2ª de feria de Murcia. Paradojas taurinas

 

Publicado en La Verdad por J M Galiana

 

La buena gente que viene a la plaza desea fervientemente que El Cordobés salga por la puerta grande, allá penas si Manolo no da un pase ligado ni ceñido, o cargada la suerte, como mandan los cánones. Al toro que abrió plaza, noble, terciado y escaso de fuerzas, lo recibió dando un paso atrás, y a su manera fue desgranando pases limpios y largos. Se echó la mano a la izquierda y siempre le enganchó el engaño. A la tanda siguiente recurrió al rodillazo y al desplante vano frente a un toro sin fuerzas ni maldad. Cobró una estocada atravesadilla y le concedieron una oreja.El cuarto de lidia ordinaria recibió una puya larga y excesiva que doblegó al toro. El Cordobés brindó al público lo esperó en tablas, lo sacó a los medios y dobló las manos; insistió en llevarlo al platillo y rodó en la arena. La banda de música, inoportuna, echó a volar un pasodoble y se aplaudió la primera serie de muletazos. Desmañado, dio con la cabeza en la testuz, de la grada le pidieron que hiciera el salto de la rana, la música sonaba inmisericorde, el noble animal estaba más parado que el caballo de fotógrafo y El Cordobés dio cabezazos y el salto de la rana con la anuencia de parte del público enfervorizado.La realidad es que no dio más de cinco muletazos aceptables y le premiaron con una oreja que, sumada a la primera, suponía la salida a hombros por la devaluada puerta grande de La Condomina. Lo paradójico es que El Juli y El Cid nos mostraron la grandeza de un oficio que incluye, por encima de todo, el respeto por tan noble y hermoso animal.Venia El Juli de torear como los ángeles en Arles, la noche anterior, y después de hacer mil kilómetros salió al albero de La Condomina con una disposición loable. El toro de Santiago Domecq, bajo de agujas y noble, tomó la muleta planchada que le ofrecía El Juli, y dibujó lances a pies juntos con su característico juego de manos, ceñido y ligado siempre. El tercio de varas se limitó a un puyazo en lo alto. Después alboreó un airoso quite a pies juntos con verónicas y tijerillas rematadas con donaire. José Antonio Carretero cobró un buen par y se vio precisado a tomar el olivo. Julián salio muy decidido a pesar de la paliza de la noche anterior. Se gustó en las primeras tandas con la mano derecha, acompasando la embestida y rubricadas con el pase de pecho. Más hondura mostró al natural, adelantada la muleta tersa y baja, abriendo surcos en la arena.Parsimonioso, el torero se recreó en la suerte con muletazos largos y templados, el cambio de manos pinturero, el de pecho… Abierto el compás, alumbró dos circulares de espaldas lentísimos y dejó en el aire el pase del desprecio. Mató de un pinchazo arriba y estocada caída, y a pesar de la petición mayoritaria paseó una oreja que, de ningún modo, puede equipararse a las concedidas anteriormente.El quinto salió mermado del puyazo que infirió en tablas Salvador Núñez al taparle la salida. El Juli quiso torear al natural pero el de Santiago Domecq acusó el lance y trastabilleó. El torero, desilusionado, se demoró en la suerte suprema y lo mató de tres intentos y descabello, siendo silenciada su labor.El Cid, que lucía ayer un palo de rosa, capoteo con apostura, pureza y sosiego al tercero de la tarde. Esperó al toro en el corazón del albero y lo puso en suerte con temple, cobrando un puyazo. El diestro de Salteras ligó con ambas manos series largas y templadas, llevándolo humillado en el vuelo de la muleta. Remiso por su flojedad, exprimió lo poco que quedaba, y lo hizo con sabor y torería. El toro que cerró plaza era impropio de la Feria por sus hechuras. El Cid se fue a los medios y brindó al público con el fin de salvar la corrida. El toreo de El Cid es un ejemplo de respeto a los cánones. Es parsimonioso, adelanta los engaños, carga la suerte, templa y deja la muleta atrás y abajo para que el toro, encelado, vuelva a tomar los vuelos y rematar con el de pecho, el recorte, la trincherilla. Toreo eterno que prende en el aficionado y sientes que se eriza el vello del corazón.

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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