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30.09.2008
3ª del Zapato de Oro en Arnedo. Román Pérez se calza medio zapato
Ante una novillada en muchos aspectos manejable de Baltasar Iban, Dámaso González junior demostró ser un vulgar novillero, con el valor justo que, ni de lejos, se parece a su padre y maestro. José Manuel Más, pareció estar atorado o pasando de todo. Y Román Pérez le puso más ganas que el resto y, con el mejor lote de la tarde, mostró sus credenciales para ser candidato al Zapato de Oro.
3ª de Feria del Zapato de Oro de Arnedo. 29 de septiembre de 2008. Tres cuartos de plaza. Novillos de Baltasar Iban, bien aunque desigualmente presentados, a menos y parándose en la muleta. Los mejores, 2º, 3º y 6º que fue premiado con la vuelta al ruedo. El resto, salvo el primero que se paró completamente, nobles pero sosos y a menos.Dámaso González (azul marino y oro): Silencio tras aviso y silencio, José Manuel Mas (tabaco y oro): Silencio tras aviso y silencio tras aviso, Román Pérez: Oreja y dos orejas.
Dámaso González, pasó sin pena ni gloria por Arnedo, sin demostrar el por qué de su inclusión en esta feria ni tampoco las dotes que se le podían suponer por ser hijo del gran maestro del mismo nombre. Con el parado primer toro abrevió, pero con el cuarto puedo hacer mucho más de lo que hizo, poquísimo.
José Manuel Más, dio muchos pases a sus dos novillos, pero no llegó para nada al público. Se le vio desangelado, quizás guardándose para la novillada que en próximas fechas toreará en Madrid.
El triunfador de la tarde y de la feria, hasta el momento, fue Román Pérez. Aprovechó a la perfección los dos novillos que le tocaron, para torearlos con temple y bajando la mano. Debido a las ganas que mostró toda la tarde, en algunos momentos de sus faenas se le vio algo acelerado. En el sexto, nº 30 Pardalo, al que con su faena ayudó a que se le diera la vuelta al ruedo, destacó toreando con la mano izquierda. Es un novillero que en todo momento quiere hacer las cosas bien, bajando la muleta y ligando los muletazos sin dejarse enganchar. Manejó la espada con mucha contundencia, lo que le valió cortar tres orejas.
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