Aunque veníamos temiéndolo y anunciándolo, anoche tuvo lugar una de las muestras más graves de falta de respeto y de desprecio a la profesión taurina que hayan sucedido últimamente. Tras la votación de los miembros de un jurado nombrado al efecto de lograr lo que la dirección del programa Clarín se había propuesto desde que se anunció cómo serían los nuevos mecanismos que se emplearían para conceder la Oreja de Oro, el vencedor por mayoría de votos resultó el diestro José Tomás, quedando sin el trofeo quien más lo ha merecido este año con notabilísima diferencia sobre todos sus compañeros, Miguel Ángel Perera.
Una más con José Tomás a quien le sigue bastando lo que hace o, mejor dicho, lo que no hace, para ser considerado máximo protagonista de una temporada en la que solo ha toreado en veinte escogidos festejos entre los que únicamente en tres logró triunfar sin discusión y con verdadera categoría, mientras que Perera triunfó en todas y cada una de las plazas de España y de Francia frente a toda clase de ganado y alternando con todas las figuras – incluyendo a José Tomás al que bañó las dos veces que actuaron juntos - con más regularidad y fuerza que jamás se había visto en el toreo. ¿Para qué les vale a algunos lo hecho por Perera? Ya lo hemos visto: para demostrar lo malos aficionados y lo incompetentes que son. Porque una cosa son los gustos o los dichos y otra los hechos.
Para que Tomás consiguiera esta última Oreja de Oro, se han tenido que reformar y retorcer los procedimientos establecidos durante muchos años, sencillamente porque con tan pocas corridas de ninguna manera podría haberse consumado la afrenta. Mejor hubiera sido no implicar a tantos en una pantomima democrática que, inevitablemente, ha terminado con el prestigio del hasta ayer preciado trofeo.
De nada sirvieron las más que razonables explicaciones de sus respectivos votos favorables a Miguel Ángel Perera por parte de tres miembros del Jurado, Federico Arnás, José Luís Carabias y Eduardo Martín Peñato, contrarios a la opinión de los demás, consecuentemente a la competencia en la materia de los dos acreditados periodistas – ambos exdirectores de Clarín -, y del ilustre ganadero. Pero para qué insistir en algo tan injusto como turbio que al final ha terminado siendo ridículo. Cada cual ha quedado en el sitio que le corresponde. No así esta Oreja de Oro que, por cierto, José Tomás no había logrado nunca, ni siquiera en las tres mejores temporadas de su vida como lo fueron las de 1997, 1998 y 1999. Claro que, por entonces, la “tomatosis” apenas estaba incubando.