Doble fue la confirmación mexicana del nuevo gran torero, a partir de ahora también consagrado aquí como gran figura porque, si de una parte, se trataba de doctorarse por todo lo alto en la plaza más importante de América, de otra le supuso ratificar que la gravísima cornada que recibió en su dramática y triunfal tarde otoñal de Madrid, mas su larga además de costosa recuperación, lejos de restarle sitio y valor bien quedó ayer demostrado que ambas virtudes las mantiene intactas. Pero es que, además, el cómo remontó Perera una situación tan tremendamente adversa por su pésima suerte con el lote de Barralva que le correspondió y, especialmente, con gran parte del público radicalmente a la contra de su segundo toro al que terminó cortando una oreja valiosísima tras hacerse respetar como excepcional muletero, quedará en los anales de la plaza y para el recuerdo de los presentes. Pero no contento con ello, Perera terminó destapando su abismal tauromaquia regalando sin necesidad unsobrero de Xajay al que cortó el rabo. La tarde fue tan variada como llena de matices positivos y negativos. Entre los primeros y además de la clamorosa actuación ya apuntada del de diestro de Badajoz, un tercer toro con gran clase de la ganadería titular al que el joven José Mauricio cuajó una preciosa e inspiradísima faena y le cortó las dos orejas, la bondad del segundo toro, y lo obediente y encastado aunque no fácil que resultó el sobrero. Y entre lo negativo, lo desigualmente presentado del encierro como asimismo el mal juego que dieron los dos toros anunciados del gran triunfador y otros dos de sus colegas. Manolo Mejía no convenció ni con el bueno ni con el malo, mientras que Mauricio tambien con el sexto que tuvo una lidia muy complicada, perdiendo quizá otro apéndice al fallar con los aceros.
Mucho público en los tendidos numerados y muy poco en los generales del gallinero. Y dos orejas, una de cada uno de sus toros para el de Galapagar con la consiguiente salida a hombros una vez finalizado el festejo aunque su actuación no fue excepcional. Muy mal con un toro y simplemente bien con otro. El Payo, que confirmó su alternativa, se fue de vacío por fallar con el acero en el toro de su doctorado, al animal más dócil del envío con el que se pasó de metraje aunque anduvo muy templado y elegante pero quizá algo frío. Y el que hizo de testigo, Arturo Macías, cortó una oreja del peor de sus dos toros con el que anduvo muy por encima de sus condiciones. Con el que se corrió en tercer lugar, se le escapó a Macías al menos otra oreja por su fallo a espadas después de la en mi opinión mejor faena de la tarde. El lote más deslucido en conjunto se lo llevó Tomás, a tope de ganas toda la tarde y con más suerte a espadas que sus dos colegas aunque tampoco correcto en la interpretación de la suerte suprema.