Hacía años que lo le veía. La última vez fue en un pequeño y recóndito despacho que ocupó en las dependencias anejas a los que ocupa la empresa de turno por deferencia de José Antonio Chopera cuando ganó el último concurso arrendatario de Las Ventas. Buen detalle de mi tocayo con quien tanto tiempo ocupó la gerencia de la primera plaza del mundo a las órdenes de los hermanos Lozano. Detalle que, en sí mismo, suponía el respeto y el afecto que le profesaba el empresario donostiarra, muy por encima de lo que en tales situaciones suele acontecer: barrer cualquier atisbo que recuerde la anterior gestión. Manolo aguantó allí poco más de una temporada porque desde mucho antes venía padeciendo una enfermedad que fue mermando sus facultades y su ánimo aunque nunca se quejó de nada. En las últimas visitas que le hice le vimos envejecer físicamente pero nunca mentalmente. Su gran y desaliñada corpulencia fue dando paso a una percha de la que colgaban sus chaquetas tan cañabatescas que siempre llevaba cual túnicas de viejo y despreocupado senador. A su modo, muy elegante en el ser y en el estar.
Sobre ambos espadas se centra la actualidad más candente en tiempos de escasas noticias importantes cuando la atención empieza a centrarse en las primeras ferias y corridas americanas. El de Galapagar por anunciar su participación en las plazas que viene rehuyendo desde que reapareció, y el de La Puebla a cuenta de su enésimo e inimaginable cambio de apoderamiento. Noticias que serían menos llamativas si se refirieran a cualquier otro torero, pero no en los casos que nos ocupan. Morante ha sorprendido más que nunca al entregar la dirección de su carrera a Curro Vázquez, a su vez exclusivo apoderado de Cayetano, pese a los disgustos y desavenencias que provocaron sus manifestaciones contrarias a la concesión de la Medalla de las Bellas Artes a Francisco Rivera Ordóñez y la posterior negativa a que se guardase un minuto de silencio en memoria de Paquirri el día del XXV aniversario de su muerte. Y José Tomás por su muy esperado propósito de torear en Sevilla, en Madrid y hasta el Bilbao aunque no lo hará dentro de sus ferias, sino en corridas que no serán televisadas o de inferior compromiso. Morante y José Tomás están en su derecho de hacer lo que les de la gana, pero los aficionados también en la suya de opinar al respecto y de hacer preguntas aunque no obtengan respuestas. Hagamos nosotros nuestras valoraciones.