8ª del Pilar en Zaragoza. Ni Cuadri ni san Cuadri

Zaragoza. Plaza de la Misericordia. Jueves 14 de octubre de 2010. Octava de feria. Tarde calurosa en plaza cubierta con un tercio de entrada. Seis toros de Celestino Cuadri, en su mayoría más voluminosos, bastos y feos que entipados, muy desiguales de cabeza y de pésimo juego. El primero pasó de mansear brioso pero sin fuerza a simplemente manejable. Manso, flojo y parado el segundo. Impresentable de cabeza el tercero que resultó muy noble aunque justito de fuerza. También muy parado el cuarto que hasta se echó en plena faena de muleta. De muy feas hechuras el quinto que, además, embistió violento en corto y pegando continuos cabezazos. Y el mejor hecho sexto, un manso con cierto poder que llegó apenas manejable por el lado derecho e imposible por el izquierdo para terminar avisado y peligroso. Rafaelillo (lirio y oro): Sartenazo envainado y tres descabellos, silencio; estocada y dos descabellos, silencio. López Chaves (fuscia y oro): Pinchazo y bajonazo a paso de banderillas, silencio; nueve feos pinchazos y ocho descabellos, aviso y pitos. Javier Castaño (blanco y oro): Pinchazo y estocada casi entera atravesada que escupe, palmas; estocada atravesada que hizo guardia y cinco descabellos, silencio. En la brega destacó Ecijano II y en palos David Adalid.

 

Las entidades propietarias de la mayoría de las plazas llamadas públicas, deberían pegar un recorte en el número de festejos a celebrar en sus  respectivos ciclos feriales si no quieren que el tinglado taurino se venga abajo por falta de atractivos y, consecuentemente, de suficiente clientela. Ello, además de la crisis que estamos padeciendo, debería obligar a ser más prudentes y a que las ferias las protagonicen exclusivamente las figuras del toreo y los pocos que tengan posibilidades de serlo para que los aficionados no padezcan lo que en esta feria está sucediendo, y las empresas puedan rentabilizar sus inversiones en vez de verse obligados a rebajar la calidad de lo ofertado, tanto en toros como en toreros, para medio salvarse de la quema.

Ayer el único que se salvó del general petardo fue Javier Castaño al que hacía tiempo no veía torear y me llevé la grata sorpresa de encontrarme con un torero bastante mejor, mucho más centrado, solvente, capaz e infinitamente con más clase, temple y mejores maneras que cuando le apoderaron los hijos de Manolo Chopera y tuvo ocasión de alternar con las máximas figuras en todas sus plazas sin que le sirviera para nada. Misterios del dificilísimo ejercicio del toreo en sí mismo porque, la verdad sea dicha, nunca creí en sus posibilidades mientras anduvo metido en los grandes carteles de las ferias más importantes.

Su faena frente al único buen toro de la tarde fue estupenda aunque la fastidió con la espada, y su actitud y solvencia con el terrible sexto digna de tener en cuenta. Habrá pues que abrirle las puertas en mejores corridas porque todavía es joven y podría hacer muy buen papel entre los diestros más relevantes del actual escalafón.   

En primer lugar salió un toro que acudió brioso al caballo pero se fue de naja tras soportar brevemente en castigo. La bula de que gozan los cuadris contribuyó a que no pocos lo tomaran por bravísimo. Y como Rafaelillo no consiguió acoplarse del todo en su faena de muleta, la impresión más general fue que se le había escapado un toro de alta nota cuando solo fue de aprobado raso. 

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EL QUITE DE DOMINGO

 

Un toro bravo y nada más

 

Muchos amigos me han pedido mi opinión sobre las andanzas de los toreros visitando Ministerios y entrevistándose con los Ministros. Quieren que escriba algo sobre el asunto. Pues ahí va.

 

Sinceramente pienso que los toreros están tocando el violón, porque el Gobierno Central carece de competencias, quienes las tienen son las Autonomías. Visitan a quien poca cosa puede resolver. Así que estas reuniones no sirven para nada. Los políticos los despachan con buenas palabras y nada más. Creo también que la solución de los problemas de la fiesta de los toros no depende tanto del Departamento Ministerial al que estén adscritos, cuanto de la reforma completa de sus estructuras. Resulta interesante el ejemplo francés hacia donde debemos dirigirnos.

