4ª de feria en Valladolid. Al menos se salvó El Cid

Valladolid. Plaza del Paseo Zorrilla. Jueves 9 de septiembre de 2010. Cuarta de feria. Tarde soleada y agradable con dos tercios de entrada. Cinco toros de El Ventorrillo, muy desigualmente presentados entre los muy terciados y los más cuajados. Dieron similar juego aunque en distintos grados de su común mansedumbre y manejabilidad. El ínfimo primero, muy tardo y distraído, apretó mucho para dentro y pareció manejable siendo incierto. El segundo salió huidizo, distraído y sin fijeza, pero cambió a bueno en la muleta para terminar como salió. De bravucón a progresivamente molesto el tercero. Noble embistiendo con la cara a media altura el quinto. Y mular el sexto tras arrear de manso en los primeros tercios. Por devolución del imponente cuarto por lastimarse tras chocar violentamente en un burladero, se corrió un sobrero de Parladé, terciado e inservible por su falta total de casta. Noble aunque embistiendo a media altura el quinto. Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo, otro hondo en buen sitio y descabello, aviso y palmas con saludos; pinchazo y estocada trasera, ovación muy cariñosa. El Cid (rosa y oro): Más de media trasera desprendida y descabello, gran ovación; Estocada ligeramente ladeada, oreja. El Fandi (pistacho y oro): Dos pinchazos, estocada y descabello, palmas. Estocada defectuosa y dos descabellos, palmas. Bien en pares sueltos José María Tejero y El Boni.

 

Con lo bien que iba la feria, tuvieron que fallar estrepitosamente los toros de El Ventorrillo y frustrar gran parte de la ilusiones que el público había puesto en la cuarta corrida de esta feria, en la que participaron tres toreros de cortes muy distintos pero, a la vez, sumamente atractivos. El maestro de maestros Enrique Ponce, queridísimo y admiradísimo en Valladolid, en cuya plaza escribió incontables páginas gloriosas; El Cid que anda francamente recuperado y cosechando éxitos desde mediada la campaña; y El Fandi, popular donde los haya e infalible en ofrecer un espectáculo vibrante allá donde acude. Pero como dice el refrán, el hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone.

Empezó la función con un torillo birrioso y muy deslucido que, además, tuvo peligro sordo, tan solo palpablemente demostrado cuando se le coló a Ponce en plena y prolija faena de muleta que, hasta ese instante, iba trascurriendo como tantas de este torero capaz de tapar los defectos de los toros, al punto de que en sus manos, estos desparecen como por encanto. Lo muy tardo del toro y su incierto embestir, no dieron para más y como Ponce pinchó dos veces antes de descabellar, la cosa quedó a la espera del cuarto.

Fue un toro descomunal que salió muy violento hasta estrellarse fuertemente contra un burladero, golpe que le afectó mucho y tuvo que ser devuelto a los corrales para salir un terciado y anovillado toro de Parladé en el que solo tuvo fe Ponce que lo brindó. Craso error del valenciano porque, nada más iniciar su faena con muletazos por bajo, el bicho empezó a escarbar y a husmear en la arena sin que se le ocurriera embestir ni una sola vez, parado como quedó. Muerto el toro, el público ovacionó fuertemente a Ponce no por lo hecho, que no fue nada, sino para compensarle del esfuerzo y del mal trago.

Pero al menos para El Cid salieron los dos únicos toros potables del envío aunque ninguno para tirar cohetes. Muy manso en los primeros tercios el segundo aunque luego, gracias a que El Cid supo pisarle los terrenos, ganarle la acción y templarle debidamente, el animal rompió a embestir con transmisión y humillando por los dos pitones, cambio que propició una faena sobre ambas manos en la que, sobre todo, los naturales tuvieron usía. Pero el toro volvió a cambiar a como estaba antes y el gran trasteo se difuminó. No obstante, si El Cid hubiera matado bien, seguro que habría cortado una oreja.

De ahí que gran parte del público le pidiera la segunda tras matar al quinto que fue otro de los menos malos al embestir siempre a media altura. Aunque no todos los muletazos que pegó El Cid fueron limpios, la mayoría si lo fueron y como, además, había cuajado un gran ramillete por verónicas en el recibo de capa, el público quiso premiarle como, sin duda, mereció.

A El Fandi también le cayó la china con su lote y aunque volvió a demostrar que con el capote es uno de los mejores actualmente y con las banderillas el más espectacular, capaz y poderoso de la historia. Pero esta vez con la muleta no hubo nada que rascar y, para colmo, el granadino falló con su casi siempre certera espada.

Ojalá que mañana salgan más toros como los de las dos corridas anteriores y la feria vuelva a recobrar el brillo con que empezó. Así sea. 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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