El gran artista de La Puebla de Río y, por sevillano, el de más honda e inspirada torería del mundo, además de ser el más valiente de todos los que haya habido de su corte, también uno de los más caprichosos y, por ello, tantas veces imprudente o irreflexivo cuando no imprevisible en sus decisiones. Y esto, lejos de beneficiarle, le hace mucho daño en su devenir profesional. Pero no en su “misterio” que es lo que le mantiene por encima incluso de triunfos y opacidades varias. Punto y a parte, pues, por lo que seguirá donde está hasta que le dé la gana aunque sin ganar tanto como quisiera. Su “exclusiva” este año fue muy difícil por no decir imposible de cumplir y ahora parece que le van a apoderar otros. A ver si encuentra un mentor definitivo. También merecen lugar de respeto los toreros llamados legionarios. El solo hecho de sostener el entramado de las corridas llamadas toristas – casi todas ya sin sentido ni apenas interés y no me refiero a las buenas - Victorino y Fuente Ymbro – sino a las ya casi innombrables por el declive que padecen hasta dar vergüenza ajena, son dignos de tener en cuenta. Se fue – ya era hora - Pepín Liria con sobradas aunque merecidas despedidas que honraron su bien ganado sitio durante tantos años Permanece ya como jarrón casi chino el más simpático y extravagante de los héroes, Juan José Padilla. Se afirma el pequeño que ahora más ruge, Rafaelillo. Luís Bolívar merece salir de este corral. ¿También Javier Valverde? Yo creo que sí. Y El Fundi continúa en el trono de la dureza, aunque después de probar lo bueno con dos faenas antológicas, la del gran toro, bravísimo y noble, de Cebada en Almería, y la más creativa e inspirada de su vida en Barcelona, digo yo que tendría que decir a las empresas: “denme sitio en otra parte, o un poquito de por favor”. Domingo López Chaves merecería más aunque sea un tanto desigual. Luís Francisco Esplá y Encabo, inevitablemente en decadencia. Y ¿los demás? Pues solo un parrafito para cada uno de los que aún lo merecen y se les debe esperar o soportar. Porque a los muchos inaceptables, ni los nombraré. Ya estamos hartos. Es una vergüenza ver tanta hojarasca torera sin remedio en casi todos los abonos feriales.
Con muchos atractivos detrás, Tomás los del imborrable “terremoto” de sus tres primeros años más dorados. Y Cayetano los de la prestigiosísima e impresionante historia de sus antepasados (El Niño de la Palma, Antonio Ordóñez, Luis Miguel Dominguín, Paquirri…), con el añadido de sus circunstancias más personales. Fue lógico que la atención mediática se centrara en los dos, sobre todo en el de Galapagar que, además de sus incuestionables virtudes y extraordinaria personalidad, es todo un fenómeno que pasará a la historia de la propaganda taurina. Pero la realidad fue que éste cerró su campaña con solo 20 corridas - lo que quiso, como el año anterior de su reaparición - ocupando el número 41 del ranking. Cayetano se quedó en el 16 con 53 aunque podría haber sumado más festejos de no haber sido gravemente herido en Palencia. Bastante más seria y completa su temporada, a pesar de todo, por tanto. Ambos y sus respectivas organizaciones cuando no la legión de adoradores “voluntarios” de toda condición, obraron para que todas y cada una de sus comparecencias fueran requeteanunciadas previamente y comentadas más que profusa y exageradamente en los medios después de celebradas, renunciando la mayoría de la crítica a hacerla fieles a la más pura y cruda realidad. Y todo ello, contando con la incondicional idolatría de sus seguidores y del público en general que, en la mayoría de sus tardes, les dio igual lo que hicieran para bien o para mal, el trapío de las reses que escogieron y quienes fueron los toreros que les acompañaron.
