El tercer toro de la mala corrida Palha, único con son y hasta con clase por su suave nobleza, se le escapó en gran parte al sevillano Salvador Cortés y la tenida por mejor afición del mundo le obsequió con una oreja inadmisible por inconsistente. La devolvió en el sexto que fue tan deslucido como sus anteriores hermanos. Los peores, primero, segundo y quinto, apenas dieron opción a la modesta terna. Y el cuarto se le vino abajo a El Fundi tras ser excesivamente castigado en varas, sin que el de Fuenlabrada anduviera a la altura de su fama de maestro. Sergio Aguilar, que anduvo tan gestualmente valeroso como insolvente y persistentemente destemplado, es decir, muy mal, sufrió dos cogidas tan espectaculares como por fortuna sin consecuencias, dando en general pobrísima impresión. O sea, que continúa la “juerga” anunciada de este baratucho aperitivo ferial para honor y gloria de la empresa, encantada con su enésimo atraco en compañía jocosa de sus invitados en el callejón. Así da gusto.
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 21 de abril de 2009. Quinta de feria. Tarde esplendida con dos tercios largos de entrada. Seis toros de Palha, bien presentados aunque con muy desiguales cabezas por que los hubo sobrados de cuerna y otros muy pobremente armados y hasta romos. Uno de los más serios y ofensivos de pitones, el tercero, fue con mucho el que dio mejor juego por su templada nobleza sin que le sobraran las fuerzas. Los demás, deslucidos en distintos grados, si bien a la mayoría les pegaron demasiado en el caballo y lo acusaron para mal. El Fundi (rosa y oro con remates negros): Media estocada ligeramente atravesada de rápidos efectos, tibia ovación. Casi entera trasera caída, silencio tras algunos pitos. Sergio Aguilar (berenjena y oro): Tres pinchazos y estocada trasera contraria desprendida, aviso y silencio. Pinchazo hondo y descabello, silencio. Salvador Cortés (grana y oro): Buena estocada, oreja excesiva aunque pedida por la mayoría. Pinchazo y estoconazo perdiendo la muleta, silencio. Muy bien Luís Mariscal que saludó gran ovación tras parear al tercer toro, como asimismo Pablo Antonio Saugar”Pirri”.
Llevamos cuatro corridas de toros de lidia ordinaria - ¡y tan ordinaria¡ - y no levantamos cabeza pese a que no pocos toros han dado más que sobrado juego para el triunfo. Es la eterna canción. Se compran varias corridas y en las tenidas por peores colocan a los toreros más baratos y peores. La plaza no se llena todavía pero los dos tercios largos de entrada a diario con predominio de la sombra, aseguran el negocio. ¿Qué digo que aseguran?, lo requetemultiplican. En esta nefasta regla llamada abono de todo al mismo y muy caro precio de las entradas toree quien toree que predomina sobre todo en las mundialmente famosas ferias de Sevilla y, no digamos, en la de San Isidro en Madrid, estas corridas infumables son las que enriquecen a las empresas y como aquí, en Sevilla, los maestrantes decidieron hace muchos años entregar la explotación de su maravillosa plaza de toros a la familia Pagés para no se cuantas generaciones, los que ahora ocupan heredado turno se están forrando incluso en plena crisis sin que nadie ose toserles y si hay algún periodista que se atreve, le quitan el pase y en paz. Por eso y solo por eso la mayor parte de la prensa le tiene tan reverenciado pánico a Eduardito Canorea. Y no es cosa de enredar no sea que haya que quedarse en casita delante de la televisión. Pero como esta vergüenza pública en forma de amenaza y de castigo a los que están obligados a informar con veracidad es admitida con general escepticismo, nunca pasa nada. Algún día explotará.
En tan rentable aburrimiento, ayer mismo ocurrió que, a pesar de lo mal que empezó la corrida de Palha, saltó un tercero para cantarlo en latín y se le escapó calamitosamente a Salvador Cortes. Oiga, ¿y por qué dice usted que se le fue si cortó una oreja?, escucho decir a mi alrededor. Pues hombre, porque después de comprobar lo bien y muy suave que embestía en sus buenos lances de recibo a la verónica, después de ver como galopaba en banderillas que, por cierto, colocó de maravilla su hermano Luís, y supongo que a sabiendas de que el toro no estaba sobrado de fuerza – por eso lo cuidaron en varas – fue el chico y empezó la faena doblándose por bajo y obligando al toro una barbaridad. ¡Pero, hombre, por Dios¡ Acto seguido, se fue raudo el torero hasta los medios en su pretensión de citarlo desde lejos, el toro dijo que no, Cortés fue aproximándose sin demasiada convicción ni cruzándose al pitón contrario cual convenía, y como tenía la ventana abierta, lo vio y sufrió un achuchón. En vista de lo cual, cambió de mano y no se acopló al natural por mal colocado en el hilo de pitón. Hasta que, vuelto a la diestra, descubrió por fin que la distancia idónea era la corta y repentinamente acertado en llevar tapado al animal sin quitarle la muleta de la cara, empezó a torear como todos esperábamos consiguiendo finalmente una buena tanda, dándose por satisfecho el torero con lo hecho dado el entusiasmo que había provocado tan parca, torpe y vulgar actuación que incluso fue musicada de principio a fin. Una buena estocada justificó el dispendio y oreja al canto. Oreja tan barata como el cartel. Oreja absolutamente impropia de la categoría de la plaza y de su afamada afición que ayer, como tantas otras veces, pecó de provincianismo y de supina catetez al contentarse con cinco de queso para satisfacción de los mercaderes que explotan este coso. ¡Pues qué bien¡
Salvador Cortes devolvió el regalito en el sexto, tan malo como el resto de sus hermanos. Y no hubo mucho más a resaltar salvo la aparatosa cogida que sufrió Sergio Aguilar en el quite que hizo al primer toro, la otra que volvió a sufrir en plena y pésima faena al segundo por zarrapastrosa, como también la del quinto, y lo de El Fundi que ayer, salvo en sus recibos de capa, no anduvo fino ni acertado con los dos pésimos toros que le cupieron en suerte. Cuando vimos como les pegaban sin piedad en el caballo, nos dimos cuenta de que El Fundi ya no está para estos tratos ni trotes . Sobre todo después de haber descubierto sus artes mayores con ganado más fácil. Es lógico que El Fundi ya no quiera malas coles y, cada vez que se las encuentra, de aquel magistral gladiador no queda ni su sombra.