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18.11.2008
Jugosa entrevista a Michael Wigram
Andrés de Miguel entrevistó al famoso gran aficionado inglés para la Revista que edita Toresma. No se pierdan lo que dice.
"Sólo frena su ímpetu para hablar de su vida profesional, a la que se refiere con cierta distancia. Dice que ha sido banquero dedicado a cuestiones inmobiliarias, aunque ahora, retirado, el tiempo lo dedica a disfrutar de los toros y de su familia. Se anima de nuevo al hablar de uno de sus hijos, que ha heredade su pasión por el cine, y ahora es productor cinematográfico en Hollywood. Apenas dice nada acerca de su decisiva participación en la fundación y desarrollo de la revista 6TOROS6. “Estuve siete años apoyando la revista”, comenta, ayudado por su primo, que llevaba la publicidad.
En gran parte me metí en 6TOROS6 por darle réplica a Joaquín Vidal, que atacaba a los toreros sin que tuvieran posibilidad de defenderse.
Pregunta | En general no te gustan los críticos de toros.
Respuesta | Alfonso Navalón ejerció una terrible influencia sobre Madrid y dejó su herencia al imponer un animal fuera de tipo, con su campaña por el ‘toro de verdad’. En su momento tuvo mucha influencia sobre otros periodistas como Vicente Zabala o Molés. El famoso Díaz Cañabate se puso en contra de la fiesta y fue desastroso lo que escribió en el Tomo 7 del Cossío, que también dirigió. De la época de Antonio Ordóñez y Luis Miguel, dos grandes, llegó a decir: “A malos tiempos, buena cara”. Y así en todas las épocas. Gallito tuvo que pagar una fortuna a los críticos de su época. En los años de Manolete decían que los buenos aficionados tenían que ser de Pepe Luis Vázquez o de Antonio Bienvenida. Clarito, en su libro Grandezas y Miserias del Toreo, de 1933, se manifestaba en contra de las ganaderías salmantinas, que salvaron la fiesta.
Fuiste muy seguidor de Antonio Ordóñez, quizá el último torero de gran consenso entre los aficionados.
Tuvo muchos críticos, especialmente en su última época. Sin embargo, ahora que está muerto, todo el mundo dice que es ‘ordoñista’. Esto es lo verdaderamente raro de este país. Todo el mundo está en contra de los toreros buenos cuando están en activo, pero cuando se retiran
se vuelven partidarios. Antonio Ordóñez tenía el consenso de los profesionales, de la mayoría de los toreros. Era recibido por los toreros como un Dios. Paco Camino y El Viti, en presencia suya, sólo eran como… ángeles. Lo he pasado divinamente siguiendo a Ordóñez siete años. También he seguido cinco temporadas a Chenel y llevo doce siguiendo a Enrique Ponce.
Tiene una formidable memoria que pone al servicio de su capacidad, casi inagotable, para polemizar. De modales exquisitamente corteses, no parece estar relajado en ningún momento de la larga charla que mantenemos. La cita es en su casa de Madrid, un luminoso ático en el barrio de los Austrias. Va desgranando suavemente, apoyado por su gran erudición, sus múltiples motivos de polémica: los críticos de toros en general y, especialmente, los de los años 70 y 80. Los públicos, sobre todo los que gritan como el de Madrid o los que miran con distancia como el de Sevilla. Los aficionados que prefieren a los toreros artistas antes que a los técnicos. Los empresarios que se han dejado seducir por el toro grande. Todos forman
parte de su interés por aclarar las distintas equivocaciones en las que, a su parecer, incurren.
Michael Wigram, un polemista enciclopédico.
También fui a muchas corridas de Manolo Vázquez. Anoñete y Manolo eran de mi edad e hice un esfuerzo para seguirles en su regreso. Una aventura que todo el mundo pensó que
no podría funcionar.
¿Te han gustado más toreros?.
Siempre me encantó Paco Camino. Realmente, él fue el causante de mi afición. En los años 60 se daban muchas corridas en Palma. Acudí a una de ellas el 16 de septiembre del 64. Era mi cuarta corrida. Toreaba con El Cordobés y otro torero mexicano. Le tocaron dos toros magníficos de Sánchez Fabrés. Así surgió mi afición a los toros. Para mí el torero más grande, el más natural y el más fino ha sido Jose Mari Manzanares. Siento gran admiración por él. Debido a su temperamento tuvo muchos altibajos, pero en los años 70 fue buenísimo. Recuerdo especialmente sus faenas en Bilbao con los toros de Buendía y Sepúlveda. Manzanares es un torero histórico, mucho más valiente que Curro, pero sin ser Espartaco o Ponce. No tuvo esa disciplina, la mentalidad de no dejarse ganar la batalla. Su salida por la
Puerta del Príncipe llevado a hombros por sus compañeros ha sido la salida más auténtica y merecida en la historia de La Maestranza, pues fueron los toreros, con la Duquesa de Alba y toda la sociedad de Sevilla diciendo no, los que forzaron la puerta. El resto de los toreros le tienen un gran respeto. Con Espartaco, tengo que reconocer, he tardado bastante en entender lo grande que era. Hasta que vi su faena en Sevilla con el toro de Cebada Gago en el 87. Espartaco consiguió cinco Puertas del Príncipe, con la gente de Romero en contra. También me ha encantado Dámaso por su temple y valor. Llegó a templar la embestida de los toros de Miura y Victorino en su última época. Otro torero que me ha gustado y no se ha reconocido es Paquirri, con el toro complicado. Era un poco rígido, pero muy capaz, aunque tuvo en su cabeza que una figura del toreo no se debía enfrentar a los miuras por considerar que, si los mataba, bajaba de categoría. También me ha encantado Joselito. La época en la que coincidieron Joselito y Ponce fue importantísima. Capea no me gustó nada en su primera época, pero al final fue extraordinario, también Roberto Domínguez y Julio Robles. Y muchos más, desde Miguelín hasta El Juli.
