Sin apenas alguna percha para poder hilvanar una crónica, el primer festejo de la llamada Feria de Otoño no pudo ser más aburrido para el público y desesperante para los novilleros que, en mayor o menor grado, vieron cómo se truncaban sus ilusiones. Los novillos de José Luís Pereda solo tuvieron fachada, sobre todo los muy hermosos últimos, pero carecieron de fuerza y de casta tanto los mansos de la primera mitad como los más nobles de la segunda porque se vinieron muy pronto abajo en la muleta. Cristián Escribano quedó inédito. Damián Castaño solo pudo estirarse y templar en breves tandas con la mano derecha en su faena al quinto. Y Víctor Barrio fue el que, tanto con el capote como con la muleta, llamó más la atención por su valor y personalidad.Para colmo, los tres anduvieron muy mal con las espadas.
El ejemplar comportamiento del público que ayer abarrotó los tendidos y gradas de la Maestranza, fue lo mejor de un espectáculo indigno del escenario en que sucedió. Sólo se lidió uno de los seis anunciados toros de Zalduendo porque dos fueron sustitutos de Hermanos San Pedro, y los demás, sobreros de Gavira y del mismo San Pedro. Salvo el lote más potable de Oliva Soto, uno de éste último hierro y el que cerró la tarde, único de la ganadería titular, tanto los que les cupieron en desgracia a Morante como, sobre todo, a El Juli, les impidieron triunfar aunque ambos estuvieron por encima de las adversas circunstancias ganaderas. Morante en el grandioso artista que es, y El Juli en maestro aunque al horrible quinto no pudo pegarle un solo lance ni un solo muletazo.
Ni por presentación ni por juego valió la corrida de Alcurrucén que no tuvo nada que ver con la impresionante que vimos lidiar el pasado mes de agosto en Bilbao. Y eso que aquella tampoco se puede decir que fuera buena a pesar de ser premiada como la mejor de las Corridas Generales. Pero la de ayer elegida para el primer festejo mayor del breve ciclo de San Miguel, nada menos que en la plaza tenida por madre y maestra de la tauromaquia, fue, además de mansa, muy mediocre para el toreo. Por la forzada ausencia de Miguel Ángel Perera, el cartel quedó en una mano a mano meramente accidental entre El Cid y Daniel Luque, salvando las distancias, los grandes resucitados de la presente temporada. Pero ninguno de los dos triunfó. El Cid anduvo muy por encima de los dos primeros y exigentes toros que mató y casi nada pudo hacer con el quinto tras brindarlo al público. Y Luque, que no se encontró nada a gusto con los dos primeros de su lote, tardó en acoplarse con el más posible sexto.
De la desigualísima corrida de Victoriano del Río, un toro dio el gran juego esperado y le correspondió a El Juli como viene siendo habitual en su privilegiada campaña. Lo aprovechó al máximo en una brillante y creciente faena que iba para dos orejas, pero por matar de una estocada baja, perdió la segunda pese a ser pedida con clamor. Luego se inventó otra faena de menor nivel con el más flojo quinto del que perdió otro trofeo por pinchar. El lote medio aunque grato del envío se lo llevó Rubén Pinar y, a su habilidoso modo de torear casi siempre por las afueras y ayer de muy cara a la galería, logró encandilar a los casi llenos tendidos que, muy condescendientes, le regalaron un cartílago de cada uno de sus oponentes a los que, eso sí, mató con eficacia y prontitud. Tanta alegría para los dos espadas mencionados, se trocó en injusta acritud con Enrique Ponce que se llevó las dos bolas más negras del festejo con los que hizo lo que buenamente pudo por el peligro que desarrollaron, cumpliéndose el mal sino que le ha venido acompañando toda su vida en las dos plazas de Logroño, las únicas del mundo donde nunca logró salir por la puerta grande.
Muy hermosa la corrida de Torrestrella aunque, lamentablemente, escasa de fuerza salvo el tercer toro que dio juego completo y El Fandi le dio más que cumplida respuesta en los tres tercios hasta matar de estocada un tanto caída, lo que le privó de cortar una segunda oreja – pedida con clamor – y no poder salir a hombros. También anduvo a tope de ganas con el sexto, pero su más que evidente debilidad le impidió redondear la tarde. Sin demasiada suerte, pero otra vez mal Diego Urdiales, tanto con el posible primero como con el más deslucido cuarto. El de Arnedo, incondicionalmente apoyado por su público, no justificó su presencia en dos corridas feriales. Y bien aunque relativamente estrellado El Cid que hizo cuanto pudo por suplir los inconvenientes de sus dos enemigos, estando a punto de cortar la oreja del algo mejor segundo si no hubiera fallado a espadas.
