Mucho se está debatiendo estos días entre afectos y desafectos de Enrique Poncey de José Tomás sobre los por qué de la imposibilidad de que ambos toreen mano a mano. En esta última ocasión, todo empezó con un nuevo desafío del torero de Galapagar partiendo de unas declaraciones del empresario de la plaza de Barcelona al respecto, inmediatamente manejado por sus principales corifeos en busca, como siempre, de la propaganda, del constante dar que hablar y escribir justo en el momento más preciso, la antesala de una temporada en la que José Tomás empezó diciendo que iba a comparecer en las tres plazas más importantes de España y a la postre solo va a cumplir su promesa en la de Madrid porque a Sevilla no ha querido ir al exigir toda clase de impedimentos, y a la de Bilbao irá por la puerta falsa en un festejo de bastante menor relieve y compromiso que los que componen la feria agosteña de las llamadas Corridas Generales y en el que lo más sobresaliente es que a las arcas de la Misericordia bilbaínairá a parar un buen montón de euros porque actuará supuestamente “gratis”.
Para qué insistir en que nada tiene que ver actuar dos tardes frente al ganado que suele lidiarse en Bilbao en su Aste Nagusia junto a otras máximas figuras, que hacerlo en la siempre amabilísima corrida ahora llamada del Aniversario de la Fundación de la Villa en la que, por supuesto, los toros volverán a ser de Núñez del Cuvillo, ganadería que extermina casi en exclusiva el fenómeno de Galapagar.
En definitiva, que la polémica está otra vez muy bien servida en beneficio de José Tomás y en detrimento de Enrique Ponce quien, al conocer el pretendido desafío, contestó que admitía encantado el duelo en las plazas que se lo propusieran siempre y cuando estos festejos fueran televisados en directo. Condición que ha sido esgrimida por los contrarios al valenciano como fatal excusa, esgrimiendo que tal condición era un subterfugio para no llevarlos a cabo a sabiendas de que Tomás no quiere ver la televisión ni en pintura. Negativa que, por cierto, no es de ahora como dicen agunos, sino de hace mucho tiempo. José Tomás impide ser televisado desde el año 1999, cuando todavía las retransmisiones las hacía TVE – la cadena nacional dejó de hacerlo en 2004 tras la victoria socialista en las elecciones generales – al dejarse llevar por los consejos de Martín Arranz para proteger a Joselito y no tener que acudir a los grandes compromisos, tal y como el mismo José Tomás empezó a evitarlos justamente en ese mismo momento.
Pero, ¿qué temen, por qué José Tomás no quiere que se televisen sus corridas y Enrique Ponce sí?. Pues porque Ponce se acuerda de las muchas tardes en que actuaron juntos - más de 50 veces y dos de ellas mano a mano de Dax (Francia) con victoria poncista – y en España bajo la presión de los muchos partidarios de Tomás que siempre fueron a su contra por sistema intentando reventar sus faenas mientras, enfebrecidos, jaleaban todo lo que hacía Tomás fuera lo que fuese, y por la creciente enemiga de parte de la prensa cada vez más adicta y hasta vergonzosamente dependiente de la organización tomasista que en sus crónicas han ido favoreciendo incondicionalmente al de Galapagar desde que reapareció mediante un asqueroso doble rasero en el tratamiento de sus actuaciones con respecto al empleado con las demás figuras y sobre todo con Enrique Ponce. ¿O no? Son otros tiempos y otras las circunstancias. El mismo cronista que en Valladolid alabó el inapelable triunfo de Ponce con una corrida de Torrealta en la que barrió literalmente a José Tomás y a El Juli, ahora anda metido al frente del equipo propagandista del su “Dios de piedra”. Como cambian algunos, Señor...
