7ª de Santiago en Santander. Recursos y alegrías de El Fandi

Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 29 de julio de 2010. Séptima de feria. Tarde progresivamente nublada con lleno. Siete  toros de Torrealta incluido el sobrero que reemplazó al cuarto, devuelto por su manifiesta invalidez.  Bien aunque desigualmente presentados en variedad de  hechuras, pelos y cornamentas. De  comportamiento en distintos grados de manejabilidad o dificultad que de todo hubo sin ninguno realmente bueno. Pronto rajado aunque manejable y demasiado tardo el primero. Con progresivo genio y peligro en segundo. Muy soso y remiso el simplemente dócil tercero que arrolló al matador nada más salir al ruedo. Manejable y duradero pese a justa fuerza el cuarto. Tampoco le sobró fuerza al quinto que también se dejó sin más dificultades que defenderse por su debilidad. Y manejable sin clase el sexto. El Fandi (pistacho y oro): Estocada atravesada que hizo guardia y otra muy efectiva, silencio; más de media rendida, oreja y petición de otra. Sebastián Castella (tabaco y oro): Pinchazo y estocada desprendida, silencio;  pinchazo y estocada baja trasera, dos avisos y palmas. Miguel Ángel Perera (añil y oro): Pinchazo y estocada desprendida, palmas; estocada baja trasera y descabello, palmas. En la brega y en palos destacó Javier Ambel.

 

Mucho se esperaba también de esta corrida, pero entre que el ganado de Torrealta no se prestó como hubiéramos querido y que Castella y Perera no anduvieron a la altura de su fama, solamente El Fandi consiguió resolver la papeleta y entretener al personal, tanto con el toro que abrió plaza del que no cortó una oreja por el fatal espadazo atravesado con que lo mató, como con el sobrero que hizo de cuarto frente al que desplegó toda su tauromaquia, en la que por supuesto no faltó su poderoso y espectacular tercio de banderillas, ni una faena de las que últimamente prodiga con la habilidad y el temple que le caracterizan y le acreditan como una de las figuras más seguras y regulares en el éxito de todo el escalafón.

En la primera parte del festejo, si no hubiera sido por El Fandi habría sido un muermo a cargo de un torpísimo Castella que no supo qué hacer con el segundo toro por su endemoniado genio al que intentó algo imposible, torearlo como si fuera bueno. Baldío propósito que le llevó a una deriva francamente descorazonadora e impropia de la categoría del matador francés. Luego, aunque más lucido y jaleado con el mejor quinto, Castella se eternizó en un desigual trasteo en el que no faltaron los tropiezos, una cogida por su culpa, enganchones varios y un final de barato tremendismo. De todas formas, si llega a matar a la primera aunque hubiera sido con un espadazo defectuoso, le habrían regalado un apéndice.

Perera, sin llegar al declive del francés, tampoco anduvo como en sus mejores tardes pese a la firmeza y al temple con que toreó a sus dos toros con los que no llegó a estar a gusto nunca sino machacón y monocorde, fallando además a la hora de matar por lo que se fue de vacío como su colega francés, mientras El Fandi lo hizo con las alegres y agradecidas palmas del público cada vez más encantado con las brillantes actuaciones del que, por algo será, cada año que pasa está mejor. Que dure, maestro.  

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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