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Jose Antonio del Moral
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18.06.2011
¿Peligran también los toros en San Sebastián?

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17.06.2011
El pulso de la temporada: Lo que pasó en Madrid y lo que nos espera

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13.06.2011
El Pulso de la Temporada. Lo que pasó en Madrid y lo que nos espera

José María Manzanares, Alejandro Talavante, El Juli, Cesar Jiménez, Iván Fandiño y Rubén Pinar fueron los triunfadores de este año en Las Ventas junto a las corridas de Juan Pedro Domecq, de Javier Pérez Tabernero y al toro “Arrestado” de Alcurrucén

Si las pasadas ferias madrileñas apenas dejaron  regusto positivo fue porque algunos de los muchos buenos toros lidiados cayeron en las manos de toreros capaces de aprovecharlos, independientemente de las orejas que cortaron que eso es lo de menos en Las Ventas siempre dependiente de los caprichos de sus enquistados reventadores. Fueron estos: Un maestro superconsagrado, El Juli; dos jóvenes figuras, José María Manzanares y Alejandro Talavante; un rescatado, César Jiménez; la más reciente revelación, Iván Fandiño; y el por fin adelantado, Rubén Pinar. El resto de los que cortaron orejas no pasaron de sumarlas para la estadística. 

Claro que también hubo excelentes reses en todo o en parte desperdiciadas, a la cabeza de las cuales figura la mejor y más premiada, el llamado “Arrestado” de Alcurrucén del que Sebastián Castella cortó una sola oreja que debieron ser dos si hubiera estado a la altura de tan extraordinario oponente. Otro mal paso del francés que está de capa caída aunque todavía protegido por sus apoderados y por la crítica al servicio de la casa. 

Corridas premiables solo hubo una, la primera de Juan Pedro Domecq, confirmándose el buen momento de la últimamente  denostada ganadería, justo tras la muerte de quien fue su penúltimo dueño que no pudo gozar de sus más recientes éxitos por aquello de las piruetas del destino. Podríamos decir, pues, que Juan Pedro Domecq Solís reinó después de morir.

Por seguir con los mejores toros lidiados en Las Ventas, añadamos que junto al unánimemente premiado de Alcurruén, tres más también podrían haber sido distinguidos con parecidos o incluso mayores méritos: uno de El Ventorrillo, otro de Peñajara y otro de Los Bayones. Y por lo que respecta a las ganaderías tenidas por toristas, señalar el estrepitoso fracaso que tuvieron la mayoría, salvándose apenas por un toro la monstruosa corrida de Cuadri que no pocos aficionados y críticos calificaron de encastada cuando lo que dominó en el juego que dio fue la mansedumbre y el genio. Es lógico que en Madrid sigan confundiendo la casta con el genio por la sencilla razón de que quienes más influyen desde los medios más penetrantes, los  televisivos, son los que habitualmente piensan lo mismo. Algo increíble que llega hasta la barbaridad que supone dar crédito de principal profesor de futuros periodistas taurinos a un sujeto que no sabe nada de toros y que ni siquiera le gustan. Vivir para ver. Pero bueno, el caso es que, tras Sevilla y Madrid, la gran temporada empieza ahora y al menos podremos librarnos de estar cerca de esta clase de atrevidos e intrusos instalados desde hace tiempo en importantes tribunas. Madrid es la mayor víctima del increíble desafuero. Y es que hasta los políticos que pudieron remediarlo, le sostienen. Ello explica también que continúen dominando el ambiente de Las Ventas los sectores integristas que forman los sistemáticamente reventadores de las figuras. Su comportamiento contra El Juli en la Corrida de La Beneficencia fue bochornoso. La presidenta Esperanza Aguirre tuvo que soportarlo junto al Príncipe Felipe. Además de El Juli, otro torero sufre en Madrid aún mayor acoso, El Fandi. Creo que ha llegado de hora de cortar de raíz a estos energúmenos, especialistas en arruinar las pocas corridas atractivas que se programan en la primera plaza del mundo. Ahí quedó la de La Beneficencia como último ejemplo. Otro asunto de no menor importancia en el que estamos implicados los opinantes, es el de la presentación de algunas corridas. Siendo cierto que en las que mataron las figuras hubo problemas en los reconocimientos y posteriores censuras por la “pequeñez” de algunas reses, la mayoría de estas fueron las que propiciaron las mejores faenas. Además, esas “raspas”, esos “becerros” esos indamisibles toros, lo fueron pòr edad e integridad y todos el doble en tamaño y trapío de los que mataron las figuras antes de que empezara a exigirse el toro grande, ande o no ande. Algo que, dicho sea de paso, es la causa de que en la mayor parte de las corridas en plazas de primera sean desesperadamente aburridas. ¿O no?      

