Francia. Corrida de toros. 1ª. Nimes. Crónica de Barquerito: “Bonita corrida de Robert Margé”

Publicado en la AGENCIA COLPISA por Barquerito  

Arenas de Nimes (Francia), 18 sep. 2008. 1ª de la Feria de Vendimia. Menos de media plaza. Entoldado, templado. Lluvia durante la segunda mitad de corrida. Seis toros de Robert Margé. Corrida bien presentada, bonita, de aceptable juego. Se dio la vuelta al tercero, de mucha nobleza. Cumplieron los seis en el caballo, pero gruñeron casi todos también. El sexto, muy sangrado, rodó dos veces. El cuarto se paró. Curro Díaz, de rosa y oro, una oreja y silencio. Salvador Vega, de verde manzana y oro, oreja tras aviso y saludos. Luis Bolívar, que confirmó la alternativa en Francia, de blanco y plata.

La corrida de Robert Margé que abrió en Nimes el abono de Vendimia fue muy hermosa. Bien rematada, bien hecha. Nacidos y criados en Francia los seis toros. Sobre su base Núñez y Domecq. El toro con el que confirmó alternativa Luis Bolívar, largo, bajo y hondo, era un cuadro. De bonito. Y el de la devolución de trastos, negros los pitones, más bonito todavía. Fino el hocico, lustrosa piel. Fue el toro más en Núñez de los seis del envío y el único que se escupió de varas. De la segunda. Llorón, pero de buen son.

La bondad, no sólo el serio cuajo, fue nota dominante. Cumbre en ese punto el tercero, cuyo indulto trató en vano de provocar Salvador Vega. Con cómplices en la grada. Flamearon cien pañuelos protectores. El palco tuvo la cordura de no acceder. Como Salvador se entretuvo intencionadamente, le llegó un aviso, El indulto no procedía. La vuelta al ruedo póstuma, sí. ¿Sí o por qué no?

Vermentino se llamaba el toro de la vuelta. Casi cinqueño. Con calidad. Se vino de largo a los cites, repitió y humilló. Tuvo la velocidad que les gusta a los toreros. Vega anduvo a gusto con él. Sólo que escondiendo la pierna de carga por sistema. Descargando la suerte. Lo de mérito fue aguantar de largo el primer embroque. Los primeros muletazos de tanda. Y, desde luego, el oficio, que se hizo malabarismo a la hora de pretenderse birlibirloque: o sea, circulares cambiados ligados en trenza. Salvador anduvo animoso, firme.

No coló el intento de indulto. La cosa acabó de fea estocada caída. Teatral, el torero de Manilva acarició con particular cariño los lomos del toro antes de que lo engancharan las mulillas de arrastre. No mulillas, sino los lustrosos caballos bretones de la cuadra de Alain Bonijol. Los caballos de Bonijol se portaron en varas: el paso adelante, el paso atrás, dulce el bocado, ni una protesta. A Leiro, el picador de la cuadrilla de Bolívar, lo despidieron en el sexto toro con una de esas ovaciones que entre aficionados franceses se dedican a quien torean por derecho. Torear por picar. Pues la ovación iba por el caballo también. Y hasta más, porque al toro, de buen aire, le sobró la segunda vara, que no fue broma. Al suelo el toro dos veces, desparramado. Pero se levantó. En el capote ese toro vino con son caro, pero Bolívar, hábil en el juego de brazos, se echó atrás en el embroque de lance. La pierna de entrada escondida. No vale.

Es moda, pero no vale. Se celebró, en cambio, un garboso quite del propio Bolívar por tafalleras en el toro de la confirmación. Porque fue de firmeza. La misma de una tanda de rizos a toro parado en faena de escasa ambición. Ni buena ni mala sino todo lo contrario. Muy caída la espada que mandó al otro barrio a la víctima. Más baja todavía la estocada del sexto. Y ésta se protestó. Por el descuido. Era el último toro de la corrida, habían dado las luces y empezaba a refrescar, pero no se puede matar tan por abajo. O no se debe. Y menos en plazas francesas, Nimes por ejemplo, donde la espada es capítulo mayor.

Curro Díaz mató por arriba y al primer golpe sus dos toros. Y al primero de los dos, además, lo toreó con su proverbial buen gusto. Un gusto ligero, sencillo y fácil, como el de las natillas. Con su copo de merengue y canela: un molinete ligado con una trinchera y el de pecho. Fácil también el encaje. Breve el trabajo, como un soplo. Eso fue en el primer turno, porque el cuarto toro se paró en el primer semáforo y casi se queda ahí. “¡Mátalo, Curro…!” Se atendió el ruego. También se apalancó el quinto. Con su bondad, pero era bondad de no pelear ni reñir. Salvador Vega se puso por fuera y no al hilo del pitón sino un poquito más allá todavía, Y ahí fue imposible de todo punto.

 

 

J.A. del Moral

J.A. del Moral

Escritor, periodista, comentarista, crítico taurino y conferenciante. Cubre la temporada entera cada año desde hace más de 40, con más de 8000 corridas vistas.

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