3ª de San Lucas en Jaén y última de la temporada. Una pasada para terminar

 

Plaza de toros de Jaén. Lunes 18 de octubre de 2010. Tercera de feria. Tarde soleada y fresca con más de media entrada. Cinco toros de Gavira, desigualmente presentados y de vario juego entre los manejables y los difíciles como el agresivo cuarto que aunque muy soso, desparramó la vista y tuvo mucho peligro por el lado izquierdo. El primero, terciadito, fue muy noble por el lado derecho y, aunque se rajó, duró todo lo que quiso su matador. El segundo, similar en trapío al anterior, salió más bravo y también fue noble por el lado derecho, pero se cayó demasiadas veces por lo mucho que le exigió su matador. El cuarto, más cuajado y más encastado también, resultó muy franco pero nos quedamos con las ganas de verle si iba largo o no por lo muy encima que lo torearon. Con muchos pies en su salida y luego sin clase el cuarto, blando de remos y distraído, se dejó más por el lado derecho que por el izquierdo. Por devolución del derrengado sexto, se corrió un sobrero gordo y con poca cara de Torrealta que pese a renquear de patas, mansear en el caballo y rajarse, tuvo franca  aunque desigual movilidad. Enrique Ponce (marino y oro): Estocada caída, dos orejas tras larga petición de la segunda. Estocada baja, silencio. El Juli (burdeos y oro): Estoconazo contrario, dos orejas. Estocada casi entera trasera, dos orejas. José Carlos Venegas (blanco y oro): Cuatro pinchazos y estocada, aviso y desaforada petición de oreja por puro paisanaje que, increíblemente, fue atendida. Estocada traserísima, dos orejas de regalo. En la brega destacaron Alejandro Escobar y Zamorano. Y en palos Antonio Tejero.

 

La inclusión en el cartel más lujoso de esta feria del casi desconocido nuevo matador jienense, Juan Carlos Venegas, la impuso Enrique Ponce para compensarle de la suspensión del iba a ser el festejo de su alternativa aquí mismo, en Jaén. El muchacho se llevó un disgusto tremendo y su apoderado la emprendió contra Ponce en declaraciones absolutamente impropias porque el pretendido padrino no tuvo culpa del desaguisado que impidió la celebración del ansiado doctorado. Sea como fuere y como Ponce es una gran persona antes incluso que un gran torero, para que el equívoco quedara despejado tuvimos que ver y descubrir al objeto de la disputa con la ingrata sorpresa de encontrarnos ante un nuevo tremendista que se queda muy quieto con los toros pero que no sabe torear. Para eso, mejor habría sido que Enrique se hubiera quedado en su casa porque, si cerró su temporada en Jaén, fue solo y exclusivamente para hacer el favorcito.

Pero por fortuna y como tanto Ponce como El Juli saben y pueden estar a la altura de cualquier circunstancia, los aficionados del lugar y varios llegados desde otras latitudes patrias, pudieron disfrutar con la maestría de los que siguen siendo los más grandes del toreo actual. Y, además, ante unas reses que, la verdad sea dicha, no fueron para tirar cohetes.

De tal guisa, Ponce sacó todo lo que de posible tuvo el débil primer toro hasta componer una limpia y elegante faena que basó sobre la mano derecha, de esas que a primera vista a muchos no les parecen nada por la extrema facilidad con que las receta el maestro. El eterno hándicap poncista que, a la vez, es su mayor virtud: torear sin dar la impresión del más mínimo esfuerzo. Algo que a los indoctos les parecerá no tener mérito cuando es lo más difícil de lograr en el toreo.

Luego, con el cuarto, Enrique se empeñó en meterlo en su muleta, pero lo soso de su embestir luego de desparramar la vista en cada cite y el peligro que tuvo por el lado izquierdo – muy poco faltó para que le cogiera al intentar dar el primer natural – le obligó a machetear con la torería que le es propia y a matarlo de un eficaz bajonazo que es lo que el marrajo mereció.

También El Juli terminó ayer la mejor temporada de su vida con otra de sus este año habituales demostraciones de mando y de poder aunque quizá por exigir demasiado del noble aunque flojo segundo toro, el animal perdió las manos en demasía a lo largo de un trasteo que fue de menos a más. Mejor, en mi opinión, anduvo con el quinto al que corrigió todos sus defectos y muleteó a su particular placer sobre el lado derecho, extrajo todo lo que tuvo por el peor lado izquierdo, alternó suertes naturales y contrarias con notable intensidad, sorprendió con cambios que ligó a pases de pecho y de la firma sin solución de continuidad, y mató con enorme contundencia, lo que le propició cortar las dos orejas más merecidas del las muchas que se concedieron. Buena temporada hemos echado, don Julián. Que se repitan y que uno lo vea. ¡Enhorabuena¡     

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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