Dicho esto, la verdad es que la jerarquía del toreo actual empezó a cambiar en las ferias de Valencia y de Castellón. Pero fue en la feria de Sevilla y en la madrileña de San Isidro cuando el nuevo panorama quedó más claro. Lo que no quita para que en los ciclos que vienen, los puestos en los que cada cual vaya asentándose serán más definidos hasta que lleguen las Corridas Generales de Bilbao en donde será la hora del examen definitivo una vez celebradas las corridas de La Semana Grandede San Sebastián que, tras la llegada al poder municipal del partido eterra Bildu, está por ver si se celebran con plena normalidad, con poca  o  con ninguna. Hay muchísima preocupación al respecto. 

Si la temporada de 2011 está siendo histórica es porque, por primera vez en muchos años, la batalla para alcanzar el cetro la están ganando dos jóvenes figuras que, hasta ahora, no habían decidido conseguirlo en serio y con todas sus consecuencias. Me refiero a José María Manzanares y a Alejandro Talavante aunque, dadas las características y las virtudes varias que coindicen en el alicantino, la impresión general es que será Manzanares quien más pronto que tarde se sentará en el trono para permanecer en él durante un largo periodo de tiempo.

Hasta ahora mismo, los dos primeros puestos los venían ocupando Enrique Ponce, y últimamente con indiscutible autoridad y madura juventud, El Juli. Pero el valenciano lleva dos años voluntariamente apartado de la contienda aunque a veces continúe diciendo su particular “aquí estoy yo” desde el privilegiado lugar que se ha ganado al ser protagonista de la carrera más brillante y más larga de la historia del toreo – eso no habrá quien se lo quite aunque algunos parezcan olvidarlo –, mientras que el madrileño continúa defendiendo su primacía con uñas y dientes sin dejarse pisar el terreno por los que más le acosan con la particularidad de ser al mismo tiempo tan guerrero como siempre y ferviente admirador de sus más encarnizados rivales con los que, además, mantiene una estrecha y sincera amistad personal. Circunstancia que, aparte de ser apasionante, está siendo enternecedora. Pocos grandes toreros como El Juli habrán sido al mismo tiempo enemigos profesionales de sus más queridos amigos en lid a los que no solo teme, sino admira desde lo más hondo de su alma. El solo hecho de ver cómo ha celebrado públicamente los triunfos de Manzanares a quien en Madrid llegó a besar para felicitarle pese a lo que lo hecho por el alicantino supuso de victoria inalcanzable por el efecto del término de la comparación que en todas sus corridas pesó como una losa a los alternaron con él, dice todo al respecto.  Así pues, será a partir de ahora cuando los aficionados podrán disfrutar más de la guerra que se avecina frente a toros menos grandes y más posibles para el triunfo, como también ante públicos más festivos, lo que nos dará la oportunidad de ver faenones imposibles en Las Vantas.

Una vez proclamados los triunfadores de Madrid, como también los que han subido o han bajado enteros, habrá que estar pendientes de lo que siga logrando José María Manzanares – campeón en todas las grandes ferias que llevamos celebradas -, Alejandro Talavante por autor de la mejor faena en Las Ventas, así como de los que se han salvado por los pelos, El Cid y Sebastián Castella aunque este con el hándicap de no haber aprovechado del todo el mejor toro del ciclo, mas quien resultó el gran rescatado, César Jiménez, Iván Fandiño,  que ha sido la máxima revelación, y Rubén Pinar que en la penúltima tarde del Aniversario dio un largo paso adelante. estos tres deberían copar mejores puestos en muchas de las próximas ferias si es que hay justicia y las empresas no siguen poniendo a los muertos que seguimos padeciendo a cuenta del dichoso intercambio de estampitas. A los empresarios deberían prohibirles apoderar a ningún torero y viceversa. Así se terminaría con todos los gandules que siguen pululando en la mayoría de las ferias. 

