4ª de El Pilar en Zaragoza . El Cid despide su campaña a hombros

Zaragoza. Plaza de La Misericordia. 10 de octubre de 2010. Cuarta de feria. Tarde nublada en plaza cubierta con tres cuartos de entrada. Siete toros de Salvador Domecq incluido el sobrero que reemplazó al segundo, devuelto por flojo. De bonita lámina y desigual trapío juego. El primero, noble y encastado aunque se defendió por no sobrado de fuerza. El sobrero que hizo de segundo se prestó más en el tercio de banderillas que en la muleta por quedarse corto y echar la cara arriba al final de sus viajes. El burraquito tercero, también noble pero sin fuerza alguna. Más cuajado y armado el cuarto, peleó con bravura en el caballo y embistió con nobleza aunque sin clase y de más a menos brío. También lucido, aunque desigual en su embestir, el bien hecho quinto. Y encastado aunque revoltoso y con viajes cortos el sexto. El Cid (rosa y oro): Estocada corta y descabello, aviso, petición desatendida y gran ovación seguida de protestas al palco por no conceder el trofeo; estoconazo trasero de rápidos efectos, dos orejas. Salió a hombros. El Fandi (berenjena y oro): Pinchazo y estocada, silencio y pitos al toro; pinchazo, otro hondo y cuatro descabellos, aviso y vuelta al ruedo. Alejandro Talavante (pistacho y oro): Estocada muy atravesada y descabello, silencio tras leves pitos para ambos contendientes; estocada entera, palmas. Un gran par de El Alcalareño y otro bueno de El Boni que también bregó con eficacia.

 

No pudo terminar mejor la temporada de El Cid con dos orejas en el esportón y una merecida salida a hombros en medio del entusiasmo de los espectadores que, por fin, salieron satisfechos de la plaza tras los catastróficos resultados de las dos corridas anteriores. Y es que, aparte el indudable empeño tanto de El Cid como de El Fandi pusieron para que el festejo resultara lo mejor posible, hubo material con suficiente fuerza, casta y bravura para que ambos lograran emocionar a la gente que gozó mucho mientras duraron sus respectivas labores.

De muy especial por íntimamente satisfecha podemos calificar la actuación de El Cid quien, con muy bien ganada suerte, pudo rematar por todo lo alto una temporada que se le puso muy cuesta arriba en su primera parte, hasta el punto de provocar no pocas suspicacias de cara a su inmediato futuro profesional y dio lugar a que parte de la crítica aprovechara su bache para cantar precipitadamente una decadencia según algunos tan inapelable como definitiva. Craso error que cometieron no sé si por pura maldad, por intereses de terceros a  los que obedecían para desequilibrar al torero más de lo que estuvo, o por inexperiencia y desconocimiento del toreo en su más intima entraña. A tanto se atrevieron en su precipitado e injusto canto fúnebre, que hasta dio vergüenza leerlos. Pero como casi siempre les ocurre a los ignorantes atrevidos, cuanto intentaron destrozar han tenido que tragárselo y quedar como cocheros.

Yendo al meollo más hondo de lo que ayer pasó – una faena más emocionante que perfecta por la picantosa casta que tuvo el primer toro y otra fenomenal con el buen cuarto – lo que más me hizo temblar fue el brindis que El Cid hizo a su cuadrilla y a toda su gente de su gran faena al cuarto de la tarde. Al fin y al cabo, su familia más fiel y más cercana, los que más han sufrido junto al torero en sus momentos más tristes y los que más han gozado con las muchas tardes del regreso a su mejor ser. Una lucha interior digna de admirar en medio del fragor de la batalla que cada cual ha de librar cada año en el toreo y, en el caso que nos ocupa, con tantos inconvenientes y desgracias superados que no me choca que viéramos a todos como se les soltaron las lágrimas cuando el matador abrazó y besó a cada uno con tanto o más cariño y agradecimiento que a sus propios hermanos. Inmensa fue la felicidad en esos instantes que, sinceramente, compartimos.

