Publicado en El Expectador por Víctor Diusabá Rojas
Y sin toro en la plaza, ni modos. Y además, sin toro ni por dentro, ni por fuera. Porque el encierro de Juan Bernardo Caicedo tuvo, en algunos de sus ejemplares una presentación indigna de la primera plaza del país; y además, poco y nada allá adentro. Y si a eso le sumamos el hecho de que dos toros resultaron descoordinados, pues, como se dice en el mundo del toro, la ruina de Pamplona.
Una pena porque, primero, ese no era el final que se merecía la temporada bogotana; y menos, un cartel para hacer una tarde grande. Por eso, porque las cosas estaban para quitar los goznes de la puerta grande y porque la gente se había hecho una ilusión justa, la bronca anduvo de tendido en tendido, e incluso, en casos aislados que no faltan, pasó la raya, no sólo de la decencia sino la del buen juicio.
Y claro que hubo dos orejas cortadas, una por El Juli y otra por Luis Bolívar, pero supieron a poco, incluso para ellos. En las buenas manos de Julián López estuvo ese segundo de la tarde bis, que había suplido al maltrecho inicial. Lo dejó crudo porque a la luz asomaba la falta de fuerza. Tras un quite de esos que caben perfecto en la definición de pinturería, el de Madrid se fue a los medios con la muleta para sacar dos series templadas con el único pitón donde había recorrido: el derecho. Y cuando se agotó lo poco que llevaba en sus lomos el de Juan Bernardo Caicedo, se puso en el sitio donde se ponen pocos. Una oreja y el cariño de esta plaza que para él no tiene fecha de caducidad.
Lo de Bolívar fue con el vestido palo de rosa y oro, y cabos negros. Pero igual lo hubiera podido hacer con el de monosabio, porque trabajó hasta donde le dieron las fuerzas y la paciencia, ante un manso de libro que se fue a vivir en los adentros. El Palco lo pensó un buen rato antes de sacar el pañuelo blanco, pero al final cedió al empuje popular.
El resto cabe en una palabra: insoportable. Porque entre la sosería y la falta de fondo se vieron desfilar cuatro turnos más y sin ningún aliciente. El otro de El Juli, cuarto de la corrida, no quería pero tampoco podía. Y el primero de los de Bolívar, tercero de la tarde, se hizo de rogar, De todas maneras, Luis arrancó lo que pudo. Palmas al torero colombiano.
Y de Cayetano hay que decir que confirmó su alternativa y que persistió. Nada más. Sus toros no valieron siquiera para que mostrara tantas cosas buenas que lo llevan camino a ser un hombre dispuesto a marcar una época.
Otra vez será y muchas gracias, le dijo una afición que volverá el próximo, pero que dejó oír sus exigencias.