Desde el querido Bilbao me llegan las alusiones a mi persona en un reciente acto celebrado en el Club Cocherito a propósito de lo que vengo escribiendo sobre José Tomás desde que reapareció hace dos años. Aunque me explico lo mucho que choca - e incluso a no pocos irrita - mi opinión con las de la mayoría de la crítica y de muchísimos aficionados, salgo al paso del tema porque no es cierto que me niegue cerrilmente a reconocer sus virtudes cuando las cosas le salen bien, especialmente en plazas de primera categoría y ante reses consecuentemente serias, como así fue en este año en Madrid, sobre todo en su primera corrida, y en la última de Barcelona. Como tampoco es cierto que yo siempre le traté mal, estuviera como estuviese. En sus mejores temporadas del trienio (1997, 1998, 2000) e incluso en algunas corridas cuando ya vivía su primera decadencia, le dediqué varias crónicas que considero tan justas como las actuales. Nunca omití los grandes méritos del torero como tampoco los defectos que tuvo y continúa teniendo, ahora más profusa y nítidamente que entonces. Por eso he removido mis archivos y traigo ahora lo que escribí sobre José Tomás en dos de ellas. Una de la feria de San Isidro de 1999 y otra de la Corrida de la Beneficencia del mismo año. Podría sacar varias más, pero valgan como muestra las que a continuación reproduzco aunque solo en lo referido al torero de Galapagar, siempre – eso sí – aludiendo a la incondicional admiración del público sin que yo me dejara llevar por la corriente que es, precisamente, lo que tanto me ha costado y aún me cuesta mantener.
Aunque el prestigio de la plaza limeña de Acho no hay quien lo mueva dadas su más que bicentenaria historia, su indiscutible solera y la calidad de la mayoría de los aficionados que siguen asistiendo a las corridas cada vez que éstas son realmente atractivas, los tejemanejes que se han sucedido tanto el año pasado como éste en el nuevo Jurado llamado del Rímac con su Alcalde a la cabeza, lo están poniendo en entredicho.
Cada vez que se produce una ruptura de apoderamiento, las dos partes implicadas intentan dar la noticia rápidamente como queriendo decir que han sido los primeros en plantear el divorcio. En la mayoría de los casos son los toreros quienes abandonan a sus mentores, pero también ocurre al revés y de ahí las prisas de los apoderados en aducir lo contrario, con lo que dejan en mal lugar al apresurado. Por eso, también es habitual que ambas partes pacten publicar que la ruptura ha resultado amistosa, quedando las razones en relativo secreto aunque, la verdad sea dicha, siempre las hay, casi nunca gratas y, al cabo del tiempo, todo termina sabiéndose.
La triunfal corrida del final de la feria de del Señor de los Milagros en Lima con los tres matadores y el ganadero a hombros, imagino que con casi todo el mundo encantado de lo que acaban de ver y disfrutar – hasta en los más grandes acontecimientos nuca faltan amargados o esquinados que se niegan a reconocer lo que a la mayoría tanto le ha gustado – ha dejado dos mensajes opuestos. De una parte, que las corridas bien cerradas con tres figuras y ganado de garantía son lo que la afición desea y, por eso, llena la plaza y la abandona con ganas de volver. ¿Quién decía que en Lima ya no hay suficiente afición? De otra, que desde afuera, desde tan lejos, no entendemos que, por un quítate tu para ponerme yo de muy pocas personas, el trofeo taurino más prestigioso de América quede en la simple anécdota del ridículo enredo que supone haber terminado en manos de dos bandos que, a la postre, están llamados a la reconciliación.
La ceremonia de entrega de los trofeos de la Feria Taurina del Señor de los Milagros 2007, el Escapulario de Oro y el de Plata a la ganadería mexicana de Reyes Huerta por el gran juego que dio el toro llamado “Camperito”, tendrá lugar en un famoso restaurante de la capital del Perú.
Hace algunos días, cuando esperaba en el aeropuerto Lisboa para tomar el avión que me llevaría a Sevilla en mi regreso de New York, me encontré con Pedrito de Portugal a quien suelo ver sentado cada tarde, muy bien vestido y atentísimo a cuanto ocurre desde su delantera del tendido 3 de la Real Maestranza en casi todas las corridas de la Feria de Abril. Siempre me saluda sonriente, educado como casi nadie ya lo es, y muy prudente, quizá excesivamente respetuoso y, también por ello, algo distante, sin atreverse a abrir sus pensamientos ni quejarse de nada. Así se comportó también durante la mayor parte del vuelo que compartimos, no más de dos horas, incluyendo el trayecto que va de San Pablo hasta la Torre del Oro que fue donde le dejamos al llegar a Sevilla en pleno Paseo de Colón porque resulta que vive en la capital Bética, en pleno Barrio de Santa Cruz, aunque acude a Lisboa con frecuencia para visitar a su madre y a su hermana, más pequeña que él.
