1ª de feria en Mont de Marsan (Francia). Rafaelillo épico y casi lírico

Mont de Marsan. Plaza de PlumaÇon. Viernes 16 de julio de 2010. Primera de feria. Calor sofocante con lleno. Cinco toros de Miura, muy desigualmente presentados con uno inadmisible por pequeño y sin pitones, que hizo de tercero. Primero y cuarto, muy difíciles por cortísimos de viaje. Segundo y quinto manejables aunque poco a poco fueron avisándose. El tercero, inservible por su nula fuerza. Por devolución del muy noble aunque inválido tercero y correr turno, en sexto lugar se lidió un sobrero bien presentado pero inservible por inválido de José Vázquez. Juan José Padilla (rojo y oro): Pinchazo, otro hondo y casi entera baja, silencio tras algunos pitos; estocada desprendida, palmas. Rafaelillo (carmesí y azabache): Pinchazo hondo, otro más, casi entera desprendida perpendicular y descabello, gran ovación; pinchazo hondo y dos descabellos, vuelta clamorosa. Julien Lescarret (negro y oro): Cuatro pinchazos, estocada casi entera atravesada y descabello, aviso y silencio; pinchazo, estocada corta baja y cinco descabellos, silencio. Bien en banderillas José Mora Manzano.

 

Da gusto venir a la Francia taurina desde hace años con más y mejor ambiente que en la mayoría de las plazas de España. La feria de Mont de Marsan que comenzó ayer, es la primera de las importantes que se celebran en el sur oeste galo y a fe que por lo que se refiere a su organización, ha subido una barbaridad desde que el año pasado su gestión municipal cayó en las manos de dos taurinos franceses de tronío, la bellísima rejoneadora María Sara y el gran además de famoso empresario Simón Casas. Esta plaza llamada de PlumaÇon, además, cuenta con dos bandas de música como las que tocan en casi todos los ruedos del Sur Oeste galo y una de ellas, la Orchestre Montois, es una de las mejores del mundo entero y, desde luego, la más distinguida de Francia. Da gusto escucharla porque cada tarde dan un verdadero concierto de pasacalles, valses, pasajes zarzueleros y pasodobles cásicos.

Por lo demás y al contrario de lo que sucede con la mayoría de los públicos taurinos en las plazas españolas, en las francesas la gente acude exclusivamente para ver la corrida sin perder detalle. A veces, también aquí se equivocan, pero se respira al unísono para bien o para mal. La atención que se presta a la lidia es, por ello, modélica, y cuando los toreros vienen a Francia para torear, siempre se asombran del comportamiento del público. Muchos españoles no creerán cuanto digo, pero es la verdad aunque nos duela. Ahora mismo, taurinamente hablando, los franceses nos están dando sopas con honda. 

Y vamos con lo sucedido en la primera corrida de Mont de Marsan, en cuya  plaza se lidió una corrida de Miura que, esta vez como en tantas ocasiones – ya demasiadas – no dio el juego que a todo el mundo le gustaría volver a ver. Un lote muy desigualmente protestado y en su mayoría sin fuerza, hasta el punto de que hubo toros como el tercero, que fue devuelto, y el que se corrió en este mismo lugar tras correrse turno, no se tuvieron en pie incluso antes de ser picados. La gente se enfadó y con toda la razón.

La ganadería de Miura vive de una historia y de una leyenda que ni de lejos se repite y muchos pensamos que sus dueños están abusando de la fama y el prestigio adquirido en la antigüedad pero no por las corridas que desde hace algunos años están echando tanto en plazas de primera – la de Pamplona ha sido un desastre – como en las de segunda como es la de Mont de Marsan.

El festejo de ayer, no obstante lo dicho, se salvó gracias a la gran actuación de Rafaelillo con los dos toros de su lote que, menos mal, fue el más entero y manejable aunque el que mató en quinto lugar desarrolló peligro a medida que avanzaba la faena de muleta.

Rafaelillo, espada ducho en estas batallas, anda ya como pez en el agua en tales tesituras y se ha convertido en el rey de las corridas que llamamos duras. Y como al menos sus dos toros de ayer, sin ser durísimos ni imposibles, se prestaron, Rafaelillo emocionó a los espectadores e incluso los enardeció cuando pudo interpretar el toreo de capa y de muleta con gracia y torería cara. Muchos quedaron sorprendidos con esta nueva faceta del pequeño gigante, porque no todos los toreros de su corte han sido capaces de ser, además de épicos gladiadores, líricos artistas.

Rafaelillo se sintió torero de los pies a la cabeza y en muchos momentos también artista. Naturalmente, fueron celebrados por el público como merecieron. Si a su proverbial habilidad lidiadora, a su acreditado valor y al gran oficio que ha adquirido, añade la sensación de facilidad que ahora mismo despliega cada tarde que actúa, no es de chocar que se esté haciendo el amo en esta especialidad. Más lo será cuando, además, recobre el sitio que tiene perdido con la espada. Ayer pudo cortar tres o cuatro orejas si hubiera matado pronto y bien. Tuvo que contentarse con dar una vuelta al ruedo entre los clamores de la gente que, puestos en pie, se entregaron al murciano con tanta pasión como alegría.

Por lo demás, ni Juan José Padilla ni mucho menos Julien Lescarret tuvieron la más mínima suerte. Padilla al menos pudo lucirse en los dos tercios de banderillas que protagonizó. Pero Lescarret, ni eso. Sus toros, tanto el de Miura como el sobrero de Javier Vázquez, no dieron la más mínima opción al espada francés que acabó desesperándose y fallando garrafalmente con la espada. Y hoy más. Torean juntos Enrique Ponce y El Juli. Les contaremos.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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