Los tres, cada cual en su medida, categoría y caché, fueron los que más habían perdido y, al final, terminaron salvados o, al menos, con mayores y mejores expectativas que las que presentaron en el arranque de sus respectivas campañas. Sebastián Castella con muy abultadas y lógicas pretensiones dos años después de haber subido, hasta conquistado y de qué modo tras varios años de quinario al borde del abismo y muchas cornadas incluidas, la cumbre más alta del toreo. Pero luego sorprendente y súbitamente descendido entre pérdidas de sitio con la espada primero, bajón de moral después, súbito cambio de apoderamiento y a verlas venir aunque todavía metido, con calzador o sin él, en los grandes ciclos. Alejandro Talavante, contratado con rango de figura en las primeras grandes ferias por la inercia de sus grandes triunfos en los escenarios más determinantes, incluso a sabiendas de sus inexplicables e inexplicadas desigualdades, cada vez más breves las alzas y este año más duraderos los eclipses hasta la tarde de su tardío despertar en Jaén tras casi desaparecer, como era inevitable, en las citas claves de la segunda mitad de la temporada que acaba de finalizar. O sea, que ya le había visto los pies al gato por lo que, o reaccionaba, o se iba al garete. Y el últimamente más modesto, César Jiménez, casi al revés y aún desde mucho más abajo que los anteriores. La suya ha sido otra travesía del desierto más y van… aunque pacientemente aferrado a donde le llamaran. Travesía - ¿será la última? - de la que también supo y pudo salir pese a la no sé si interesada o tópica versión de su caso por parte de algunos críticos que ni en sus mejores tardes dejaron de negarle groseramente en contraste con Castella a quien se le ha mimado por los mismos con inusitada cerrazón, siempre a favor, hiciera lo que hiciese. Pero miren con qué resultados numéricos en el ranking: Talavante ocupa nada menos que el sexto lugar, entre Manzanares y Ponce, con 66 corridas y 49 orejas. César Jiménez el décimo segundo con 56 festejos y 93 orejas. Y Sebastián Castella, dos puestos más abajo, el decimocuarto, con 55 corridas y 70 orejas. Átenme estas moscas por el rabo aunque, para qué insistir en sus características expresivas después de haber escrito tanto y tanto de los tres, y de cada uno desde su complicada metafísica torera porque ninguno resulta fácil de analizar – tres ciclotímicos de campeonato - tanto en periodos álgidos como en los depresivos. Ligero como un pájaro envuelto en papel de celofán atado con cintas de seda aunque dentro lleva lo suyo, lo que tiene que sacar, César. Sublime levitador que tan pronto se vuelve águila como de repente soñoliento fantasma, Alejandro. E increíblemente firmísimo cual impertérrito témpano que refulge o se apaga entre tinieblas, el siempre misterioso Sebastián, primer rey torero de las Galias con ínfulas de emperador.
Nada que ver en sus respectivas interpretaciones del toreo salvo en su común afición por lo mismo: emocionar con el dominio de los toros y hacerlo con la mayor hermosura posible según sus diferentes sentimientos. Explosivo en sus derroches de alegría y espectacularidad, El Fandi. Serísimo, estoico, sencillo y a la vez soberbio, El Cid. Y ambos muy en el machito aunque sin la misma regularidad porque la de El Cid no fue como en anteriores campañas. Y cada cual a su aire aunque, a veces, actuaron juntos y, en cualquier caso, cubrieron sus respectivas campañas con el desahogo que debe acompañar a las figuras, si bien El Cid, como apuntamos, con un central y largo bache con la espada, lo que privó de salir a hombros demasiadas veces, dos en Madrid tras cuajar sus, por cierto, faenas más importantes e imponentes, entre las quince mejores de la temporada junto a las más distinguidas del resto de las figuras. Ciento once corridas el granadino con 263 orejas, 22 rabos y 2 indultos. Y a continuación, el de Salteras, con ochenta y ocho festejos, 97 corridas, 3 rabos y el indulto en Écija a un toro de Juan Pedro para empezar el año. El primero volvió a ser el campeón numérico con gran diferencia – casi el doble en resultados totales - aunque sumó un gran porcentaje en ruedos de menor categoría que sus colegas más importantes, que todo hay que decirlo. Y, como siempre, contra el viento y la marea de sus pertinaces detractores que, claro está, sufrieron mucho cada vez que miles y miles de espectadores celebraban sus ochenta y cinco salidas a hombros por la puerta grande sin conseguir restar un ápice a su indiscutible fuerza, salvo en Madrid donde no compareció mientras los hicieron toreros