Daniel Luque asombra

Publicado en La Verdad por J. M. GALIANA

La muerte anunciada de Manolo González, presidente del Club Taurino de Murcia, no atenúa el dolor y deja un hondo vacío en el corazón de cuantos lo conocimos. Especialmente, estos días de Feria, su ausencia nos sale al encuentro en cualquier rincón de la plaza o en las tertulias taurinas que se demoran hasta las tantas. Buen momento para revivirlo, él que fue heraldo de la alegría, príncipe de la risa.  Muchos son los recuerdos. Te gustará saber que la plaza, puesta en pie, guardó un minuto de silencio por tu ausencia. Se lidiaron toros de José Luis Pereda, desiguales de juego y hechuras, escasos de fuerza, bastotes y descastados. Abrió plaza Rafaelillo, que atraviesa un gran momento debido a la experiencia acumulada en cada una de sus actuaciones en los cosos del sur de Francia. Inició la faena en los medios de rodillas con muletazos que fueron aplaudidos. Los naturales, largos y templados, fueron a más, toreó con aplomo, jugando la cintura, y se adornó con ambas manos, la pierna arqueada, gustándose. Pinchó en lo alto y cobró una estocada hasta la bola que le valió para pasear un apéndice justo.Al cuarto toro, de aviesas intenciones, lo saludó con dos faroles de rodillas y media verónica. El de José Luis Pereda se frenaba y escarbaba en cada lance, justo de fuerzas, mostrando tendencia a rajarse: una perla. Valiente y vibrante, Rafa lo solucionó poniéndole la muleta en el hocico, y el manso tragó molinetes de rodillas rubricados con el de pecho, cruzado siempre para provocar la embestida. Cosido al morro, embebido en el engaño, lo domeñó con el público entregado. Antes de perfilarse se adornó, sonó un aviso, clavó el estoque de luna y se quedó con la empuñadura en la mano, paseando las dos orejas con todos los merecimientos por su ambición y progreso. La luna llena se somó por los tejadillos de la Condomina para no perderse la faena al quinto de la tarde. Tenías que haberlo visto Manolo. Daniel Luque, hijo del chófer de Manolo Díaz El Cordobés, puso la plaza boca abajo con dos faenas distintas. En la primera lo llevó a los medios y ligó, con aplomo, series abrochadas con el de pecho. Ceñido y quieto, muy entregado, no pudo lucirse, pero estuvo en lidiador y mató en lo alto. El quinto toro derrotó en un burladero; cabeceó en el caballo con la cara alta, y Luque le hizo un quite, a piés juntos, muy aplaudido. Justo es citar el buen par de Juan Carlos de Alba.Desde el comienzo de faena, en un palmo de terreno, el diestro de Gerena bajó las manos y se ciñó en cada lance. Daniel Luque se coloca en el sitio justo, torea con una seguridad y empaque inusual, tiene el instinto natural de la colocación y somete a los toros con ambas manos, adelantando y ligando los engaños, rota la cintura, luciéndose con recortes, desplantes y trincheras memorables. Toreo auténticoLa impresión fue tal que La Condomina se puso en pie, entregada al toreo auténtico y a la belleza que emana Daniel Luque, joven matador que ha compartido varios carteles con José Tomás y no se ha arredrado lo más mínimo. El Cordobés hijo no parece estar dotado para el toreo, si bien recuerda a su padre en los andares. Carece de ideas, está como ausente, torea muy separado, retrasa la muleta, echa la pierna atrás, da pasos inconexos y esta más pendiente del callejón que del ruedo.

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Noble corrida de Salvador Domecq con buen fondo y matices César Jiménez y Andrés Palacios salieron a hombros tras cortar dos orejas de distinto nivel.

