2ª de feria en Guadalajara (México). Con las orejas puestas; mucha atención con Rivera

 

La corrida de Marco Garfias, terciada por cuanto a presencia con la característica de astifina – no hay duda que cuando los pitones están intactos salta a la vista, malo cuando se cuestionan que ahí es donde el fraude aparece -, con recorrido, fijeza, cadencia y claridad para triunfar, principalmente con cuatro de los siete jugados con un sobrero de obsequio, que peleando en varas resultando muy castigados, algunos con la sangre escurriendo hasta la pezuña, en el último tercio fueron a más metiendo el morro francos, fijos, no mirando otra cosa que el engaño quedándose en donde los dejaban para repetir con viaje y son, transmitiendo mucho obligando a los espadas que les torearan, con dos mansos que desentonaron al rajarse doblando contrario a la salida de los pases y buscando a por todas las tablas.  Los demás, repito, ofreciendo condiciones para el triunfo que por falta de intensidad y las fallas con los aceros, no llegó.

 

Y no llegó, a excepción del regalo al que Rivera le cortó un apéndice resultando el triunfador, pero los restantes…  Los restantes fueron al desolladero con las orejas puestas.

Buen porcentaje para el criador que vio doblar sus ejemplares sin abrir los hocicos luego de faenas largas que carentes de fondo, que no, insisto, de cantidad, aburrieron más que impactaron.

 

Fermín Spínola es un buen torero.  Auténtico profesional que se toma en serio y lo proyecta.  Tiene planta y empaque acompañados de un valor sereno y buenos procedimientos.  Con el que abrió festejo, un toro noble y de magnífico desplazamiento, realizó una labor fincada en la diestra, tardando mucho en darse cuenta que el pitón del garfieño era el izquierdo.  Estuvo en matador de toros sobrio saliendo al tercio luego de cobrar entera desprendidilla con dos golpes de descabello recibiendo un aviso.

 

Debo destacar un quite ceñido y armonioso, toreando mucho por fregolinas, hasta cinco, instrumentadas por Spínola en el primero de Rivera que le salió pintado coreándosele con fuerza.  Ya con el cuarto, un cárdeno avacado y veleto de cuerna, claro pero rajadillo, se hizo aplaudir con dos cuarteos y un par al cambio en el centro del platillo, con una labor de muleta empeñosa ante el huidizo burel con el que terminó de pinchazo y entera para palmas por su voluntad.

 

Luego de infinidad de avatares en su vida personal que le alejara un tiempo de los ruedos reapareció el coleta regiomontano Alberto Espinoza.  Apenas abrir el capote para el primer lance en tableros, el astado se le ciñó dejándole al paso la taleguilla a la altura del vientre – sin herida que lamentar por fortuna – como falda de hawaiana.  Fuerte acometió el de Marco en el penco llegando a la zarga exigente y pudiendo, solo que…  Solo que el norteño estuvo con voluntad y empeño pero falto de sitio y poderío, llevándose un achuchón al tropezar en la cara del bovino  que tenía emotividad.  Tres pinchazos y siete descabellos escuchando un aviso del palco.

 

Con el quinto, un trasteo prolongado en extremo con pases, pases y más pases pero…  Pero faltando plan; carente de estructura y sin huella alguna que dejar; no pasando nada.  Su valentía y ganas se reconocen al estar breve con la tizona lo que siempre se agradece.

 

Desde de novillero, he creído en el artista colombiano Ricardo Rivera…  Torero de pundonor y valor a tope que impacta de inmediato en los tendidos por sus formas de hacer el toreo embraguetado, de verdad, muy reunido aplicando las muñecas y el leve quiebre de cintura en la quietud, reponiendo lo justo y siempre yendo pa álante.

 

Le he visto un tanto cuanto confundido, hasta acelerado a veces, pero haciéndose tocar las palmas en lances a la verónica cargando la suerte y bajando las manos con juego de brazos, para con la flámula, con momento aislados destacables, no concretar su obra tardando de más en encontrar sitio y distancia al moro de Garfias, escuchando un aviso del palco cuando, dada la largueza de su trasteo, no entraba a matar todavía, despenando de tres cuartos desprendida.

 

Con el sexto, una res carente de presencia y trapío para Guadalajara, lo que provocó el enojo agresivo del público profiriendo las taurinas rimas de Bécquer en contra del juez – vamos mentadas de progenitora con el coro consabido del: “Uno, dos, tres, que ch… -, cuando en tendido alto de sol le habían puesto una manta en la que se leía: “No a la indultitis…”  referente a la pifia desbarrada  de la autoridad del pasado domingo, entre el continuo chillar del cónclave, Ricardo se tiró a matar consumando una entera, lo mejor, para anunciar el sobrero.

 

Un toro que debió ser loteado y se habrían evitado el galimatías que se armó fue el séptimo, éste sí con importancia en presentación, con el que Rivera plasmó la verónica en su aire, con ritmo y armonía rematando con una media y revolera que arranco la ovación, para en el último tercio, desbordarse en su expresión artística haciéndose mejor del ejemplar de muy buen estilo y gran fijeza, con el que cuajó series de ayudados por abajo con la diestra y al natural con la zurda que llegaron fuerte al cerrar con sendos de pecho sacándose los pitones a la hombrera contraria.  Tuvo planteamiento y desarrollo yendo toro y torero a más, para cuando el burel le pidió la muerte, en corto y por derecho sepultar estocada media que bastó ganándose una oreja y saliendo triunfador.

 

¿Hasta cuándo sabrán ver el potencial torero de éste artista que se ha hecho aquí en Guadalajara y que merecimientos tiene de sobra para un rodaje profesional de nivel que le permita alcanzar el sitial que el destino y su expresión le tengan deparado..?

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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