5ª de Santiago en Santander. La maestría de El Juli y una buena faena de Castella

Santander. Plaza de Cuatro Caminos. Martes 27 de julio de 2010. Quinta de feria. Tarde calurosa con lleno total. Seis toros de El Pilar, presentados en el altones y agalgados los tres primeros y más bonitos y mejor hechos los de la segunda mitad con desiguales cabezas y vario pelaje. También dieron juego desigual con el predominio de los deslucidos. Manejable aunque tardeando y sin humillar ni romper nunca el primero. De rara salida aunque finalmente muy noble el segundo. Noble por el lado derecho y muy exigente por el izquierdo el tercero. Tardíamente manejable sin ninguna clase el cuarto. De bueno a muy molesto el quinto. El Juli (tabaco y oro): Pinchazo, otro hondo tendido y descabello, silencio; estoconazo trasero y descabello, oreja. Sebastián Castella (fresa y oro): Estocada corta desprendida y descabello, aviso y gran ovación; estocada trasera, palmas. Leandro Marcos (malva y oro): Estocada delantera caída, oreja tras petición insuficiente; estocada delantera, vuelta al ruedo. En banderillas destacó sobremanera Javier Ambel.

 

Muy mala suerte ha tenido El Juli en esta feria a la que llegó como campeón indiscutible de la presente temporada. Cómo serían los toros que tuvo que encarar anteayer para que él no pudiera darles un solo muletazo. Por eso salió a por todas en su segunda comparecencia en la que, de no haber sido porque el cuarto de El Pilar medio se dejó, por poco se va de Santander de vació.  

Este breve paréntesis a palo seco, lo arregló ayer con una actuación muy de las suyas en las que superó lo que para la mayoría del escalafón hubiera sido insuperable. Y además con sus dos toros. Porque al que abrió plaza, feo donde lo haya por altísimo, agirafado, ensillado, cabezón y montadísimo, le sacó más pases de los que tuvo y además a cuenta gotas porque el bicharraco no quiso fiesta por ninguna parte y El Juli se la impuso sin una sola concesión a la galería y exclusivamente dedicado a que el torazo le pasara por los dos pitones. Cosa que logró sin que la parroquia llegara a entender que el toreo no solo es hacer cosas bellas, sino que debe acontecer primeramente efectivo para dominar a la fiera, que eso y no otra cosa fue lo que hizo Julián. Entró mal a matar y pinchó, única cosa que desmereció de su admirable labor.

Pero con el cuarto, que no fue nada fácil ni proclive al lucimiento aunque aparentemente mejor de lo que fue, sí consiguió que el público atendiera a cuanto llevó a cabo con la muleta porque primero le enseñó los mejores caminos para que embistiera más a gusto y luego se complació en hacer lo redondo redondísimo. Importante faena que fue premiada con la oreja más valiosa de la tarde pese al descabello que necesitó Julián tras enterrar un estocadón en todo lo alto aunque algo trasero.

La otra buena faena de este festejo corrió a cargo de Sebastián Castella con el segundo toro que fue uno de los tres más aprovechables y éste agradecido a lo bien que le toreó el francés, tanto con el capote como con la muleta en la para mí su mejor faena de las que el he visto esta temporada. Muy centrado y templadísimo anduvo Sebastián que, con este toro, no oso hacer ninguna de las suyas – solo al iniciar el trasteo pegó un inconveniente por violento trincherazo que echó al toro a la arena – sino torear como Dios manda en varias rondas de exquisita naturalidad, sedosa ligazón y limpio trazo. Tan solo al final se permitió su inevitable parón ojedista que el toro no admitió con tanta dulzura como lo había hecho por redondos, naturales y cambiados de pecho en los remates. Una pena que Castella pinchara a la hora de matar porque si llega a hacerlo bien y pronto, lo mismo corta un par de orejas.

Luego no fue lo mismo con un quinto que empezó obedeciendo a los toques del matador y tras los tres pases cambiados sin moverse que ligó a sendos de pecho, el animal fue progresivamente empeorando y poniendo muy difícil ser templado por lo corto que se quedó en cada pase y lo mucho que se defendió.

Respecto a Leandro Marcos, esperado aquí con veneración por el recuerdo que dejó en su gran tarde con dos extraordinarios toros de Puerto de San Lorenzo, creo que se precipitó en vestirse de luces después de haber sido gravemente corneado hace pocos días. Hasta le supuraron las frescas heridas y fue más que evidente que todavía no estaba recuperado totalmente. Una lástima porque ayer se llevó el mejor lote con mucho, sobre todo el estupendo toro que cerró la tarde y dejó escapar a los dos. Principalmente al último. Y ello pese a la oreja que le regalaron del tercero con el que no terminó de acoplarse aunque pegó algunos buenos derechazos, siempre más pendiente de ponerse bonito que de llevar al toro toreado. La desigualdad del trasteo – anduvo fatal con la izquierda – y lo defectuosa de la estocada con que mató, no importó a los que pidieron la oreja ni al presidente para que se la dieran un tanto gratuitamente.          

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

1 Resultado

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    LEANDRO, CORAZÓN TORERO: Apenas diez días después de la basta cornada sufrida, Leandro Marcos hizo el paseíllo en Santander con las heridas aun abiertas. La corrida salió muy deslucida en los cuatro primeros toros y el vallisoletano pasó las de Caín con el tercero, que le desbordó por su falta de facultades hasta hacer que se le abrieran los puntos y rompiera a sangrar ostensiblemente. El toro no era ningún barrabás, simplemente se quedaba algo corto y pagó también las desconfianzas lógicas del torero. Pero con el excelente sexto, quizás hasta ahora el toro de la feria, sólo cometió un error. Asustarse al ver su volumen (pesaba más de 580 kilos) y pegarle un puyazo escandalosamente fuerte y largo, pudiendo haber dosificado el castigo en varias entradas al caballo. Pero luego, con el toro templado y humillando con una clase excepcional, nos brindó quince o veinte muletazos de oro. Toreo del caro, jugando la cintura, las muñecas, sueltos los brazos, hundido el mentón, entregado todo el cuerpo a la faena con más duende de todo el serial. Lástima que no pudiera cortarle la oreja por fallar a espadas, que esta sí que se la merecía, y no la surrealista que le dieron del tercero. Bravo por este hombre que vino ayer herido, al que no le tocaron una palma tras el paseíllo y que hizo el toreo más hermoso. El otro toro bueno del encierro de Moisés Fraile fue un quinto venido arriba en banderillas y que llegó a la muleta humillando y con recorrido y nobleza. Castella fue justo la otra cara de la moneda de Leandro. Una faena mecánica, de cintura y muñecas rígidas, monótona, larga, insufrible. Sólo destacó el inicio con dos pases cambiados por la espalda escalofriantes, sobre todo el segundo. Ya con el blando y soso segundo había ido de más a menos en una faena del menú del día del diestro galo: Cuatro o cinco series sin decir nada y arrimón ojedista para acabar (poco lucido, por cierto). Castella está empezando a resultar desesperantemente aburrido. O tira de exibiciones de valor o mal futuro le auguro. El Juli se encontró con dos mulos, al igual que el día anterior. Con el primero el lucimiento fue imposible, pero con el segundo, que pegó una cornada al niño de Leganés, lo atacó por todos lados hasta arrancarle una meritoria oreja. La raza de las figuras.

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