Publicado en La Verdad de Albacete por Pepe Sánchez Robles
La corrida que hizo sexta del abono transcurrió en un tono amable, de no muy altas exigencias del público y con triunfos traducidos en trofeos de distinta dimensión. Éxitos de dorada medianía, porque no fue oro puro lo que sirvió para abrir la Puerta Grande, aunque hubo momentos relucientes, pero no en conjunto, ni tampoco hay que hablar de grandeza sublime, ni de rotundidad. Y en esta línea se encontró también el juego de los toros de Salvador Domecq, que finalmente sacaron un buen fondo de nobleza, matices de dulce bondad para sus lidiadores, algunos como el bravo lidiado en primer lugar combinaron con otros más rebajados de casta como segundo y quinto. Pero, ¿curiosa circunstancia! habría que reproducir aquí y ahora aquella cantinela de revisteros de antaño que hablaban del medio toro, eso sí con excepciones y por regla general. La razón fue obvia.Y es que el tercio de varas se tramitó, apenas refilonazos en el desarrollo de la inexistente suerte de varas. No fue, entonces corrida de toros muy completa, sí la que se desea y se busca en la t torería andante, que salió relamida y cantará a los cuatro vientos las virtudes indudables que tuvo, aunque sin que fuera la nota más elevada.Dos toreros salieron a hombros: César Jiménez y Andrés Palacios, que deben agradecer desde ya mismo la amabilidad de un público con ganas de sacar tarde tras tarde a toreros por la Puerta Grande. No supone, en modo alguno, que haya que restar los indudables méritos que acrisolaron las faenas de los triunfadores, pero hace tiempo las Puertas Grandes en Albacete costaban más, se vendían más caras.Crédito tuvo, no obstante, el largo trasteó que al excelente primero de la tarde instrumentó el madrileño, César Jiménez, que parece recuperado de su letargo de años atrás. Un paso adelante en variada combinación de tandas de distinto corte con un toro de tranco magnífico. El toro y las series conjuntadas tuvieron un tono ascendente, una faena que fue a más en intensidad sobre todo en los ligados naturales de buen concepto, continuados con el pase cambiado por la espalda a mitad del trasteo. Circulares citando por la espalda y luego redondos completos para epilogar con una tanda de naturales de cargada profundidad. La artificiosidad de este torero en otras tardes se tornó en naturalidad. La media estocada y el descabello fueron el prólogo de un aviso por el largometraje mostrado y una oreja de peso. Esta sí.De rodillas De hinojos en los medios del coso taurino albacetense inició la faena de muleta César Jiménez correspondido en el cite por una veloz embestida del toro. Momento de intensidad seguido de un desarme para continuar de rodillas. El astado de Domecq se fue viniendo paulatinamente abajo, se paró por lo que el madrileño tuvo que recurrir al toreo de cercanías con clara disposición. Mérito de esta forma, aunque luego con una estocada y dos descabellos obtuvo el reconocimiento del respetable, muy facilón y de nuevo cayó la oreja.Por contra, el catalán, Serafín Marín se fue de vacío, sin fortuna en el lote de toros que le correspondió. El primero de ellos manseó mucho y además mostró una acusada sosería. La escasa convicción del torero fue tramitando pasajes de escaso relieve de probaturas por los dos pitones, ora en cortas series con la mano derecha, ora en el toreo al natural. Finiquitó de pinchazo, estocada y dos descabellos y después de un aviso fue silenciado.Mire que puso voluntad este torero por salir airoso de su presencia en la Feria de Albacete en la lidia del quinto de la tarde, un astado deslucido y complicado que cambió durante su lidia a peor condición. El desclasado astado no quiso pelea en ningún momento, por lo que sus arrancadas iban y venían sin decir nada, como tampoco lo dijo los muletazos del diestro, que fue apagándose en conjunto anodino e insulso. Tampoco destacó en la suerte suprema, pues necesitó de media estocada y cuatro descabellos para finiquitar con la vida de su oponente. Las leves palmas subrayaban la tibieza de esta faena.Palacios realizó el paseíllo con la tensión de la necesidad de un triunfo y con sentimientos profundos. También con la decisión máxima mostrada en la larga cambiada de recibo al tercero de la tarde al que enjaretó después cuatro verónicas espléndidas. Brindó a la memoria de su padre haciendo gala al recuerdo con series de derechazos de bellísima estética combinando luego con naturales de una profundidad y una clase de privilegiados. Fue faena de intensidad, en toreo esencial sobre todo en la tanda que remató su primera faena premiada con una oreja. Decidido a redondear el triunfo en el sexto, el albacetense se mostró decidido en la primera fase de su faena, luego sufrió una voltereta, ¿que gran quite de El Niño de Santa Rita! mostró su ansía de triunfo y logro otro trofeo. El público quiso Puertas Grandes. Y es el soberano.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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