El valenciano, que acaba de volver a los ruedos tras casi un mes desaparecido, no ha pedido un ápice de forma ni de fondo. En la tradicional corrida lo dejó patente frente a tres toros que prácticamente se inventó. Dos por extremadamente débiles y un tercero por dificilísimo. Fue el sexto, el único con cuajo y trapío de la muy terciada corrida de Román Sorando. Ponce se hizo cargo de su lidia por la cogida que sufrió Miguel Tendero en su recibo de capa, resultando extensamente herido en el brazo derecho. Cortó tres orejas y se negó a salir hombros por respeto al herido. Manzanares logró un apéndice tras matar muy bien al segundo, otro sin fuerza que sostuvo en una elegante faena marca de la casa. Tendero también tocó pelo del tercero, otro feble animal al que entendió muy bien aunque tardó en matarlo.
Cuajó la que pudiera ser mejor faena de su larga vida frente a un bravo y muy noble toro de Victoriano del Río que fue premiado con la vuelta al ruedo. La apoteosis del alicantino sucedió en este cuarto de una imponente corrida que comenzó con viento endemoniado hasta que cesó repentinamente, dando lugar al momento culminante y estelar. Sin duda, el acontecimiento taurino más importante de este año en Madrid. Magistral e impecable, Luís Francisco Esplá vivió su tarde más feliz al reverdecer perfeccionado sus más preclaras virtudes, ayer quintaesenciadas como pocas veces le hayamos visto. Tras mostrarse aseado y muy fácil con su primero en pleno vendaval, Esplá pareció transfigurado en una irreprochable demostración muletera que enardeció los tendidos de la monumental. Las dos orejas del gran toro le fueron concedidas por clamorosa unanimidad y, una vez concluido el festejo, salió a hombros por la Puerta Grande en loor de multitudes. Del resto del festejo cabe destacar lo imposible que les resultó torear a Morante de la Puebla y a Sebastián Castella en sus primeros oponentes que, a causa del viento, terminaron inevitablemente complicados. Más incluso de lo que fueron, sobre todo los de Morante que quiso pero no pudo lucir sus encantos con el quinto brindado a Esplá. Castella, valentísimo, fue a por todas sin lograr una faena limpia ni redonda con el sexto del que perdió una oreja por fallar a espadas con el público a su favor.
En la enorme y altísima corrida de El Pilar hubo más malo que bueno aunque un par de toros, sobre todo el primero y en menor medida el cuarto, fueron de triunfo. Los dos para Uceda Leal que se tapó con dos estupendas estocadas tras desaprovecharlos sin que nadie se lo reprochase. Con todo en contra y ayer principal diana de los reventadores, Daniel Luque volvió a mostrar su fondo de figura y se jugó la cornada sin pestañear frente al sexto, el más peligroso del envío hasta matarlo a costa de un volteretón impresionante. Alejandro Talavante no dio pie con bola con los de su mediano y en sus manos complicado lote, provocando la única bronca que se ha escuchado en las dos ferias.
Y lo demás, otro fiasco. La mansa y floja corrida de Puerto de San Lorenzo arruinó la primera cita del apéndice isidril. Salvo la por muchos inesperada sorpresa que dio Miguel Tendero con el primer toro, un manso integral que, a la postre, fue el único que transmitió cierta emoción en la muleta, poco o nada dio motivos para la alegría. El Cid volvió a estrellarse y esta vez con pésima suerte frente a dos reses sin resuello; el cuarto, un sobrero casi cunero, desclasado y tan flojo como el titular devuelto. Sebastián Castella, con muchas ganas y sobrado sitio, dio pruebas fehacientes de su gran momento pero solo pudo lucir en un quite y en un firmísimo inicio de faena al tercer toro hasta que se paró. Su labor con el imponente quinto resultó tan prolija como inicua. Tendero quiso tanto con el sexto que se pasó de rosca y sin poder remachar el clavo de su muy meritoria actuación anterior por la que dio una vuelta al ruedo, la única de la tarde.