Ahora sigues a Enrique Ponce.
Enrique Ponce, con la muleta, lo tiene todo: capacidad, arte, valor y conocimiento. Además de ser muy bueno, se enfrenta con todo tipo de toros. A veces, le digo que me gusta verle con toros complicados y, cariñosamente, me contesta: “!Que mal aficionado eres¡”. El pasado año, 2007, presencié 51 de las 60 corridas que toreó. Fui testigo de grandes faenas como las de Málaga, Almería, Dax, Pontevedra, Valencia… Sin embargo, para mí la más importante fue la que realizó a un toro malísimo en Santander. Al final de la faena consiguió sacarle cuatro
derechazos extraordinarios. Para eso es único, siente satisfacción al imponerse a los toros complicados. Pero le gusta disfrutar y cuando tiene rachas de toros malos se queja: “Yo también tengo derecho a torear a gusto”. El toro es su vida. En cierta ocasión vi como toreaba de salón mientras esperaba un ascensor. Fue en el mes de septiembre y llevaba toreadas cien corridas de toros. Figúrate, un día de lluvia en Logroño, todos exhaustos y él estaba toreando un toro imaginario. Tiene más afición que nadie, por eso sigue a pesar de las presiones de la familia. Es un hombre con mucha energía, pero su motor es su afición.
¿Puede su enorme facilidad influir negativamente en la respuesta del público?
Es el problema de buscar emociones. Yo prefiero la inteligencia. Me encanta ver a un torero capaz de resolver problemas con aparente facilidad, con destreza, aunque sufra mucho en su fuero interno. No me gustan los toreros que quieren imponer la faena que tienen en la cabeza a todos los toros, ni los que hacen el poste y se pasan al toro lo más cerca posible y acaban empapados en sangre. No me han gustado ni El Cordobés, ni Mondeño, ni Ojeda, ni Tomás.
¿Y los toreros artistas?
Algo extraño en los toros es la sobre valoración de toreros como Romero y Paula, que no han hecho absolutamente nada, excepto dejar que los picadores mataran sus toros y después poner posturitas. Aunque tuve una época bastante ‘currista’, pues le vi muy bien en Sevilla en el 67 y en Madrid en el mano a mano con Antonio Bienvenida. Después me borré en una corrida que mató en solitario en Sevilla, un saldo de ganaderías en un día de mucho calor con media plaza. No hizo nada y le regalaron 3 ó 4 orejas con animales impresentables. Fui en avión desde Londres para verlo. Lo maravilloso del currismo es que se habla de las seis salidas a hombros de Las Ventas, pero no se dice nada de las 37 veces que tuvo que salir protegido por la policía. En el año 80 estuvo tan mal en Dax, que la policía no le pudo sacar de la plaza, le tuvieron que mantener dentro y cerrar las puertas. Se le homenajea en el Club Cocherito de Bilbao, en cuya plaza no hizo apenas nada… Si quieren dar un homenaje, dénselo a Ruiz Miguel o a los hermanos Campuzano. A Paula le vi bastante, pues tuve una casa en Cádiz cuando mis hijos eran pequeños y la plaza más cercana era Jerez. En Jerez y El Puerto era distinto. En esas plazas salía con mucho más pundonor, con más ganas de hacer algo. Pero si quitas esas plazas de la pequeña historia de Rafael, se queda en nada. Aun así, las trayectorias de Romero y Paula con sus triunfos, desastres y exageraciones, son muy interesantes. Ahora está Morante, al que considero mejor que Curro Romero o Paula en sus mejores tiempos.
Has presenciado alrededor de 4.000 festejos.
Me gusta el espectáculo al completo: los tercios, la música, el paseíllo… hasta los gritos, todo. Tengo una intoxicación. Sin embargo, no suelo acudir a una feria completa, ya que hay toreros
y ganaderías que no me gustan. En más de 40 años como aficionado, al final de la temporada, siempre he quedado satisfecho."
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