Feria de Murcia. El que manda es Perera

Publicado en La Verdad por J. M. GALIANA

En La Condomina se ha creado la psicosis de indultar un toro a cualquier precio, pero esta plaza centenaria y monumental no se merece tanto desatino. Indultar un toro se ha convertido en un comercio para el ganadero, que luego vende las pajuelas al mercado hispanoamericano a muy buen precio, pero la realidad es otra. Ninguna de las reses que se han indultado en Murcia recibieron más de dos puyazos, medida fundamental para conocer, en realidad, la bravura del toro. Otra cosa es que el indulto suponga una ganancia para todos, desde el ganadero que cobra prestigio hasta la empresa de la plaza que no abona el importe del toro, puesto que se lo lleva al campo para parear. Ninguno de los cornúpetas que saltaron al ruedo reunían un mínimo de condiciones para indultarlo, aunque algunos insistieran en provocarlo.La tarde se prometía feliz, y de hecho, se vieron faenas interesantes que, sin embargo, no llegaron a emocionar, a excepción de algunos pasajes de Sebastián Castella y, muy especialmente, de Miguel Ángel Perera, que está viviendo una temporada dulce, difícil de emular. El tercero, de lidia ordinaria, anovillado, cobró un picotazo trasero, dejó la montera en la manguera y embarcó, impávido, cinco muletazos con la mano derecha rubricados con el de pecho a pies juntos. Es un gusto verlo adelantar el engaño, embarcarlo, rematado con el de pecho y ligar de nuevo, abierto el compás, ralentizando el de pecho. Lo dejó respirar Miguel Ángel, y volvió a ofrecer una serie más que fue aplaudida por toda la plaza. Se echó la muleta a la mano izquierda y en un palmo de terreño, muy ceñido, ligó y templó con una lentitud admirable. La Condomina, puesta en pie, aplaudió el modo de acompasar las embestidas con una torería infrecuente. La última tanda lo llevó embebido en los vuelos de la muleta y abrochando la faena con el de pecho. Todo lo que hizo rezumó poder, desmayo, temple y torería, se adornó, muy ajustado, haciendo el péndulo y, de espaldas, remató la faena. La estocada quedó desprendida, y el palco, a petición del público, le concedió dos orejas y un rabo. Miguel Ángel Perera, que es hombre cabal, honrado y consecuente, no alentó la posibilidad del indulto. El Cid salió muy decidido; marró el piquero, cobró un puyazo discreto y dio dos volteretas. Pareó bien El Boni, y en los primeros muletazos El Cid ahormó al noble toro de Fuente Ymbro. Sonó la música en la primera tanda, ahormado, y a continuación peinó la arena embarcando, templada, la noble embestida. Los aplausos se sucedieron en las series con la izquierda, muy cruzados con la pierna arqueada, fueron el preludio de una estocada caída que le valió para pasear un oreja.Se lució en el segundo en un quite por delantales, y Alcalareño cobró un buen par. El Cid brindó al público y desgranó series de gran calidad, ligadas y templadas, cargada la suerte y rematadas con el de pecho. Lástima que marró con el estoque y perdió la puerta grande. Sebastián Castella da la sensación de estar en otro mundo. La verticalidad, quietud, ligazón y sangre fría son sus mejores virtudes. En el primero de su lote se demoró con la espada, pero en el quinto puso al público en pie. El pase cambiado provocó otro rugido en la plaza. Los naturales fueron perfectos, adelantó el engaño, se cruzó y embarcó muy ceñido las suertes con la colaboración de un toro repetidor y nobilísimo, como sus hermanos, a excepción del sexto. El público, que estaba feliz y contento, abroncó al palco.

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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