperbólicamente, que van creciendo con el tiempo hasta lo inimaginable. Pero desde que apareció el cine y, sobre todo, el vídeo, suele suceder que lo que tanto entusiasmó en el momento de producirse, decepciona al comprobar que lo que nos pareció arcangélico, no pasa de simplemente bello y, casi siempre, imperfecto cuando no sucio.

 

Digo esto porque me han contado que en el acto de entrega a Morante de un premio que acaban de darle, a quien lo organizó se le ocurrió poner y hasta repetir el vídeo con las imágenes de la corrida en la que el de la Puebla puso boca abajo la Plaza de Las Ventas el año pasado con sus apoteósicas verónicas, y los que estaban en el salón donde tuvo lugar el evento, quedaron desilusionados al comprobar la realidad de lo sucedido. Una pena. Porque si lo que se conmemoró hubiera quedado en palabras, nadie se habría sentido decepcionado ni con la sensación de que el preciado galardón había sido inmerecido.

Esto ha sucedido muchas veces, como cuando  Rafael de Paula actuó por primera vez en Madrid – en la antigua plaza de Vista Alegre – y armó un tremendo alboroto. Cuando posteriormente vimos la cinta que filmó de aquello el inolvidable Pepe Gan, el tinglado se vino abajo. No es extraño, pues, que algunos toreros se nieguen cerrilmente a ser televisados por miedo a que les suceda lo que comentamos. A otros diestros menos artistas pero infinitamente mejores profesionalmente hablado, no les importa que les hagan vídeos sino todo lo contrario porque, lejos de perjudicarles, les benefician. Sin embargo, estos no suelen ser merecedores de los premios más rimbombantes. Mejor para ellos. Pero que siga la bola.

Si me he extendido en estos pormenores ajenos al festejo que ocupa esta crónica es por la poca sustancia que tuvo el para mi último capítulo de la feria burgalesa. Morante, desde luego, no tuvo opción alguna con su pésimo lote. Apuntes con el capote, inconclusos y forzosamente aislados muletazos y enfado de la gente cuando tiró por la calle de en medio con el cuarto toro. Esta vez no habrá discusión entre lo real y lo soñado. Y menos mal que no estuvo la televisión presente…

Miguel Abellán fue el que más luchó en pos de triunfar y el único que lo consiguió por la actitud que mostró y tanto caló en el público. Mejor con el capote que con la muleta y mal con la espada, algunos nos frotamos los ojos viéndole pasear la oreja del segundo y con qué desenfado dio la vuelta al ruedo en el quinto que brindó a sus colegas para agradecerles que le hubieran permitido sustituir a Julio Aparicio.

Cayetano, como casi siempre en esta temporada. Más pendiente de las posturas que de torear en serio. Nadie niega sus maneras de citar, de andar, de ir y venir por la arena como si fuera su mismísimo abuelo. Pero a la hora de torear, continúa enviciado en hacerlo desde Sebastopol. Sobre todo, con el mejor sexto que dejó escapar. Y mira que ayer hasta pareció estar mejor que otras tardes con lo que siguió encandilando a sus todavía  incondicionales seguidores. Pero en el conjunto de su actuación, una más de nones tan solo salvada por su nombre y apellidos.           

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    EL SERRUCHO DE CURRO VÁZQUEZ: Y es que lo que se lidió ayer fue una auténtica corrida de rejones. Esto sí que es afeitado eficaz y no esa mariconada de quitarles el veneno, o el haba, o la lenteja, que de todas las formas se dice, y si no que se lo pregunten a Perera. Pero es que el serrucho de Curro Vázquez lo es también para la fiesta, que queda roma de argumentos y de emociones. Si la corrida encima sale chica e inválida la sensación que uno tiene es que le han estafado y que pese al excelente cordero que allí se come no merece la pena dejarse el contado dinero del que uno dispone en volver a plazas como esta. Morante, además, que era a quien todos íbamos a ver pechó con el peor lote, siempre defendiéndose a tornillazos y tarascadas. Menos mal que anduvo eficaz con los aceros porque si no se lleva una bronca gorda. El tapabocas, que dice Antoñete. Abellán demostró encontrarse con mucha moral tras su paso por Madrid. En su primero tuvo una actitud intachable, siempre dejándole al toro la muleta en la cara y buscándole las vueltas, y con el quinto, que se paró enseguida, se pegó un arrimón deslucido por lo romos de los pitones que tenía delante. Cayetano tuvo un tercero también de vergüenza, que tenía una nobleza franciscana. Al igual que el sexto. Con su primero estuvo cauteloso, toreando por las afueras. Con el último se ciñó algo más y hasta llegó a ligar dos decentes series, una por cada mano, al final de la faena. Definitivamente la plaza de Burgos ha tocado fondo. Claro que si el empresario es quien es…

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