1ª de feria en Guadalajara (México). ¡El payo torerazo¡…Garibay va con indulto

Y digo esto porque el ganado de Marrón que acusó romana conformando un sexteto de bureles regordíos, bien cubiertas las culatas como pobres, muy pobres, pobrísimos de cabeza, aunque sí, debo decirlo, astifinos de pitones, tuvieron láminas en las que la desproporción por cuanto a hechuras toda vez también de que varios anovillados de tipo, se vieron faltos de importancia y trapío.

 

Reses escalereadas tanto por presentación como por cuanto a juegos, que cumpliendo en varas, llegaron al último tercio tan claros y nobles como faltos de casta y transmisión sin dar relevancia mayor.

 

Hubo dos sobreros de regalo. El primero de San Diego de los Padres, propiedad del mismo criador José Marrón, que resultó un dechado de bondad por su forma de meter el morro con fijeza, recorrido y son que a la postre, a petición de la masa espectadora, recibió el indulto cuando lo más justo y conducente hubiese sido una muy bien merecida vuelta al ruedo en el arrastre. Y como segundo obsequio, un toro, éste sí con toda la barba con hierro de San Marcos, que desafortunadamente no tuvo un pase estrellando la buena intención de Antonio Barrera por lucir.

Y fue Barrera el primer espada que deseoso y con voluntad poco en verdad lució. No tuvo su tarde, vamos. Intentó, sí, destacar tanto de capa con verónicas y gaoneras rematadas con media y revolera, para darse en tres faenas con momentos muy aislados en un tenor de más a menos destacando un macheteo al que abrió tarde con toreo por la cara y de pitón a pitón mostrando su buen oficio, pero, ni con el berrendo en cárdeno aparejado y botinero de mísera cornamenta ni con el octavo que fue el segundo regalo el sanmarqueño que lidió y mató, logró remontar, pintándole bastos la espada para escuchar el rechazo del cónclave.

 

De Ignacio Garibay debo destacar su resolución a siempre tratar de justificarse, cosa que logró en el segundo que tuvo muy buen aire pero poca trascendencia fincando su labor con la derecha cuando con la izquierda no se acopló del todo realizando su labor en las tablas para, despenar de entera desprendidilla y dar una vuelta al ruedo.

El quinto traía mucho qué torearse y el capitalino simplemente no se acomodó pinchando de más y con tres golpes con la corta de descabellar.

 

Saldría el sobrero de excepcional bondad haciendo gala de la santidad de su origen, San Diego de los Padres, con el que Ignacio se dio a una faena larga, muy larga, larguísima, de la que destaco el temple como también la sobrada distancia con la que torea, siempre con la muleta atrasada. Pases con la derecha y la zurda rematados con justeza cayendo en la comodidad consabida, — por si hay fallas con la tizona –, de insistir por el indulto aceptando la primera categoría del astado dando la vuelta, sin orejas ni rabo en las manos acompañado del criador.

Y amigo aficionado, ¡vaya pedazo de torero que es Octavio García “El Payo”…! Con empaque y planta que merecen vestir mucho mejor, — terno celeste con pasamanería en azabache, cuando lo que vale es oro puro –, acorde a la categoría de artista que el rubio chaval es, ha refrendado para todos los que siempre hemos creído en él, su caudal de esencia y fondos toreros con los que se da tanto en su capote y en su muleta, que no así con la espada…

 

Con el tercero de extraordinaria nobleza, simplemente lo bordó… La quinta esencia de su expresión marca sitio de privilegio entendiendo a la perfección la condición del burel al que llevó empapado en la zarga, que nunca se la quitó de la cara lo que le permitió ligar en forma extraordinaria, reponiendo lo justo, girando casi haciendo gala del quiebre de cintura y la elasticidad de sus muñecas marcando los tiempos del pase y metiéndose al público en el puño. Ayudados por abajo con la diestra y al natural con la de cobrar embraguetándose, acompañando, llevando muy reunido, sin dar un paso de más, como tampoco de menos, dando estructura, desarrollo y potencia a sus series rematadas con oportunidad.

 

En sus dos estuvo enorme con los magnífico cimientos de un toreo verdad con profundidad, hondura y garra, ahora que…

 

Ahora que, con lo que anda perdido es con los estoques. Hubiese tocado pelo, solo que no se pueden matar los toros como él lo intenta hacer. Perfilado, arranca dejando la flámula muerta en la cara del astado, alargando, sí, el brazo, pero sin pasarse en el embroque lo que determina que pinche. Cosa de corregir, enmendar y afinar el procedimiento que valor lo tiene a raudales. Cuando lo logre, lo deseo, lo confío y lo espero, será un triunfador absoluto en el que debe verse a una figura del toreo toda vez que Octavio es, se siente y, fundamental, lo proyecta que es un artista de excepción con un futuro prominente.

 

Ojalá que pronto vuelva…

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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