4ª de San Antolín en Palencia. Artistas a la baja

Palencia. Plaza de los Campos Góticos. Miércoles 1 de septiembre de 2010. Cuarta de feria. Tarde soleada y agradable tras mañana lluviosa con un tercio de entrada. Seis toros de El Vellosino, de preciosas aunque ínfimas hechuras los primeros, más serios los de la segunda mitad y los seis dudosos de pitones. Todos muy nobles aunque justísimos de fuerza. El impresentable por abecerrado primero, monjil y escasísimo de energía aunque duró mucho. El más cuajadito segundo, asimismo dulcísimo y sin apenas fuerza. Noble sin raza el tercero. Con más cara aunque también terciado el cuarto que empezó noble y medió rajándose. El más serio quinto, blandísimo de manos, se defendió por arriba en los embroques aunque tomó los engaños con franquía rajándose muy pronto en la faena de muleta. Y altón, basto y distraído en manso el sexto que fue el peor de la corrida por sus cortos viajes y lo mucho que se defendió por arriba en los embroques. Morante de la Puebla (negro y oro): tres pinchazos formales, dos hondos a paso de banderillas y descabello, aviso y silencio tras leve división. Media trasera tendida, silencio tras palmas y pitos. Leandro (lila y oro): Estocada corta desprendida y tres descabellos, aviso y ovación.  Pinchazo e infamante metisaca, silencio. Carlos Doyagüe (negro y oro): Pinchazo y estocada caída, ovación. Estocada atravesada que hizo guardia y tres descabellos, silencio.

 

Más de media hora se retrasó el comienzo de la corrida de ayer en Palencia porque, antes de que se hiciera el paseíllo, varios empleados de la plaza tuvieron que arreglar el ruedo, en parte encharcado aunque en su mayoría seco, como consecuencia de lo mucho que llovió por la mañana. Tanto tardaron en tapar los sitios húmedos mientras varios subalternos miraban y remiraban el arreglo, que pareció iban a forzar la suspensión del festejo. A más de uno se le debió pasar por la cabeza, pero a la postre, empezó la cuarta corrida de los Antolines con poco público sin que faltaran los eternos adoradores de los artistas que ayer fueron el de La Puebla del Río y el más joven vallisoletano de Tudela de Duero que vino para sustituir al todavía convaleciente Cayetano, acompañados por el diestro local, Carlos Doyagüe, al que el arte no le sobra que digamos aunque fuera notoria su buena voluntad.

Salvando las distancias entre los dos artistas, Morante se dedicó a fabricar pinturas y Leandro a repetir posturas esculturales. Pocos lances e infinidad de muletazos que ambos recetaron entre la complacencia de sus adoradores pero no de la mayoría de los asistentes que esperaban más. Porque, otra vez tengo que repetir que no todo es el arte en el toreo.  

Y, ¿qué querían los que pagaron para verles? Que  resolvieran sus respectivas papeletas. Es decir, que, además de ponerse bonitos y de buscar mirarse a sus espejos, triunfasen como señal inequívoca de su capacidad. Pero ninguno de los dos lo consiguió por no saber estructurar sus faenas, mal planteadas, apenas mediadas y fatalmente terminadas porque, además, pincharon a la hora de matar después de hartarse de pegar pases y más pases hasta el punto de que la gente terminó hastiada de tanta pretendida miel sin ninguna emoción, no solo por lo poquísimo que trasmitieron sus respectivos oponentes, sino tampoco ellos, ayer más fabricantes que inspirados.

Me da muy mala espina que Morante lleve mediada su temporada sin acercase a lo que fue en el primer tramo de su campaña y siento decirlo. Y es que no sé si es que anda desilusionado, deprimido o qué, pero este Morante no es ni por el forro el torero que siente en lo más hondo de su alma lo que hace cuando está en vena y por eso le llega tanto a la gente.  Ayer solo nos llegó su aparente empeño, pero nunca su sentimiento porque él no se sintió nunca.

Ahora volverán los morantistas irredentos a decir que somos injustos con él y de eso nada. Ya nos gustaría escribir sobre Morante todos los entusiasmados elogios que nunca escatimamos cuando lo mereció. Son precisamente cuantos siempre le ven genial los que le han llevado a una autocomplacencia nefasta, a creerse siempre por encima de todo, a pensar que todo le es debido… Y no es eso, no es eso…

Y de Leandro, qué decir si todavía no es más que un aspirante a ser alguien entre los artistas más distinguidos y todavía está viviendo de sus grandes faenas del año pasado en Santander.  Si continúa figurando en algunos carteles de fuste, es por lo muy protegido que está por ciertas esferas de la prensa más influyente. Pero no porque se le vea avanzar ni progresar, ello sin contar su casi siempre fatal espada que es lo que más le trae por la calle de la amargura. Ayer, sin ir más lejos, pudo cortar la oreja del segundo toro si lo hubiera matado pronto y bien tras una larga faena que prolongó en exceso precisamente por notar que su buscada belleza no estaba logrando el eco debido. Y así va Leandro, perdiendo una oportunidad tras otra sin triunfar y hartando a los que le ponen obedientes a las recomendaciones que tienen más ganas y determinación que el interesado y así no vamos a llegar a ninguna parte.   

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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