que ni de lejos se lo merecían. Y es que en Las Ventas, siguen pesando tanto la mala crítica y los malos aficionados como, sobre todo, los irredentos inquisidores que, sin embargo, jalean y se tragan encantados lo peor de lo peor que hay en el toreo. Nada que ver, como digo, en estilos El Fandi y El Cid, absolutamente contrapuestos aunque los dos son buenos con el capote. Buenísimo, extraordinario a la verónica El Cid. Muy templados ambos. Variadísimo El Fandi. Para qué hablar de sus inenarrables, espectacularísimos y muchos portentosos tercios con las banderillas en todas y cada una de sus actuaciones, se presten o no las reses al segundo tercio. Y con la muleta, un abismo entre ellos aunque El Fandi se templó ajustado en no pocas ocasiones. Mucho mejor y más seguro éste en la suerte suprema, que ésta, junto a los palos, son las claves de sus imparables éxitos. Y enorme, colosal El Cid en varias por todo sensacionales faenas de muleta pero más conservador este año en las demás. Aparte lo mucho que le desmoralizó y sufrió con tantos pinchazos, la campaña de El Cid no fue, en conjunto, tan vistosa como la anterior, dando la impresión de vivir un poco de las millonarias rentas logradas en 2007, sobre todo a raíz de su histórica y cenital tarde con los “victorinos” en Bilbao, que fue donde se ganó el máximo rango. Sin embargo, en Zaragoza terminó pegando un pelotazo muletero de los de no te menees y que nadie olvida, como queriendo decir: “¡Oigan, que yo todavía puedo dar mucha guerra en esto¡”. Y la dará. No le quepa duda a nadie. Por lo tanto, uno y otro, el año que viene continuarán siendo máximas estrellas en la primera fila aunque tendrán que seguir luchando para conseguirlo. Como casi todos porque éstos dos tampoco se vieron beneficiados por excesos mediáticos. Ni falta que le hizo. Tiempo al tiempo.
Habrán observado los lectores que este año, Ponce y El Juli, no abrieron los comentarios de éste análisis como veníamos haciendo en anteriores resúmenes de las pasadas temporadas. Y ello porque, por primera vez en mucho tiempo, las dos máximas estrellas dejaron de ser los principales sin que ello quiera decir que ambos no permanecieran en sus privilegiados puestos, ganados con indudable mérito, indiscutible magisterio y sin descanso ni interrupciones, como tampoco dejando de torear en ninguna plaza por incómodo que ya empiece a ser para los dos. Siguen siendo los maestros y eso no hay quien lo mueva.
De no persistir los consagrados, ambos serían ya los encargados de sostener por sí mismos el interés del espectáculo. Sin embargo, lo consiguieron con notables consecuencias y resultados, salvando las distancias que les separan aunque, verles juntos en muchas las plazas fue, cuando se produjo, y sin ninguna duda será uno de los mayores alicientes de la próxima temporada. Apunten la apuesta porque, a poco que les funcione el sentido común a las empresas, así deberían programarles al menos una tarde en todas las ferias. Bastará añadir a quienes encabecen sus carteles, para lo cual disponen del resto de los que forman la primera fila, desde los más veteranos, Ponce, El Juli, ¿por qué no también y ojala José Tomás, Castella, El Cid, Cayetano tendría que ir por detrás, y sobre todo El Fandi, primero en espectacular, seguro y discordante contraste, muy amigo y perfecto cómplice de ambos, así como los apoderados de los tres. La fórmula, perfecta, haría las delicias de toda clase de aficionados Los respectivos estilos de los contendientes se complementan sin apenas molestarse y, por esto mismo, sería por todos muy bien recibida la sana y apasionante pelea que protagonizarían.
No creo que haya nadie que, al disponerse a comentar cuanto ha sucedido en una temporada, deje de echar al menos un vistazo a los contenidos estrictamente numéricos del escalafón en donde, por orden de corridas toreadas, aparecen los toreros que la protagonizaron. Por lo general, los mejores suelen encabezar la lista en la que se incluyen actuaciones en toda clase de plazas; los peores, finalizarla sin apenas corridas en ruedos medianamente importantes; y en el grueso central del largo ranking, el llamado “pelotón” en el que hay de todo y para todos los gustos y colores, empezando por los siempre admirables legionarios que, en cada feria, son los encargados de apechar con las todavía llamadas corridas “toristas”, en su mayoría lamentables ruinas de lo que fueron no hace mucho tiempo aunque con las de dos o tres ganaderías de más alcurnia y posibilidades, de vez en cuando se anuncian en plan gesto algunos - los meno - de la primera fila.
