Como de costumbre, los del Siete estaban manejando la corrida a su antojo. Pero en el tercero de la tarde Daniel Luque los calló. Y hasta tal punto se quedaron mudos. En el sexto no fueron capaces de abrir el pico. Todas las tardes lamento la sumisión de los toreros ante quienes los revientan. Luque ha sido el primero en descararse y hacerlos callar. Por fin esa plaza boba y autista se puso a favor de un torero: un hombre con raza e impronta personal. Un Luis Miguel Dominguín o Antonio Ordóñez tampoco hubiesen tolerado el escarnio. Daniel Luque tiene carácter de figura.
Madrid. Plaza de Toros de las Ventas. Martes, 26 de mayo de 2009. Corrida de la Prensa. Lleno en tarde soleada y con viento. Cuatro toros de Parladé, de hechuras muy desiguales, mansotes y desrazados. El quinto se dejó torear. Dos toros de La Laguna (segundo y cuarto), de buen fondo pero flojos. Uceda Leal (de blanco y oro), silencio en ambos. El Fandi (de grana y oro), silencio en los dos. Daniel Luque (de bugambilla y oro), aviso y saludos desde el tercio. Aviso y oreja. Juan de Dios Quinta y Rafael Campos picaron bien al quinto y al sexto, respectivamente.
Como la actuación de Daniel Luque merece un comentario algo extenso, hablemos antes de lo que apenas tuvo importancia. Uceda Leal no pudo hacer nada con un primero manso, soso y con la cara arriba. El cuarto era mansito y flojete, aunque colaborador. Pero Uceda, en vez de darle sitio y torearsin obligarlo, se puso en corto y le bajó la mano. Él solito acabó con las posibilidades del toro. Uceda sigue como de costumbre: muy buen corte, muy buen aire, pero con una incapacidad total para adaptarse a las condiciones del toro. Quiere dar siempre muletazos muy por abajo y por dentro. El resultado final es el de la faena frustrada y que le valgan muy pocos toros. Una novedad: con la espada no estuvo fino.
A raíz de una faena a un toro de Torrealta en Bilbao, pareció que El Fandi, además de ser un torero bullidor y espectacular, podría llegar a ser un buen muletero. Fue un espejismo. Ha optado por lo más fácil: el torear mucho sin exponer nada. Ayer banderilleó tan veloz como despegado, y tan veloz como despegado igualmente estuvo con la muleta. Su primero estaba muy agotado, pero el quinto, sin llegar a tener un largo viaje, sí que dio muchas opciones. Era noble y se dejaba torear. No vimos nada, y con la espada más de lo mismo. Ventajas todas.
A Daniel Luque le salió un tercero noble que se salía distraído con la cara alta y que no repetía. Primero le dio sitio e intentó torearle largo. Pero pronto vio que así no había nada que hacer. Entonces decidió montarse encima: si el toro no embiste, embestiré yo, debió pensar. Se pegó tal arrimón que puso a la plaza de su parte y calló al Siete. Pero no un arrimón temerario, sino muy consciente y pensando muy bien lo que hacía. Un toro soso y remiso no tuvo más remedio que embestir, porque solo veía muleta: una cosa roja hostigándole en el hocico que se quería quitar de encima. Muy cruzado y muy en corto, obligó al toro a embestir. Esto es usar la cabeza. Se confirma una vez más que el éxito de una tarde de toros depende más de la disposición de los toreros que de la calidad del ganado.
Además de una cabeza de privilegio, Luque tiene clase. Los pases de pecho de cabeza a rabo, fueron preciosos. Y hace una utilización de la distancia corta ojedista con garbo y distinción. Con la muleta en la diestra pero sin estoque, hizo pasar cien veces al toro en torno a su cintura, enroscándoselo como una pescadilla. Ojeda ha dejado escuela en el dominio de la distancia corta, terreno imposible. Para que luego digan que Ojeda no ha sido un torero importante.
Pues Luque lo hace, además, con clase. El final por bernadinas apretadas, rematados con un gran pase de pecho, fue clamoroso... Y entonces llegó lo malo: media tendida traserísima, un pinchazo y una estocada muy trasera también. Apoteosis al garete y saludos desde el tercio.
Salió el sexto, llamado “Calígula”, 610 kilos pavorosos, un auténtico elefante y con cinco años y medio. Salió emplazándose y orientándose. Al caballo lo vapuleó como a un trapo. Luque, muy consciente de lo que se jugaba, lo dejó sin picar. Ojito con la clarividencia del nene, que es clavadita a la de Paco Camino. El toro, sin ser el barrabás que parecía al salir, embestía sin clase y sin terminar de pasar. El aire molestaba y Luque fue al lío. Una faena clásica podían desbaratarla el viento y la poca clase del toro. No hubo apenas toreo con la izquierda, pero la cosa empezó a calentarse con dos ayudados por bajo y un pase del desdén muy pintureros. Después, arrimón ante el elefante y series rematadas con preciosos pases de pecho. Otra vez la gente entregada y de pie, y otra vez una estocada traserísima y dos descabellos. Una oreja después de matar mal.
Hay que echar la bronca a Daniel Luque. Con su pésima espada se ha dejado ir un triunfo de tres o cuatro orejas. Sí, ha dejado impronta de figura y un gran ambiente de cara a su próxima actuación, pero con tres o cuatro orejas tendría al toreo de rodillas. Con lo listo que es, ¿cómo es posible que se tire tan mal a matar? Se va deliberadamente muy atrás mientras no usa para nada la mano izquierda. Una chapuza. Un torero de su categoría está obligado a matar muy bien.
Daniel Luque viene a mandar en el toreo. Ya lo decía Joselito el Gallo: “quien manda en el toro manda en el toreo”. Y Luque manda en el toro. A su lote de ayer, otro torero no le hubiera dado un pase. Es capaz de triunfar ruidosamente hasta con los toros más malos, y a los buenos los torea como los ángeles. Y tiene un capote excelente. Cuando le coja el sitio a la espada, os vais a enterar. Viene a mandar, repito, porque lo tiene todo. Esta sí que es una apuesta de futuro y no tanto protegido de la patronal taurina y del periodismo cobista. Y le queda otra, la del 4 de Junio. Este Luque recuerda a aquél Gallito ambicioso de 1913 cuando acabó con Machaquito y Bombita. ¡Apretarse los machos, que viene Daniel Luque!