2ª de feria en Mont de Marsan (Francia). Grandioso aunque incompleto espectáculo

Mont de Marsan. Plaza de PlumaÇon. Sábado 17 de julio de 2010. Segunda de feria. Tarde calurosa con lleno absoluto. Seis toros de Garcigrande, bien aunque justamente presentados salvo el sexto que apenas tuvo pitones. Por más bonito, destacó el quinto que fue excepcional por su gran e inagotable clase. Por ello fue premiado con la vuelta al ruedo. Muy a menos el primero con dificultades por el pitón izquierdo. Noble aunque sin clase el segundo. Muy encastado y franco el exigente tercero. Manso y muy aquerenciado a la puerta de toriles el más cuajado y encornado cuarto. Y simplemente manejable con problemas de poca entidad el sexto.  Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo saliendo rebotado y caído con un fuerte golpe en el brazo izquierdo, otro pinchazo hondo y cuatro descabellos, aviso y silencio; cuatro pinchazos y cinco descabellos, dos avisos y gran ovación con saludos desde el tercio. El Juli (lirio y oro): Gran estocada, dos orejas; estocada baja que extrajo de inmediato el propio matador y gran estocada, dos orejas. Matías Tejela (grana y oro): Estoconazo trasero algo tendido, oreja y petición de otra; estocada baja de rápidos efectos, oreja. El Juli y Tejela salieron a hombros. Destacaron en palos  Niño de Leganés y Emilio Fernández que saludaron tras parear al segundo toro. 

 

Las pocas corridas completas en las que los tres espadas actuantes tienen oportunidad de triunfar por todo lo alto solo nos son dadas de presenciar en Francia. La de ayer en Mont de Marsan fue una de ellas y a fe que la gente salió de la plaza plenamente satisfecha y hasta toreando por las calles. No es un tópico afirmar esto, es la más grata realidad tan pocas veces dada por no decir ninguna en ferias tan importantes como la de San Isidro de Madrid o en la más reciente de San Fermín en Pamplona. Me ratifico, pues, en lo que dije ayer comparando el estado de la Fiesta española y el de la francesa.

Claro que, en el cartel, alternaban nada menos que Enrique Ponce y El Juli acompañados por Matías Tejela, sin duda a sabiendas de que torear junto a las dos máximas figuras de los últimos 25 años, tendría que apretarse los machos so pena de salir escaldado. No fue así. Tejela dio ayer una seria prueba de que si saliera tan a tope todas las tardes, otro gallo le cantaría y hasta podría figurar en un lugar más cimero y no en la segunda fila del pelotón. Por lo pronto cortó una oreja de cada uno de sus dos toros por dos faenas que inició bien, las medió regular y las terminó remontándolas con la entrega necesaria para emocionar al respetable. Tal y como sucedió sobre todo en la del encastadísimo tercer toro que le cogió de muy mala manera aunque por suerte sin más consecuencias que el palizón. Repuesto y sin dudar, volvió a la cara del toro para terminar matando como un jabato. Yo le hubiera dado la segunda oreja que pidió el público. Pero no la que le regalaron tras matar de estocada muy baja aunque con la muleta anduvo tan entusiasta como en su faena anterior.

Dejo a propósito para finalizar esta crónica el enorme sabor de boca que nos dejaron Enrique Ponce y El Juli. Este último gran triunfador de la jornada al cortar cuatro orejas. Pero con ser importante tal cosecha de trofeos, más lo fueron las completísimas labores que llevó a cabo el joven maestro madrileño. Muy en la línea y el tono de la aplastante temporada que lleva más que mediada como la mejor de su vida, ayer redondeó con capote y muleta la quizá más arrebatadora actuación de cuantas le llevamos vistas en este año de su  dichosa madurez. Y si bueno fue lo del segundo toro, inconmensurable lo del quinto, un toro de vacas que propició su variadísima demostración con el capote y una faena pluscuamperfecta en la que mostró toda su tauromaquia a un nivel propio de elegido de los dioses.

Pero ya que hablamos de elegidos, también hemos de hacerlo sobre Enrique Ponce que ayer se fue muy disgustado por no haber cortado las tres orejas que perdió, como tantas veces, por culpa de su maldita espada tras dos faenas marca de la casa, sobremanera la del más cuajado y agresivo de pitones cuarto toro. Un animal que desde que salió puso a prueba a cuantos se le acercaron. Difícil de banderillear y más de torearlo ligando los pases porque de cada uno quiso huir hacia chiqueros, cosa que primero evitó Ponce a base de llevarlo siempre tapado y templadísimo, y luego yéndose a donde el manso quiso, para allí consumar el portento de meterlo completamente en su asombrosa muleta que, además, manejó con la relajada plasticidad que nuca le falta, ni siquiera con toros complicados como este de ayer, aunque quepa aducir en la parte negativa del soberano trasteo que lo alargó demasiado con suele Ponce tantas veces. Dificilísimo por no decir imposible de entrarlo a matar por gazapón y distraidísimo – nunca se fijó en la muleta -, Ponce pasó otro calvario como los de Valencia con el toro Osiris y Sevilla con el sobrero de Trapote. Pero fue tanta su maestría, que después de arrastrado el animal, la plaza entera puesta en pie le ovacionó como si acabara de pasear dos orejas.         

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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