De los que el año pasado más cerca estuvieron de ocupar lugares en la primerísima fila, además del alicaído y ya aludido Castella, también ha quedado rezagado Miguel Ángel Perera no tanto por culpa propia sino por la pésima suerte que está teniendo con los toros desde su triunfal paso por Fallas en Valencia. Ambos tendrán que apretarse los machos en las muchas ocasiones que les esperan si quieren que se les siga teniendo en cuenta entre los más importantes.

Pero ya que hablamos de ilustres rezagados, debemos mencionar también al más distinguido, Morante de la Puebla quien, desde su gran tarde en la madrileña plaza de Vista Alegre, no ha vuelto a ser el que todos esperamos sea cada vez que actúa. Y es que, se mire por donde se mire y digan lo que digan sus más acérrimos, este año no está física ni mentalmente como estuvo en las anteriores campañas. En su actuación en la Corrida de la Beneficencia. quedó patente lo que digo. Ya veremos si se repone y ojalá que lo consiga. Ello aparte de su innecesaria y a todas luces perjudicial apoderamiento por los mismos que llevan a Cayetano, el gran convidado de piedra del toreo a quien, fracaso tras fracaso, los empresarios siguen contratando increíblemente en casi todas las ferias con un rango que en absoluto merece y, para colmo, aceptando el ganado que le preparan y quitando puestos a los que harían bastante mejor papel.   

Además de Cayetano, todos los demás están como estaban para bien o para mal y algunos peor que estaban, sin olvidar el buen aunque por el momento insuficiente papel que este año han cubierto los varios toreros mexicanos que han comparecido en Madrid. Y ahora a esperar lo que ocurra en las ferias veraniegas, este año de rebajas en su mayor parte – sobre todo la infumable de Vitoria – por aquello de la crisis aunque también por otras razones. El Ayuntamiento vitoriano se ha equivocado cortando su presupuesto para dar toros. Así no lograrán que la gente vuelva en masa a la nueva plaza cubierta. Deberían aprender la lección de Santader, modelo en la recuparación de su plaza arruinada. 

Refiriéndonos a las más importantes ciclos de julio, Pamplona y Valencia, están siendo motivo de no pocas especulaciones y disputas. A los próximos Sanfermines, de entre las figuras solo irá El Juli, lo que le honra. Pero que no vayan toreros tan destacados como Manzanares y Talavante – sin hablar de Ponce que hace tres años se despidió allí para siempre y de Morante que esta temporada no anda para hacer proezas – ha dado lugar a que sean criticados por los mismos que no osan exigir lo mismo al ansiado figurón por reaparecer que, por lo visto, continuará gozando de bula.

En el fondo de tales ausencias y de las que seguramente llegarán los próximos años, subyace algo que parece desgraciadamente irremediable: las peñas que inundan los tendidos de sol, cada vez menos interesadas en lo que ocurre en el ruedo pamplonica, y la progresiva huida de los aficionados de sombra, hartos de soportar el incesante y molestísimo rugido de los mozos pase lo que pase, como también los toreros, aún más hartos de jugársela ante las reses más grandes y agresivas de la campaña sin apenas eco de lo que arriesgan y, aún menos, de lo que hacen aunque sea para bien. Una pena.  

Menos mal que esta temporada podremos asistir a las ferias de Valencia y a la de Santander porque no se solapan y tendremos ocasión de ver lo que ocurre en ambas. Lo más excitante acontecerá en la capital mediterránea en donde su empresario, Simón Casas, ha conseguido que un día antes de que reaparezca José Tomás en muy pobre compañía, actúen juntos nada menos que Ponce, El Juli y Manzanares. El contraste de haceres y pareceres está servido.    

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