3ª de San Mateo en Logroño. La sabiduría de El Juli y la dignidad de El Tato

Logroño. Plaza de La Ribera. Martes 21 de septiembre de 2010. Tercera de feria. Tarde nublada en plaza semi cubierta con algo más de media entrada.  Siete toros de Núñez del Cuvillo incluido el sobrero que reemplazó al jabonero tercero, devuelto por derrengado. Salvo el muy basto sobrero, bien aunque desigualmente presentados, muy armados y de vario juego. El veleto primero – una guadaña su pitón derecho – manseó en los primeros tercios y, aunque blandeó, fue noble, sobre todo por el  pitón derecho. Como también el segundo, algo a menos por muy sometido. El muy feo tercero, sobrero, resultó manso, blando, renqueante y solo manejable por el lado izquierdo. Manso pero noble aunque sin clase el más voluminoso cuarto. Desagradable aunque en la muleta agradecido el jabonero quinto, gracias a la sabiduría de quien lo lidió. Y muy dócil para la muleta aunque progresivamente tardo el sexto. El Tato (habano y oro): Media estocada trasera que se hunde y cuatro descabellos, silencio tras algunos pitos; estocada corta arriba, petición insuficiente y fuerte ovación con saludos. El Juli (tabaco y oro): Estocada corta y tres descabellos, gran ovación; estocada caída, aviso y oreja injustamente protestad tras el lento y bello doblar del toro que recibió una inmerecida ovación en su arrastre. Alejandro Talavante (rosa y oro): Estocada baja trasera, silencio. Pinchazo hondo bajo muy trasero y once descabellos, aviso y silencio.

 

 Aunque hubo menos gente que en la tarde anterior – inexplicable fenómeno que se repite pese a la presencia del torero que está protagonizando la temporada más importante de su vida – El Juli volvió a su sensacional ser y estar. La lidia del noble aunque débil segundo toro, fue modélica por cómo lo cuidó en varas y cómo lo toreó después con la muleta más sabiamente  profunda del momento. Claro que, antes de meterse en honduras, Julián tuvo que hacer al toro llevándole por alto con esos muletazos que le son propios, para luego explayarse de menor a mayor intensidad, sobremanera por redondos que calentaron mucho al público, deseoso de verle en toda su dimensión. Aunque el animal se retuvo por el lado izquierdo y por eso no abundaron los naturales, hubo dos tantas combinando ambas suertes con cambios de mano de mano, chicotazos y de pecho sin solución de continuidad ni mover los pies que supieron a gloria a los aficionados pero no tanto al toro que tuvo que encajarlas cuando apenas le quedaba un resuello, para finalizar otra vez por señeros redondos antes de fallar con la espada porque lo corto del espadazo le obligó a descabellar tres veces, perdiendo la valiosa oreja que se había ganado. Pero las palmas echaron humo. No tanto humo echaron luego porque hubo quien protestó injustamente cuando paseó el único trofeo de la tarde que cortó del quinto. Un toro muy arisco de salida que El Juli convirtió en tan agradecido que gran parte del público creyó estar ante un astado muy bravo y bastante mejor de lo que fue. El milagro terminó con estoconazo caído y, como el toro se resistió a doblar por completo tras varias genuflexiones y levantamientos, no pocos lo tomaron como síntoma de casta excepcional cuando quien  anduvo encastadísimo fue el gran torero madrileño.

El Tato abrió la tarde y la medió con notable dignidad, sobre todo en su maciza faena al cuarto toro – en el primero anduvo más prudente – en correspondencia a la que le sobra a chorros como persona. Poco faltó para que triunfara con éste su segundo oponente y debieron darle la oreja porque la estocada corta en lo alto con que lo mató fue suficiente. Le habría venido de perlas cortar al menos una en esta no sé si cuarta, quinta o pocas más comparecencias en los ruedos de su forzosa reaparición. Un regreso que merece todos los respetos porque volver a vestirse de luces después de todas las grandes desgracias consecutivas que ha tenido que superar, tanto de orden personal como profesionales en el campo del apoderamiento, el solo hecho de sobreponerse,  prepararse físicamente y salir a dar la cara para poder andar ante la cara del toro sin atosigamientos, es como para quitarse el sombrero. El que yo me quito ante una de las grandes personas que he tenido la suerte de conocer en este mundo.

Alejando Talavante no anduvo ayer como esperábamos a sabiendas de que, salvo con la espada, atraviesa un buen momento. Pero ayer, sin que podamos decir que el torero “Guadiana”  volviera a esconderse bajo la tierra, tampoco decir que anduvo a la altura de los toros que le cupieron en suerte – el sexto más que el primero aunque ambos fueron nobles – en dos faenas sin plan ni concierto. A punto anduvo varias veces de ser el gran Talavante con el último de la tarde, pero a la faena le faltó estructura y le sobraron paseos ensimismado porque, aunque quiso ser fiel a su estoica y desde luego atrayente personalidad, tan pronto consiguió cosas buenas como varias malas francamente deslavazadas. Y, además, fatal con la espada porque, si al sexto lo hubiera matado por lo menos pronto, le habrían pedido y quizá concedido una oreja.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

También puede interesarte: