En esto del toreo, cada cual ve la feria según le va, cierto que como en todo lo demás. Lo que ocurre, es que los que desde el tendido comentamos y valoramos lo que hacen los toreros no nos jugamos nada, es hablar por no callar. Y con qué suficiencia juzgamos lo que pasa en el ruedo. Y con qué autoridad dictamos lo que está bien y mal, lo que es un toro bravo o manso, fácil o difícil, bueno o malo. Permitidme cierto escepticismo sobre tanta sabiduría, incluidas mis opiniones, claro está.
Durante laferia de otoño de Madridpresenciamos una tarde para la historia. Seguro que la recuerdan. Cuando Miguel Ángel Perera, tras una actuación llena de entrega y pundonor torero por encima de cualquier exigencia, se retiraba a la enfermería doblemente herido, después de haber cortado tres orejas en los cinco toros que mató, una profunda emoción se embargo de mi. Tenía la llave de la Puerta Grande en sus manos, pero le faltaban las fuerzas para hacerla girar en la cerradura y se encaminaba hacia la enfermería, orgulloso de su gesta, mientras la banda de música tocaba en su honor el pasodoble titulado precisamente “Puerta Grande”.
Al día siguiente, llegaron los comentarios sobre lo sucedido de los revisteros, críticos, periodistas e informadores taurinos. Cada cual con su opinión, si bien podemos resumir que la mayoría coincidía en que la actuación de Perera resultó heroica ante unos toros que presentaron pocas condiciones para el éxito. Y me parece que así fue. Y que el molestísimo viento que sopló durante la lidia de los toros,impidió que Perera pudiera desarrollar su poderosa tauromaquia. Os confieso que daba por seguro el éxito del torero, pero nunca pude imaginarme que se iba a lograr con tal dramatismo. Así que por mi parte gloria y reconocimiento al torero Miguel Ángel Perera, triunfador de la temporada 2008.
Y llegó la corrida de Victorino Martín. De los seis toros, según dicen y escriben los revisteros, críticos, periodistas e informadores taurinos, dos fueros malos, otros dos regulares y el resto - otros dos - fueron buenos. Se puede entender que hubo cuatro toros para triunfar con ellos. La realidad, el resultado del festejo, quedó resumido en una oreja para Diego Urdiales,triunfo discutido ya que la petición de trofeo no fue de las más numerosas que se recuerden. Los otros dos, Ferrera y Bolívar no lograron convencer al público de la bondad de sus actuaciones. Y el público salió de la plaza pensando que los toros habían estado por encima de los toreros. Incluso que éstos no habían aprovechado las buenas condiciones de los toros. Para mí, el tema no estaba tan claro. Y no es la primera vez que me sucede algo parecido.
A pesar de que las dos corridas de toros a las que acabo de hacerreferencia son dos hechos puntuales, no dejan de tener un valor ejemplarizante, pues en casi todas las ferias suelen darse casos similares. Los toreros de primera fila, los de más renombre, las figuras del toreo, lidian toros que después, los de siempre, se empeñan en decir que han sido los de menos importancia, los más mansos, los peores. Mientras que los más bravos, los verdaderos toros-toros los dan muerte los matadores de segunda fila. Lo siento, pero no me aclaro. Veo en ello algo absurdo o, cuando menos, paradójico. Los toros buenos para los toreros del montón y los malos para los diestros de la élite. Y, para rematar el sin sentido, el éxito más continuado se da con el ganado más despreciado por los que se creen en la verdad del toreo.
Porque, vamos a ver, si Miguel Ángel Perera es capaz de llegar a la plaza de Las Ventas para matar seis toros con el firme propósito de triunfar a costa de su propia integridad física y lo consigue con una actuación que nos sobrecoge por lo que tiene de entrega personal, por desprecio al riesgo y por superación del dolor, el miedo y la merma de facultades, lo que nos está confirmando es que tiene un extraordinario valor. Y, sin embargo, entre los seis toros elegidos no había ninguno de esos que todos sabemos. Toros que, según nos quieren contar, son con los que se demuestra la verdadera valentía de los toreros.
La verdad, no lo entiendo. Quizá me lo puedan explicar todos los matadores que lidian con gran sacrificio y poco éxito los toros de Dolores Aguirre, Miura, Adolfo Martín, Resina, Cura Valverde, Escolar… y que solo están esperando que uno de esos toros se equivoque y les permita un triunfo que les de alguna posibilidad de salir de ese circuito de ganaderías, cosa que no suele ser fácil, que muchas veces acaba en fracaso y hay que volver a empezar porque, si el toro tienemáxima importancia para el éxito de una faena, tanta tiene la capacidad técnica, la personalidad artística y el verdadero valor del torero. Poseer todo esto junto es patrimonio de muy pocos, de una minoría. Para ellos son, se diga lo que se diga, lo mejor de las principales ganaderías.
Que no nos vengan con cuentos sobre la calidad y excelencia de algunos toros, cualidades que sólo saben apreciar los que no tienen que lidiarlos.