2ª de feria en Guadalajara. ?Andanubes? y Enrique Ponce

Plaza de toros de Guadalajara. Domingo 19 de septiembre de 2010. Segunda de feria. Tarde veraniega con casi lleno. Cuatro toros de Salvador Domecq, bien presentados, con cara, nobles, muy blandos y sin raza alguna salvo el sexto que fue muy bueno. El segundo, con brío inicial pero venido completamente a menos tras el segundo tercio. El tercero, más fuerte que sus hermanos y franco por el lado derecho. El quinto, en principio débil, se fue muy arriba en palos y desarrolló peligro en la faena tras pegarse una voltereta. Y el sexto, el más aprovechable de la ganadería titular. Por devolución del inválido primer toro, se corrió un sobrero de Santiago Domecq, bien presentado, noble y muy tardo aunque sin fuerza hasta morir apuntillado por doblar totalmente al final de la faena. Y por devolución del asimismo inválido cuarto, otro sobrero también de Santiago Domecq de gran presencia y muy buen juego. Enrique Ponce (turquesa y oro): No pudo matarlo por morir el toro al final de la faena, silencio tras gran ovación; pinchazo, más de media y descabello, oreja y petición de otra. El Fandi (marino y azabache): Pinchazo, estocada caída trasera y descabello, palmas; estocada trasera caída y descabello, silencio. Iván Fandiño (perla y oro): Pinchazo resultando revolcado violentamente, estocada asimismo de entrega sin vaciar y al borde se ser nuevamente revolcado y siete descabellos, aviso y palmas con saludos; estocada muy trasera y descabello, oreja e injustificable petición de otra. Un gran par de banderilla de José Muñoz.

No hace muchos días, alguien muy cercano a Ponce le preguntó que por qué seguía toreando después de tantos años seguidos con todo hecho en el toreo, y el valenciano le contestó de inmediato: porque me divierte. Extrañado y al tiempo admirado, el interlocutor insistió y siguió preguntando: pero, ¿no tienes bastante diversión con tus otras grandes aficiones, la caza, el golf, el futbol…?. Sí, pero esas otras cosas solo me entretienen…

Este intercambio de palabras entre el gran e inagotable torero y quien le inquiría sobre su inmediato futuro, explican perfectamente por qué continúa Ponce con tanta o más ilusión torera que cuando empezó a torear siendo un pequeño infante. Toda una vida dándose por entero al toreo y dándolo todo a la afición que, este año, en no pocos sitios le ha recibido con muy fría cuando no con agresiva circunspección debido a la feroz campaña en su contra que varios medios importantes le han tirado a la cara liderados por el diario “El Mundo”, desde cuyas páginas le dijeron más de una vez que debía retirarse y hasta que estaba ido por coherencia y dignidad dadas las inalcanzables cotas que ya había conseguido y lo acabado que estaba. Y todo porque Ponce las pasó moradas al entrar a matar a dos marrajos imposibles en Las Fallas y en Sevilla, fatales ocasiones torvamente aprovechadas para desacreditar a quien lo que merece y merecerá es el más absoluto de los respetos.

Es cierto que, en lo que va de temporada, ya a punto de cerrarse, a Ponce le han correspondido en casi todas las plazas de primera y en bastantes de segunda, los peores toros de cada corrida y que con la espada ha padecido el bache más largo de su vida. Pero también lo es que las pocas veces que cayeron en sus manos reses medio potables, armó la mundial, y que con las pocas buenas como, sin ir más lejos, el segundo sobrero que lidió ayer de Salvador Domecq – un animal más que serio, por cierto – marcó la enorme diferencia que le distingue de todos los toreros que le han presentado batalla.

Si en la feria de Bilbao todo esto quedó más claro por ser televisadas sus dos corridas, cómo últimamente la suerte parece que le ha vuelto a dar la cara, tenemos la dicha de seguir gozando con quien hasta el momento presente ha toreado con más natural facilidad y elegancia que nadie en toda la historia del toreo.

Desde la inalcanzable simbiosis de valor y el esfuerzo inapreciables por el común de los mortales, desde su clarividente inteligencia, exquisito gusto, absoluta precisión técnica y un arte que por tan frecuente no se le da la importancia que tendría si solo lo mostrara a cuenta gotas, Enrique bordó ayer dos sublimes faenas. La primera, ante un toro prácticamente muerto en vida por su nula fuerza que terminó perdiéndola del todo no se sabe si de infarto o de gusto por cómo lo toreó el valenciano y al que no pudo matar. Y la segunda ante un torazo con toda la barba, bravo y noble, con el que pudo explayarse al completo en otra faena de las que nadie de los que la vieron podrá olvidarse nunca. Brindada a su suegro Victoriano Valencia, llegado desde la cama por el agravamiento de su enfermeded, para ver como el llamado “Andanubes” quedó inmortalizado por obra y gracia de la inigualable maestría del valenciano  en un derroche de toreo en redondo y al natural más natural que se pueda contemplar en cualquier plaza de toros.

Por muy mala suerte con su lote, el siempre triunfante Fandi solo pudo brillar con las banderillas de su especialidad. Y el sustituto de Cayetano, Iván Fandiño, tuvo ocasión de mostrar el enorme valor que tiene, sobre todo al entrar a matar como un kamikace al tercer toro a poco de llevarle otra vez a la enfermería; y también de torear con el capote a la verónica y muy despacio con excelentes maneras en su más que estimable faena al mejor sexto de su lote.      

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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