Pero hablando de inmensidades, también hay que referirse a las de El Fandi que ayer fue otra vez más el todoterreno más resolutivo, alegre y espectacular de todo el escalafón, independientemente de su mayor o menor suerte y aciertos, ajeno como siempre a cualquier suspicacia de los tiquismiquis de cuantos tantas pegas le han puesto aunque ya empiezan a darse por vencidos, su actuación de ayer, especialmente con el quinto toro – que fue el de más movilidad y, de los suyos, el de más complicaciones porque tuvo un pitón izquierdo engañosamente incierto y, a veces, criminal – fue un derroche de entrega, de recursos y de saber templar hasta el vuelo de una mosca. Precisamente al torear por naturales y a pesar de que en banderillas ya había avisado el toro de sus malas intenciones por el pitón izquierdo, El Fandi fue cogido, zarandeado y pisoteado por el fiero animal – me froto los ojos al referirme a la fiereza después de tanto toro sin fuerza ni casta – sin que le importara el palizón para reemprender la faena con más firmeza y temple con que la comenzó hasta poner la plaza boca abajo. Lástima que fallara con la espada porque, si hubiera matado pronto y bien, le habrían pedido hasta el rabo.              

    

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

2 Resultados

  1. Carnicerito de Rekakoetxe dice:

    LLEGARON LAS FIGURAS: Y con ellas la plaza llena y los toros encastados. El más afortunado fue el Cid, que terminó pletórico su temporada abriendo la puerta grande de Zaragoza. Un triunfo muy meritorio por la nada fácil corrida de Salvador Domecq, al igual que el conseguido y malogrado a espadas por el Fandi, que se llevó el otro gran toro de la corrida. El primero de el Cid fue un ejemplar noble pero justo de raza al que el sevillano trató como los ángeles, no atacándole nunca: media distancia, media altura, pérdida de pasos entre muletazo y muletazo y series cortas. Todo con exquisito temple y gusto. Más importante aún fue la faena al encastado cuarto. Destacó la segunda serie, extraordinaria, trayendo de lejos al toro, como en la buena primera. Hubo una sima cuando acortó las distancias, haciendo que el toro se viniera algo abajo, pero un excelente circular y los ayudados finales le pusieron las dos orejas en la mano. Mención aparte merece su cuadrilla, en especial el tercer par de Alcalareño en el primero y su brega en el cuarto y el tercer par de el Boni a este, sencillamente espléndido, de poder a poder. Fue el contrapunto perfecto a los dos tercios de banderillas que protagonizó el Fandi, redondos y excelsos, demostrando todas sus facultades. Su primer toro fue un cabroncete, muy mirón, zorrón, quedándose corto y enterándose progresivamente por no ir nunca humillado y metido en los engaños. Sin embargo el que le echó mano dándole una buena paliza fue el encastado y exigente quinto, con el que protagonizó una vibrante faena, sobre todo a raíz de la voltereta, llena de temple y cabeza, que le habría abierto la puerta grande si no hubiera fallado con la espada. Talavante estuvo queriendo toda la tarde, como demostró con el capote, con un quite ajustadísimo por saltilleras al tercero y otro por lopecinas al sexto. Pero ninguno de los dos se prestó al lucimiento, el primero por blando y descastado y el segundo por descastado y con un viaje corto y a la defensiva, además de deslucido por no humillar nunca. En definitiva, una interesante corrida de Salvador Domecq y tres toreros dispuestos y capaces con ella que hicieron que el público que llenó los escaños de la Misericordia zaragozana se fuera encantado de la plaza.

  2. graciano dice:

    ¡Cuanto me alegro por el Cid! Lo que ha sufrido esta temporada solo lo sabe él y sus allegados. Disfruté muchísmo con la buena faena al complicado primero y también al más fácil cuarto. Me encantó la magnífica lidia de Alcalareño y los extraordinarios pares de Boni.
    ¡Qué pena de crónica de Zabala! Es tan fanático y partidista como su padre. Allá él.
    Un saludo José Antonio.

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