Ni contra el sentido común que en esto de las incesantes normativas parece que los fabrican al revés o en contra de las preferencias del público, que es lo que debe dominar en la lidia y en su incierto devenir, siempre dependiente de las variadísimas condiciones morfológicas, físicas y tantas veces cambiantes por lo que se refiere al comportamiento de las reses, en función de las cuales, la lidia se lleva a cabo con mayor o menor acierto, lo que depara el éxito o el fracaso de los actuantes que son premiados con ovaciones o castigados con pitos según acontezca. Lo que, además, conlleva el resultado final de cada festejo en estricta justicia democrática, por encima incluso del corte o no de orejas, demasiadas veces dependientes del criterio de una sola persona, frustrando el de la mayor parte de los espectadores, aunque a la postre, no pasa d ser una jugarreta intrascendente a largo plazo porque, lo que queda en la memoria, es lo hecho ante el toro y no las broncas a los que pretendieron usurpar la emoción colectiva de la mayoría que, además, es la que paga y la que sostiene el espectáculo.
Dos noticias tan seguidas como alarmantes acaban de sacudir el letargo taurino invernal. Aunque sabíamos que ambas se iban a producir, ya están aquí. Primera: El Parlamento Catalán ha admitido a trámite una iniciativa popular para prohibir los toros. Y segunda: Los que mandan en el País Vasco han dado luz a un nuevo Reglamento que prohíbe la entrada a menores de 16 años no acompañados de un adulto. Aunque es más grave por inmediata la noticia catalana que la vasca, más sibilina, pero enormemente dañina a largo plazo, lo cierto y verdad es que las dos proceden de los respectivos mundos nacionalistas que las impulsan. Mundos que, nadie lo ignore, gobiernan, viven y se forran con el dinero de nuestros impuestos exclusivamente gracias al socialismo en el poder estatal que no podría ostentar sin sus puntuales apoyos parlamentarios. Son, por tanto, los dos frentes más importantes del nacional-socialismo los que pretenden acabar con los toros en España por muchos fieles a estas ideologías o por conveniencias políticas que manifiesten en público su afición taurina. Y es que, en el fondo, lo que les mueve no es el odio a la Tauromaquia que, al fin y al cabo, tiene muchas raíces taurinas históricas y comprobables en ambas regiones, sino su intención de terminar con todo lo que signifique o pueda identificarse con España y con lo español.
En España estamos más o menos acostumbrados a disfrutar con buenos toros y faenas consecuentes a su bravura y nobleza. No es fácil que se produzca el acople entre toro y torero. Pero cada vez que ocurre, lo celebramos todos, porque esto, nadie lo dude, sigue siendo un milagro pese a su maravillosa frecuencia en nuestras plazas europeas en donde por estar acostumbrados, apenas le damos la importancia que tiene tal maravilla. La del arte efímero e irrepetible que supone el toreo cada vez más perfecto. Que esto suceda en una plaza tan señera e histórica como la de Acho en la lejanísima Lima, es un acontecimiento que merece la pena comentar y hasta paladear. Un ganadero peruano con desbordante e incansable afición, Roberto Puga, viene criando con notables paciencia, ciencia y esmero una vacada procedencia por entero de vacas y sementales de Jandilla y Torrestrella y, bien queda patente cada vez que lidia una de sus corridas, que ha acertado de pleno. Ahora mismo y no exagero, la ganadería de Roberto Puga es una de las muy pocas estupendas y más seguras de América. Que sus toros, por ende, caigan en manos de dos de los toreros españoles más sobresalientes, nos llena de satisfacción.
El tema viene de lejos aunque se acaba de sacar a la luz al socaire de lo que viene sucediendo en la plaza de Las Ventas. la más llamativa, trascendental y apetecible desde hace ya mucho tiempo aunque, este año, la temporada veraniega careció de cualquier relevancia – menos que nunca - y, entre los que fueron empresarios de tan importante coso por ver si vuelven y los que pretenden serlo por ver si les cae la breva, no paran de tirar chinitas al respecto valiéndose de cualquiera que se preste a ser su pregonero.
Una mayoría de concejales de varios partidos políticos del Ayuntamiento de Zaragoza han decidido prohibir que en los festejos cómicos actúen los llamados enanos toreros por, según quienes lo han propuesto, la hilaridad que provocan en los espectadores.
De regreso a España después de una larga semana en New York, contemplo el panorama que acabo de vivir allá y, cuando inevitablemente lo comparo con el nuestro, me dan ganas de volver rápidamente para, al menos, huir de la atonía cuasi mortecina que nos corroe en los principios de un invierno taurino que este año tengo la impresión va a ser tan duro como vacío de acontecimientos, a no ser que algunos de nuestros mejores toreros – ya han empezado a torear en Guadalajara (México) y, muy pronto, lo harán en Lima (Perú) - sean capaces de pegar un bombazo que nos obligue a despertar. Y ello – así lo deseamos – frente a toros aceptables porque, según dicen los queridos compañeros que han escrito sobre las primeras corridas de la feria tapatía y de la del Señor de los Milagros, el ganado fue impresentable y, por ello, los triunfos obtenidos por los toreros, carentes de verdadera importancia. ¿Será por la crisis?