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16.08.2009
7ª de la Semana Grande de San Sebastián. Año negro de El Fundi, Padilla a hombros
Por Fernando Sánchez Vindel
En la última corrida de la Semana Grande donostiarra se juntaron los dos sabores de la Fiesta: la gloria de un inspirado y profesional Padilla y la enésima desgracia que sufre esta temporada el Fundi cuando estaba cuajando a su segundo toro. El programa de mano anunciaba tres toros sobre los 520 kilos y otros tres alrededor de los 600. No lo parecieron.
San Sebastián. Plaza de toros de Illumbe. 15 de agosto de 2009. Séptima y última de feria. Tiempo soleado y caluroso con un tercio de entrada. Seis toros de Victorino muy desigualmente presentados, destacando el tercero por su nobleza y el sexto por su bravura, todos ovacionados salvo el primero y el quinto, pitados. El Fundi (berenjena y oro): Pinchazo y estocada arriba (palmas). En el cuarto fue cogido produciéndosele fractura del cráneo y del hueso peñasco (en el oído). Juan José Padilla (bermellón y oro): Pinchazo y estocada desprendida (oreja). Gran estocada y un descabello tras aviso (dos orejas). Durante la faena a su primer toro fue cogido sufriendo traumatismo torácico dorsal, herida contusa en el cuero cabelludo y contusiones diversas. Diego Urdiales (turquesa y oro): Casi entera tendida y desprendida (oreja). Estocada delantera y desprendida casi entera (saludos). Tuvo que estoquear al cuarto por cogida de el Fundi con un pinchazo hondo caído (ovación para la cuadrilla de El Fundi). Destacaron a caballo Alventus y El Víctor.
Abrió plaza el Fundi con un toro falto de fuerza y reservón, muy deslucido y complicado porque, si se le bajaba la mano se caía y si se lo llevaba a media altura se quedaba corto soseando. El diestro fuenlabreño estuvo templado y hasta con momentos de buen gusto. El cuarto, pese a su poca fuerza lo quería todo por abajo. El madrileño aprovechó el pitón derecho del animal toreando con gusto y verdadera profundidad. El lado izquierdo era otro cantar por quedarse corto. En una serie por ese pitón fue por donde el toro se le metió por debajo enroscado a su cuerpo y sin salida posible, llegando la feísima voltereta que le dejó inerte en el suelo. Urdiales acabó con el toro del que el público debió solicitar la oreja para el torero herido.
Padilla dio todo lo que tenía. En su primero galleó por chicuelinas y, tras banderillear discretamente, inició la faena con doblones por bajo y una buena serie en redondo. Cuando la faena iba bajando en intensidad y el toro se estaba rajando, resultó prendido por el muslo izquierdo, siguiendo toreando el jerezano sin la chaquetilla en una tanda que acabó de emocionar a la gente. Tras un pinchazo y una estocada desprendida se retiró a la enfermería con la primera oreja de la tarde. Se cambió el orden de lidia de forma que Padilla pudiera salir a matar su segundo astado en sexto lugar y le salió el toro de la feria, llamado Murteiro. Derribó en la primera vara y empujó de firme en la segunda. Padilla tuvo el gesto de poner las banderillas pese a su maltrecho estado y después realizó una de las mejores faenas que le he visto en mi vida. Quieto, asentado sobre las zapatillas, templado y mandón con el bravo toro, toreó con profundidad, bajándole la mano y corriéndola en muletazos largos y templados. Concluyó la faena con un desplante de rodillas en los medios de la plaza y con el toro sometido, pero ni mucho menos moribundo ni rajado. Uno de esos desplantes que tienen auténtico valor. Ni el aviso ni el descabello evitaron que cortara las dos orejas y saliera a hombros de Illumbe.
Urdiales, además de matar al cuarto que hirió a El Fundi y de quitarse de en medio al imposible quinto al que macheteó tras probarlo por las dos manos, tuvo la ocasión de conseguir un triunfo muy importante con el noble y boyante tercero. Lo toreó bien a la verónica, como ya había hecho en un quite en el toro anterior, y puso todas sus virtudes en la faena: temple, clase y cabeza. Pero este torero tiene un serio problema. No tiene valor para bajarles la mano a los toros. Esto hizo que la faena resultara superficial y por debajo de las condiciones del animal. Con este son ya muchos los toros que se le han escapado al diestro riojano, con lo que se vuelve a demostrar que en el toreo, normalmente, cada uno ocupa el sitio que se merece.
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Nuestro joven colega, Jon Ander Sanz, sufrió una caída anteayer con rotura de peroné y tuvo que dejar en blanco la penúltima corrida de la Semana Grande. Pero ayer hizo un esfuerzo y asistió. He aquí su pininión sobre la última de feria en Donosti:
Cuando hay emoción, nadie se aburre
Una muy interesante corrida de Victorino Martín se lidió ayer en illumbe en la que hubo de todo, con toros nobles y buenos, como segundo y tercero; y otros complicados como primero, cuarto y quinto. Con ellos, la terna se justifico y triunfó como Urdiales y Padilla. El Fundí tuvo muy mala suerte, tanto con su lote como en la fea voltereta que le fracturo el cráneo.
El Fundi le robó a su primero los pocos pases que tenia. El toro, sin fuerzas, se defendía, por lo que el fuenlabreño hubo de robarle los muletazos de un en uno. Con el deslucido cuarto volvió ha hacer el esfuerzo, pero una fea voltereta en los últimos compases de la faena le provocó la perdida del conocimiento.
Padilla volvía a una plaza talismán para él. Estuvo bullidor con el capote en su primero y cumplió con las banderillas. Con la muleta destacaron los pases ejecutados con la mano diestra, todos de un en uno. Mató de un pinchazo y estoca desprendida. La faena del sexto – se corrió turno por estar padilla en la enfermería – fue muy emocionante por el gesto de salir a matar al toro con alguna costilla rota, por el alto nivel de la faena, plena de temple y por buenos muletazos que pegó. Mató de una estocada y descabello. Se pidieron con mucha fuerza las orejas y el presidente, con sensibilidad, las concedió más por la emoción reinante en la plaza que por el mérito de la faena.
Diego Urdiales realizó el toreo mas profundo de la tarde, tanto con el capote como con al muleta ante su primer buen toro que el diestro arnedano entendió a la defección. Con la alimaña que hizo de quinto, mostró voluntad pero abrevió al percatarse el publico de las complicaciones del animal y creyendo también que tendría que matar al sexto.
Una vez más se ha demostrado que cuando hay toros bravos, unos con nobleza y otros con complicaciones, la gente no se aburré y presencia un gran festejo, máxime cuando la terna de actuantes esta por la labor de aprovechar y agradar con sus lotes, como así ocurrió ayer. Por tanto, agradecer a Victorino el juego de algunos toros, y sobre todo a los tres espadas por su disposición y ganas.
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