Éramos muy amigos desde hace mucho tiempo. Antes incluso de que otro gran amigo también llegara a ser Presidente de la Junta Administrativa de la Plaza de Vista Alegre de Bilbao, después de ejercer como primer presidente civil de la plaza y antes del Club Cocherito, Carmelo Sánchez-Pando. Poco tiempo ha transcurrido entre la muerte de ambos. Pertenecían a la misma generación de grandes aficionados dedicados por entero a la Plaza y a la Fiesta misma. Uña y carne. Como el resto del grupo, siempre viajando en amor y compaña a las ferias de Fallas, Sevilla, San Isidro, Burgos, San Fermín, Santander, Donosti y muchas más en pos de lo que verdaderamente les importaba, la amistad y la Plaza de Vista Alegre. Todos grandes señores y gentes de bien. Altruistas, corteses, alegres y permanentemente ilusionados. Luis, además y como Carmelo, muy apasionados y por ello apasionantes. Daba gusto estar con ellos como con todos los demás amigos entre los que quiero nombrar a Alfonso Ibarra, Juan Mari Gómez Mariaca y Javier Aresti, actual presidente de la Junta tras la dimisión de Luis por haber padecido la amputación de una pierna. Mi pésame más cariñoso a todos y a sus hijos.
Cuando me enteré de la terrible operación, tardé en llamarle. Me daba pena hablar con él por imaginar como sería su estado anímico. Pero cuando me decidí a hacerlo durante las pasadas navidades, al escuchar su voz descubrí que no había perdido un ápice de energía sino todo lo contrario. Pese a tener que moverse inevitablemente sentado en silla de ruedas, empezó a salir para reunirse como todos los días con los amigos para tomar el aperitivo en el bar inglés de Carlton y continuar almorzando en alguno de los restaurantes que más les gustaban a la entrañable pandilla. Pronto empezó la recuperación física que terminaría con la implantación de una pierna artificial y deseando que llegaran las Corridas Generales para volver a la plaza, los maravillosos apartados que tantos años dirigió desde la tribuna de la Junta y a los inolvidables almuerzos en el maravilloso comedor de Vista Alegre en donde tantas y tantas veces compartí mesa y discursos a los postres. Me hacía hablar al final y yo sabía que a él le gustaba hacerlo así. A mi también. Este año, cuando volvamos a Bilbao y al comedor, parecerá que sigues estando entre nosotros. Imposible olvidarte y dejar de quererte.
Siempre preocupado por mejorar las instalaciones de la plaza. Bajo su mandato, Vista Alegre fue ganando espacios para nuevas dependencias entre las que destaca el Museo Taurino, organizado con tanto amor como exquisito gusto. Un precioso mural en el patio cubierto de caballos, más cabezas de toros famosos entre los que destaca el último colocado, un enorme cornalón de Samuel Flores con el que Ponce dio una de sus muchas lecciones en Bilbao y asusta a todos al contemplarla. Y permanentemente ocupado en mejorar la categoría de los carteles de la Aste Nagusia hasta el punto de haber logrado que su feria no solo siguiera siendo la más lujosa del mundo sino que cada año fuera también más y más exitosa artística y económicamente. Un largo y fecundísimo periodo – dos décadas – en el que Luis Díaz de Lezana se entregó por completo a su misión por encima de cualquier otra cosa. Se puede decir que hasta morir inesperadamente y con las botas puestas.
Adiós con mucha pena Luis. Siempre te recordaré y sobre todo te agradeceré la amistad y la entera confianza con que me trataste en cualquier situación y circunstancia. Que han sido muchas para bien y para mal. Y que desde el Cielo continúes disfrutando de todas las ferias que seguirán siendo reflejo de tu gran afición y ejemplar señorío. Descansa en la eterna paz de Dios, amigo mío.