El titular, para la principal noticia. Pero se queda corto. Hubo mucho más ayer en Montoro. Más allá del indulto, una buena corrida de Jaralta, con acometividad y nobleza, virtudes que vinieron a tapar otros defectos y que fueron fundamentales tanto para perdonarle la vida al cuarto como para darle la vuelta al ruedo al segundo. Y más allá de los toros, dos grandes toreros: Ponce y Finito, ambos rivalizando en clase, torería y mando. También un David Valiente que, aunque menos resuelto, estuvo entregado. Así, al final, todos a hombros en una plaza abonada a los triunfos desde que la gestiona Andrés Mora. A estas alturas, no debe ser ya casualidad.
El acontecimiento de la tarde llegó en el cuarto. Ponce, que ya había toreado estético a su primero, dio una lección de temple frente a Aguadulce. No se empleó el animal en el capote, acudió al caballo al relance y empujó con la cara arriba, e incluso estaba un punto huidizo y escarbó antes de que el matador tomara la muleta. Pero a partir de ahí, su acometividad y nobleza y, sin duda, la mano de seda del torero lo llevaron hasta el indulto.
El trapo siempre puesto, los muletazos engarzados, la embestida cosida y la plasticidad fueron los pilares de una faena que, ya avanzada, llevó el delirio a los tendidos en dos circulares con las piernas flexionadas que salieron inmaculados. Y a continuación, con la planta erguida, hundido el hombre, un toreo delicioso. Ahí hizo amago de rajarse el toro, pero supo sostenerlo Ponce llevándolo muy tapado, imantado a la muleta, mientras se pedía un indulto que la presidencia concedió.
Antes, en el segundo de la tarde, el otro toro premiado, este con vuelta al ruedo, también Finito estuvo a un alto nivel. Lo hizo ante un ejemplar de Jaralta de engañosa pelea en el caballo, al que acudió hasta tres veces, pero al relance o saliendo rebotado de uno a otro, empujando además de costado. Huidizo y pegando arreoncitos, incluso mediada la faena miró las tablas con intención de irse. Pero supo aprovechar el torero la acometividad y la nobleza del animal y despejarle las dudas. Despatarrado, Finito acompañó los muletazos con todo el cuerpo dibujando derechazos rotundos. Luego, con la planta más relajada, elegancia y mando. Muy dispuesto el hombre, tiró mucho del animal en el último tramo. Las dos orejas no tuvieron discusión.
El quinto se le quedó a Finito en el caballo y en un volantín. Se empleó en alargarle el viaje y en rectificar la colocación para engancharlo, pero le costó responder al jaralta y al torero, matar. Algo que hizo muy bien Valiente en su primero, animal de mucha clase con el que estuvo correcto pero sin romperse. No obstante, se mostró entregado, como también en el sexto, queriendo mucho aunque desigual en una tarde, al fin, triunfal para todos.
Publicado en el diario Córdoba por Rafaél de la Haba