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13.01.2009
La más rabiosa y sonora actualidad desde el otro lado del charco
Los “escapularios” de Ponce, las “catedrales” de El Juli y los repetidos triunfos de Luís Bolívar que arrasó en su Colombia han dominado el panorama taurino de la primera parte de la temporada americana a la espera de lo que ocurra en La México a partir del próximo domingo donde varias grandes figuras españolas alternarán sucesivamente con el más joven elenco de espadas aztecas que, este año, han dado motivos para la esperanza como hacía mucho tiempo no ocurría. También han embestido muchos toros últimamente en la Monumental de Insurgentes, como en Lima, en Quito, en Cali y en Manizales aunque en esta feria tuvo un serio tropiezo la ganadería de César Rincón, el año pasado infalible en sus éxitos ganaderos. Mientras tanto, en España la crisis preocupa muy seriamente a los profesionales más avezados del empresariado y la máxima atención se centra en la próxima feria de Valdemorillo que anuncia carteles francamente atractivos y, sobre todo, en un acontecimiento realmente oportuno, la actuación en solitario de César Jiménez con seis toros de distintas ganaderías.
Escribo mientras amanece sobre el Central Park de New York donde velo armas antes de partir hacía México el próximo viernes. Prefiero hacerlo así para acomodarme mejor a los cambios de hora y mirar el panorama con suficiente perspectiva. Aunque la crisis está nublando muchas esperanzas y, cómo no, también el inmediato devenir de la Fiesta se nos presenta gris en cuanto al número de festejos que, forzosamente, tendrán que reducirse, no hay mal que por bien no venga porque ello obligará a mejorar la calidad de los carteles para hacerlos más atractivos y a la gente no le importe tanto rascarse los bolsillos para ir a los toros. No va a ser fácil que los públicos traguen con abonos repletos de medianías cuando no de irrecuperables. Las plazas de propiedad pública tendrían que modificar drásticamente los pliegos de arrendamiento si no quieren que ocurra como lo que acaba de pasar en Cartagena de Indias donde se tuvo que suspender su feria porque los turistas no acudieron a las taquillas como solían. Un serio toque de atención para las plazas que han vivido tantos años de las avalanchas turísticas.
Pero bueno, dejémosle estar al desagradable tema porque quienes no están echándose fuera de sus compromisos ni de sus responsabilidades son las figuras de siempre y los que luchan de verdad por serlo. Ahí están como máximos ejemplos los dos que llevan ya muchos años sin querer dejar que nadie les pise los talones. Admira la ya increíble permanencia de Enrique Ponce que este año cumplirá su vigésima temporada como matador de toros en la cumbre y para qué hablar de quien le va a la zaga aunque sean diez – también muchos - los años que lleva en un machito de superlujo, El Juli, que acaba de ganar su segunda Catedral en Manizales. ¡Lástima que no vaya a estar presente en las corridas del aniversario de La México¡. Estará en otros ruedos aztecas, sí. Pero no es lo mismo.
Como no es lo mismo torear en Bogotá que en otros sitios de Colombia dicho sea con todos los respetos para las demás plazas del bellísimo país. Lamentamos, por eso, que tampoco Ponce vaya a actuar en la Santa María tras su gran triunfo del año pasado en la corrida de la despedida de César Rincón con reses del propio maestro bogotano. Cada uno indultó un toro y, como suele ocurrir, el doble éxito contribuyó para que el valenciano exigiera la corrida de Rincón para volver este año. Pero la empresa se la dio a José Tomás – la matará con Manzanares el 8 de febrero – y Ponce no aceptó el desaire. Esperemos que la jugarreta no termine mal a la vista de cómo le salieron los toros a Rincón en su corrida de Manizales.
Aparte los privilegiados Ponce y El Juli, quien este año está quedando plantado en todo lo alto de la temporada americana entre la grey torera es Luís Bolívar. Su al parecer ya imparable ascensión, la vimos venir el año pasado en los Sanfermines con una terrible corrida de Cebada con la que estuvo sensacional a pesar de no triunfar por lo que a orejas se refiere. Fue una de esas actuaciones “sordas” aunque importantísimas de las que solo se enteran unos cuantos. Y ahí están los resultados. A Bolívar deberían ponerle ya al menos una vez junto a los grandes en cada feria que se celebre en España y en Francia. Él será quien tendrá que ratificar lo que acaba de conseguir en las plazas de su tierra.
Bolívar fue un gran novillero. Luego no aguantó el tirón de verse casi todas las tardes que siguió como matador forzado a matar los toros de sus entonces apoderados – Victorinos –, pero aunque pareció desfondarse y así lo dijimos en su momento, tanto sufrimiento también le hizo aprender y adquirir experiencia y sito, sobre todo sitio. El que ahora mismo tiene sobrado Luís como así nos complace reconocer y proclamar. Que siga la racha y que no decaiga.
En América también ha destacado quien siempre fue muy querido y arropado por estos lares, Sebastián Castella. Admirable su lucha por reconquistar lo perdido. Una pena que se le escaparan no pocos grandes triunfos con la espada. Pero ha de quedar aquí constancia de que Sebastián, lejos de flaquear, continúa en la lucha.
Y también en la lucha, como si viera la luz al final de un largo túnel, vemos a César Jiménez dispuesto a matar seis toros en solitario en la plaza y feria de Valdemorillo que este año anuncia un ciclo verdaderamente atractivo. El de Cesar será el primer faro que ilumine la temporada española y ojala que así sea porque este es otro de los toreros que hay que rescatar. Su particular historia en la que tanto como novillero que como matador de toros pasó del éxito incesante en todas las plazas del mundo durante tres temporadas consecutivas a un olvido excesivamente duradero, ha vivido no pocos avatares y, sobre todo, injusticias durante las dos últimas campañas porque quizá sea César Jiménez el torero peor tratado por gran parte de la prensa de los últimos años. Vamos, una campaña como para abandonarlo todo que él ha encajado con elegancia y puntuales respuestas en los ruedos desde una madurez difícilmente curtida que, pienso, también le ha venido de perlas. Aunque yo no podré estar en Valdemorillo para verle y escribir después sobre lo que ocurra, desde el otro lado del charco envío a César mis más fervientes deseos para que le acompañe la suerte y obtenga un gran triunfo.
Termino por donde empecé. He leído las declaraciones que han hecho los empresarios Simón Casas y Antonio Matilla sobre los efectos de la crisis en la Fiesta y no puedo sino darles la razón. Se duelen de la falta de apoyo de los poderes públicos y se muestran dispuestos a reducir festejos que a partir de ahora serán improductivos. Piden con toda razón y yo lo repito que los pliegos de condiciones arrendaticias hay que modificarlos y mucho. Saben mejor que nadie que el público en general que acude a las plazas sin más afición que el ir por ir a los toros, ha tocado a su fin. Saben también que solo podrán salvarse los espectáculos de calidad. Ha llegado el momento de limpiar la Fiesta de hojarasca y ahora por necesidad imperiosa.
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