 

En primer lugar hay que conseguir del Parlamento de la Nación una declaración que blinde la Fiesta y haga imposibles los intentos abolicionistas como el de Cataluña. Y una vez conseguido esto, lo que habría que hacer es organizarnos nosotros mismos, crear una Federación Taurina que englobe a todos los sectores que integran la Fiesta; elaborar un Reglamento eficaz, una Comisión Disciplinaria y una Comisión de Promoción… Un poco como hacen los franceses.

 

En realidad lo que habría que conseguir es que la Fiesta se despolitice, que no dependa de los políticos. Hay que conseguir arrancar a la Fiesta de las garras de los políticos y organizarla entre nosotros con criterios serios y exigentes: un buen aficionado en el palco; una aplicación rigurosa de ese Reglamento eficaz (Reglamento que debería ser único: es una locura que haya  diecisiete reglamentos). Y el que la hace la paga: cuando un torero tenga una mala actuación, o un ganadero presente una mala corrida, dejarlos en barbecho y que no vuelvan a esa plaza durante unos años. Y por el buen nombre de la Fiesta, no tolerar ningún género de fraude… Por este camino vendrá la salvación de la Fiesta de los Toros. Seguirá ocurriendo lo que ha venido ocurriendo hasta ahora si se permanece a merced de los políticos. De ellos no se puede esperar nada positivo y hay que salir de su tutela. Esta es la idea en la que quiero incidir: debemos ser mayores de edad y organizarnos nosotros mismos en el sentido en que vengo diciendo.

 

En cuanto a la corrida de Cuadri de ayer, hay que decir en primer lugar que fue desigual en todo: desigual en hechuras, con algunos toros finos y otros bastísimos; y desigual en juego: hubo un toro extraordinario por calidad clase y bravura, el primero de la tarde, y el resto del trigo no fue tan limpio, hubo toros muy complicados.

 

Frente a este primero, un gran toro con gran clase y fijeza, Rafaelillo estuvo muy mal, muy por debajo de la calidad del toro. Hizo una faena rápida con abundancia de enganchones y muchísimo pico… Muy mal, y además lo mató pésimamente, de un sablazo que hizo guardia y varios golpes de verduguillo.

 

Pero en el cuarto, un toro que se quedaba más corto y era más listo, Rafaelillo anduvo mejor. Esta es la desdicha de muchos toreros: solo pueden estar bien con el toro malo. Cuando les sale un toro bueno no saben qué hacer con él. Belmonte lo dijo: Dios te libre de un toro bravo. Nada desconcierta más a los toreros mediocres que un toro noble y con clase. La imagen global que Rafaelillo dejó ayer en Zaragoza fue muy mala, de tumbatoros que artísticamente no tiene nada que ofrecer: se tapa a base de ratonerías con el toro malo, pero es incapaz de echar la muleta plana al bueno.

 

Con un toro parado lidiado en segundo lugar, López Cháves no se decidió nunca a cruzarse. Y con el quinto lo pasó francamente mal. Muchos han dicho de este quinto que fue un gran toro. A mí no me lo pareció. Me pareció más bien un toro brusco que reponía mucho y que daba muchos cabezazos. Pero desbordó a López Cháves, cuya única preocupación era echárselo fuera y cuanto más lejos mejor. No pudo con un toro muy exigente que pedía un gran esfuerzo y valor que López Chaves no hizo. Faena rápida llena de desconfianza y medrosidad, de muletazos violentos y mandando siempre al toro a la Plaza del Pilar… Y el mitin que dio con la espada fue de antología.

 

Al ser arrastrado este quinto toro la ovación fue de clamor, pero yo pienso sinceramente que fue un toro brusco y sin calidad que confundió el juicio de muchos aficionados. Pero hay que tener en cuenta que dentro de esas palmas muchas eran para molestar a un torero que se había venido abajo delante de un toro duro y exigente.

 

Quien estuvo mejor fue Javier Castaño. Templó bien a un torito de poca fuerza y mucha nobleza como era el tercero. Y en el sexto lo intentó. Era el peor toro del festejo, muy rajado y con querencia a los tableros que, además, desarrolló muchísimo peligro. La faena era imposible, pero Javier Castaño la intentó jugándosela. En lo único en que no estuvo fino fue con los aceros.

 

Tengo que decir que un matador no puede presentarse en una plaza de primera con una cuadrilla tunelera impresentable como la que llevó Castaño ayer. La lidia del sexto fue una auténtica verbena. No es de recibo en un coso de categoría.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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