Con el acontecido ayer, acabamos hasta el gorro de los festejos llamados mixtos que, sea porque los sustitutos de los caídos del cartel no son los que debieran ser, o por el mal juego del ganado, no levantan cabeza. En el que nos ocupa, solamente un toro de los de lidia a pie, el que hizo de segundo – de Fuente Ymbro – dio juego para triunfar. Pero le correspondió al inevitable y en Logroño debutante Leandro y lo dejó escapar como viene sucediendo cada vez que le vemos. Los demás toros, tanto los dos de Fermín Bohórquez para rejones, como los otros tres de Ricardo Gallardo no valieron para casi nada. Al petardo ganadero se añadieron las pobres actuaciones de Pablo Hermoso de Mendoza en la quizá más decepcionante actuación de su temporada, la de Leandro con su segundo e inválido oponente y, no tanto porque fue el que mejor anduvo con su mal lote – totalmente apagado el tercero y noble aunque debilísimo el sexto – la de Daniel Luque que, pese a lo bien que los templó, no logró resolver ni compensarnos del aburridísimo festejo.
Otra gran tarde de El Juli, magistral en mejorar a sus dos toros de Núñez del Cuvillo, en sus manos finalmente buenos sin serlo tanto en los primeros tercios. Especialmente sabia fue su faena al quinto por el que nadie dio un euro al principio de su lidia. Por fallar a espadas, no cortó la oreja del segundo, pero la consiguió del siguiente pese a lo caída que le cayó la estocada. Aunque no cortó orejas, la actuación de El Tato estuvo presidida por la dignidad y el buen oficio, si bien anduvo mucho más entregado con el mejor cuarto toro que en el primero, ambos componentes del mejor lote en conjunto. A Alejandro Talavante también le correspondieron dos toros manejables, sobre todo el muy dócil que cerró plaza y con ninguno anduvo al tope de sus posibilidades aunque en el quinto, por su estoica personalidad, cayó de pie perdiendo una posible oreja con los aceros.
De la imponente y variada corrida de El Pilar, puntuaron muy alto tres toros, sobre todo el segundo, que fue de vacas y que, injustamente, no fue premiado con la vuelta al ruedo e incluso indultado si hubiera caído en manos más expertas; el segundo que, sin ser tan completo por más débil, resultó francamente bueno; y el sexto que tuvo clase excepcional aunque con poca fuerza. Estos tres toros junto a El Cid fueron los grandes protagonistas de la tarde. Y es que el de Salteras toreó muy bien a su primer oponentey delicada e inconmensurablemente templado al último. Debió cortar tres orejas y salir a hombros, pero un público volcado de antemano con el riojano Diego Urdiales que dejó escapar al grandioso segundo y anduvo francamente mal con el difícil, intentó desmerecerlo hecho por Manuel Jesús. Morante, tan gran artista como siempre, dio una de arena intermitente con el informal toro que abrió plaza del que cortó una oreja, y otra de arena en el cuarto que no pudo sino matar mal, e hizo un precioso quite del perdón por chicuelinas que fue replicado con excelsas verónicas por el gran triunfador del festejo.
Corrida de Salvador Domecq sobradamente presentada para una plaza de segunda, pero en su mayoría flojísima, con dos toros devueltos y dos sobreros de Santiago Domecq Bohórquez, asimismo serios, de los que solamente uno, el que hizo de cuarto, dio buen y completo juego con la fortuna de caer en manos de Enrique Ponce que le cuajó uno de sus mejores faenas de esta temporada cortando una sola oreja por pinchar antes de agarrar media estocada que necesitó del descabello. El valenciano ya había dado gran contenido a la tarde con el sobrero anterior, asimismo noble pero muy limitado de energía,con otra faena pausada de su exclusiva colección hasta que el animal murió antes de ser matado a estoque no se sabe si de infarto o de gusto por cómo había sido toreado. El Fandi, con el peor lote, solo pudo lucirse con el capote y, como de costumbre, en banderillas. E Iván Fandiño, que sustituyó a Cayetano, francamente valiente con el tercer toro que por poco le hiere de gravedad al entrarlo a matar y más que bien con el sexto que se dejó torear despacio y del que cortó una merecida oreja.
Con una extraordinaria corrida de Victoriano del Río – cinco de seis toros bravos, encastados y nobles para dar y tomar – los aficionados que abarrotaron la plaza disfrutaron enormemente y reafirmaron su amor por la Fiesta como pocas veces hemos visto esta temporada. Si El Juli fue la inmensidad torera personificada – cortó tres orejas y un rabo-, El Cid no menos con una actuación pletórica que le devolvió al sitio que debe seguir ocupando – cortó tres -, y aunque Morante solo tuvo un toro aprovechable y él tampoco anduvo en su mejor versión, también fue premiado con dos orejas – excesiva la segunda – por lo que pudo salir a hombros junto a sus compañeros y al mayoral de la ganadería.