Ponce sabe perfectamente que si se televisaran en directo estos festejos, las trampas del por cierto bien alimentado marketing quedarían absolutamente diluidas por la universal apreciación de la realidad de cientos de miles de telespectadores a los que, en consecuencia, sería imposible engañar. Y, claro, eso no le conviene nada a José Tomás. Su conocida alergia a las cámaras, aparte del inevitable desgaste que le supondría ser televisado dado el escaso y perfectamente diseñado, programado, medido y requeteescogido número de actuaciones – algo que a Ponce ni a ninguna otra figura les ha importado nunca sino todo lo contario – le preocupa mucho. La frialdad de las imágenes perjudica notoriamente la manera de hacer de José Tomás. Diestro realmente atractivo visto in situ, sobre todo cuando se deja coger por los toros o cuando le alcanzan o tropiezan por contrariar la razón frente a reses que de ninguna manera admiten lo que quiere hacerles, como por ejemplo le sucedió en Madrid en su segunda corrida en 2008 con toros de El Puerto de San Lorenzo. Riesgo que, a la vista estuvo y está, no volvió a repetirse en ninguna otra parte. Últimamente viene haciendo un toreo más normal y bastante más limpio con respecto a su versión más trágica y morbosa. Tal y como en la pasada temporada frente a los toros que más le convienen de un reducidísimo grupo de ganaderías que el de Galapagar escoge personalmente y además acierta porque como veedor es un fuera de serie. Sus faenas del año pasado en Jerez, en Granada y en Huelva fueron extraordinarias desde cualquier punto de vista y así lo reconocimos todos, pero con reses asimismo extraordinarias en cuanto a nobleza e infinita fijeza. Perfección que ni de lejos logró en las ocasiones que, aún siendo nobles los toros, presentaron dificultades inherentes a la bravura y a la casta. Con los dos mejores de su tarde con seis en solitario de Barcelona, no estuvo a la altura aunque la gente celebró y premió su actuación como si fuera el no va más.
De tal manera, Ponce hace bien en exigir que en el supuesto de que se llevaran a efecto los mano a mano, las cámaras de televisión estuvieran presentes y más si esas corridas se celebraran en plazas como las de Madrid o Bilbao. ¿O es que alguien duda que Ponce no estaría dispuesto a hacerlo frente a una corrida de Samuel en la Vista Alegre bilbaína?
Tomás, ni en sueños porque en cuanto al ganado que ambos han venido obteniendo sus respectivos triunfos, no hay color. Por ejemplo, Ponce se ha enfrentado a 46 toros de Victorino Martín. En valencia mató una difícil corrida de este hierro en solitario con la que triunfó sobradamente. En la temporada de 1999, los mató en Sevilla, en Madrid y en Bilbao. Tomás, ¿cuantos de su tío Victorino?, ninguno. Ponce celebró el 50 aniversario de la muerte de Manolete en Linares con una corrida de Miura. El triunfo más importante del valenciano que le consagró como primera figura fue frente al tremendo y dificilísimo toro de Valdefresno, “Lironcito”, en Las Ventas. La faena más importante que se ha hecho en la nueva plaza de Illumbe en San Sebastián fue la del enorme y mansísimo toro de Charro de Llén. Las incontables de Bilbao con toda clase de ganado, ahí quedaron para la historia. Es un escándalo que algunos bilbaínos, con el presidente del Club Cocherito a la cabeza como capitán de la tomatosis vizcaína y máximo responsable del subterfugio de este año, todavía sigan adorando a quien apenas ha comparecido en su plaza y nunca ha triunfado allí rotundamente. Para qué abundar más en la enorme diferencia que, profesionalmente, distingue a uno de otro toreros. Hasta da vergüenza escribir sobre este tema. Debemos remontarnos, por ello, al pasado más reciente y recordar algunas cosas otra vez más para que los hechos dejen las cosas en el real sitio que corresponde a cada uno.
Y es que nadie debería olvidar las negativas de José Tomás a matar dos toros, una vez en Salamanca y otra en Madrid, como tampoco y sobre todo sus vergonzosas fugas de otras dos corridas que se celebraron en Bilbao y en Pamplona, ambas con Ponce como primer espada en el cartel y triunfando por lo grande en ambas. La primera fue en 1998, con un corridón de Atanasio. Tomás adujo una leve lesión en un dedo que su padre intentó agravar a lo que los médicos se negaron y, justo al día siguiente, toreó en Málaga, también con Ponce, una gatada de Osborne. Y el año siguiente, 1999, en los Sanfermines de Pamplona, lo mismo con otro corridón de Capea. El de Galapagar se fue corriendo a su Barcelona en donde compareció dos días después. Mira por donde, fue precisamente el año en el que, antes de empezar la temporada, Tomás declaró que Ponce le tenía miedo. Siempre la misma canción. Igual que hace dos años al llegar a México. Siempre la propaganda por delante a costa del valenciano, el único torero que obsesiona tanto a Tomás como a sus mariachis. Por algo será. ¡Váyanse todos a paseo¡