Que tengamos que hablar otra vez de Enrique Ponce a estas alturas de su carrera y de la temporada que dentro de tres días tocará a su fin, aparte de hacerlo para referirnos a su más feliz e increíblemente duradera realidad en la que todavía cabalga como si, en vez de llevar casi veinte años en la cumbre, estuviera empezando y buscándose hueco en la primera fila del toreo, es más para empezar a divertir el “invierno” taurino español que ya está llamando a la puerta, que para enfadarnos con la manida obsesión que algunos siguen teniendo con el gran maestro valenciano a quien llevan dando por acabado nada menos que desde la temporada de 1998. Así como, otra vez más, ésta misma y, erre que erre, uno de sus más atrevidos y frustrados pitonisos desde el ya clásico y tópico “boletín oficial del estado tomasista”, volvió a escribir antes de que se celebrara la feria de Santander que Ponce ya no contaba ni interesaba a nadie. Esta obsesiva y negativa persecución es, precisamente, la que más favorece al diestro de Chiva porque, ahora que Miguel Ángel Perera es el torero que con mayor fuerza y determinación más moleta y disputa el rango al por los mismos señalado como primum-inter-pares, el supuesto “genio” de Galapagar y su campaña minimalista, quien más les preocupa no es el de Badajoz, sino como siempre Ponce y por eso continúan intentando, sin lograrlo, desmerecer sus más sonados triunfos en los grandes escenarios, como pasó en Bilbao y últimamente en Zaragoza. En ambas ferias ha sido declarado triunfador oficialmente – lo fue en ambos casos de facto y ya de jure -mientras sus detractores no cesan de ladrarle cual perritos enojados con la Luna. ¿No es de cachondeo?
Con el pretexto de difundir lo que llaman aspectos culturales de la Fiesta, un batallón de aprovechados proponen a toda clase de instituciones públicas y privadas, diversidad de actos, certámenes, ciclos, simposios y reuniones nacionales e internacionales que, naturalmente, devienen gastos entre los que, por supuesto, cuentan los honorarios de los proponentes. No todos los responsables de las instituciones receptoras de estas propuestas lo aceptan, pero muchos sí. Y en ello andan metidos unos y otros sin que tales eventos logren concitar más de tres o cuatro docenas de personas desoficiadas - las hay en todas partes -, la mayoría a la espera de la copa y de los canapés con que suelen terminar tales acontecimientos culturales.
Para compensar la inapropiada y pobretona exposición que los pasados días se montó en la plaza de Las Ventas sobre Antonio Ordóñez con motivo del X aniversario de su muerte, nos complace reproducir lo que hace años escribimos sobre el gran maestro de Ronda en la revista francesa "Semana Grande".
Los imponderables técnicos y enrevesados intrígulis del sistema, o yo qué sé si cualquier desconocido diablillo, quizá en el propósito de quitar de en medio nuestras casi simpre polémicas opiniones, han borrado esta misma mañana algunos artículos y crónicas, no sólo del cuadro "detacados" que aparece en la página principal de este portal, sino, muy curiosamente, justo los artículos y crónicas más interesantes que, además, habían despertado más comentarios, tanto a favor como en contra. Por eso no he tenido mayor problema que reeditarlos, salvo los comentarios porque estos son, desgraciadamente, irrecuperables. Pido disculpas a nuestros lectores, así como, sobre todo, a los que subieron sus respectivas opiniores que también han desaparecido. Pueden seguir subiéndolos a la espera de que no vuelva a suceder.
Y al lado de la impresionante temporada del extremeño, la del ínclito de Galapagar carece de importancia aunquealgunos no quieran verlo así. En los pasados días, nos ha sorprendido la publicación en las respectivas secciones taurinas y, por tanto, supuestamente especializadas de dos importantes diarios de Madrid, “ABC” y “El Mundo”, de sendos comentarios firmados respectivamente por Zabala de la Serna y Lucas Pérez en los que, para destacar la campaña que ha llevado a termino José Tomás, se incidía en las veinte corridas que ha sumado como si por sus muchas orejas, dos rabos y los llenos que ha conseguido fueran algo excepcional. Tan intencionada mención referida a tan pocos y en su mayoría “pobres”festejos en plazas de segunda, ganado elegido a modo y compañeros de cartel de muy inferior categoría a la del diestro de Galapagar en comparación con las intensísimas campañas que las máximas figuras suelen completar cada año acudiendo a todas las plazas de primera con ganado consecuentemente irreprochable, compañeros de auténtico nivel, y dos de ellos persistiendo en su admirable empeño durante muchos años sin ningún descanso, no solo es ridícula sino una intolerable falta de respeto hacia quienes llevan dando la cara y manteniendo el espectáculo durante décadas y, más concretamente, para uno de los nuevos valores, Miguel Ángel Perera, que está a punto de coronar en Madrid una de las temporadas más importantes que hayamos visto a nadie en nuestra vida.