El domingo, en Bogotá, los antitaurinos, en su derecho, protestaron sobre la carrera 7a. Y los taurinos, en el suyo, llenaron la plaza. Y se dio una gran corrida, bajo una bella tarde.
Se rindió un minuto de silencio con los pensamientos puestos en el cielo, se gritó un ¡viva la fiesta!, un ¡abajo Petro! y luego sonó el clarín para el primero de la tarde. Primero de un encierro de Las Ventas del Espíritu Santo, de magnífica presentación, que fue bravo. Cuatro toros embistieron con raza y clase y a uno se le dio la vuelta al ruedo. Otro la merecía.
El colombiano Sebastián Vargas estuvo en torero cuajado. Y en portentoso banderillero. Puso pares escalofriantes, al sesgo, al quiebro y al violín. Su primero se llamaba ‘Clavelito’, como millones que han caído en este ruedo. Lo saludó con tres verónicas. Luego vino una faena en los medios, con lentitud, de dominio, con temple, entre olés y pasodobles. Hasta circulares hubo. Toreó bien. Pero como no falta un silbido a la hora del beso anhelado, pinchó dos veces antes de la estocada. Todo quedó en saludos, cuando se pudo ir en hombros.
En el cuarto, luego de poner a vibrar al público en el tercio de banderillas, la faena, brindada al gobernador de Cundinamarca, Álvaro Cruz, fue importante, aunque no transmitía casi, pues el toro no repetía y era lento. Pero Sebastián tuvo recursos y lo obligó, hasta arrancarle la oreja, después de pinchazo hondo y descabello.
‘El Juli’ es un maestro. Su primero era un toro negro de 564 kilos, astifino, al que recogió en el capote como quien atrapa a una paloma. Las chicuelinas y un lance a una mano fueron de arte y seda. Todo iba para cosa grande, pero el toro, que era bravo, se quebrantó una mano. Adiós. El quinto, ‘Negrito’ -y acapachado-, se encontró con el monito y entre los dos montaron una exposición de arte. ‘El Juli’ brindó al público, que bramó de gratitud. Y vino una faena bella, grande: él, sembrado en la arena y sobre su eje, pasándose al toro, largo por derecha y por izquierda, bajito, hasta atrás, empalmando una serie con otra, dejándose llegar los pitones al muslo. Todo lento. El toro era noble y fijo, y ‘Juli’ jugó al toreo. Los molinetes fueron de cartel. Y mató de un espadazo. Qué momento más bello cuando el toro, como bravo, se fue a entregar su alma en los medios bajo una ovación. Se iba un grande de la fiesta.
Sebastián Castella lidió, realmente, un toro. Su primero, ‘Indio’, se caía y el público creyó que indio caído, indio ido y armó la bronca para que el presidente lo devolviera. No lo debía hacer, pues no estaba inválido. A uno, cuando se tropieza, no lo echan del trabajo. Algo pudo hacer, a media altura, con pulso de cirujano. Y mató de un feo bajonazo. Pero en el otro, una faena inolvidable, comenzada con lances de frente por detrás a un toro arrancado de( tablas. Luego, dos cambios por la espalda. Y el toreo, especialmente por naturales hondos y despacio, que es como se disfrutan las cosas bellas. Además, él, con naturalidad. Cómo templó las embestidas, cómo bajó la mano, cómo eternizó los pases ante un toro que iba largo y con la cabeza baja. Era el toreo de espejo. Qué gran toro. Y qué estocadón. Dos orejas. Preciosa tarde de toros.
_______________________________________________
COMENTARIO DE JOSÉ ANTONIO DEL MORAL
Por forzosa ausencia de Pedro Abad Shuster, nos hemos visto obligados a publicar esta crónica del gran diario colombiano El Tiempo. Sin desmerecer al crítico que ha cubierto la primera corrida de la temporda bogotana, tenemos noticias de lo que viene sucediendo allá con las retrasmisiones radiales de las corridas en las que participa muy activamente el gran toreo César Rincón quien, según muchos oyentes, sobrevalora notoriamente el juego de sus toros sin que sus colegas osen contradecirle ni corregirle. Como quiera que en la Plaza de Bogotá muchísimos espectadores escuchan lo que dicen por radio al mismo tiempo de ver las corridas y la mayoría cree a pie pie juntillas lo que oyen, cuanto sucede en el ruedo queda parcial o totalmente desvirtuado. Esta anquilosada sinrazón está acabando con el prestigio del tenido por tercer escenario taurino entre los más importantes de América tras la Plaza de Acho en Lima y la Monumental México. Los peor es que ello, unido al radical antitaurismo del nuevo Alcalde de Bogotá, está poniendo doblemente en peligro a la Fiesta en el querido país hermano.