Ver a Pablo Hermoso de Mendoza en su casa principal es todo un lujo que cada año comparte con sus paisanos. ¿Cuántos años ya? Incontables. Gracias a su figura impar, los Sanfermines cuentan con un festejo de rejones de primerísima categoría como corresponde a la que ostenta esta plaza. Y como Pablo manda, su actuación carece de competidores molestos. No de uno de sus alumnos predilectos, Sergio Galán, y el más nuevo de sus paisanos, el también navarrico de Andoáin, Roberto Armendáriz. Los toros, con uno de los varios hierros de la familia Gutiérrez Lorenzo, “murubeños” criados por el inolvidable Niño de la Capea que, por cierto, resultaron deslucidos en su mayoría. Hermoso salió a hombros por las dos orejas que cortó al cuarto toro gracias a sus recursos y pudo cortar otras dos del mucho mejor primero si no hubiera fallado con el rejón de muerte. Le acompañó Roberto Armendáriz sin merecerlo tanto. Debió empatar a oreja con Sergio Galán.
Pamplona. Plaza Monumental. Viernes 6 de julio de 2012. Segunda de feria. Tarde medio nublada y fresca con Lleno. Seis toros despuntados para rejones de San Mateo, bien presentados aunque sobrepesados y de juego muy desigual con predominio de los deslucidos. Pablo Hermoso de Mendoza (con casaquilla granate y sobrero calañés): Rejonazo trasero ladeado, pinchazo hondo y otro rejonazo trasero, silencio. Rejonazo contrario de rápidos efectos, dos orejas. Sergio Galán (de corto con chaquetilla gris): Rejonazo ladeado, silencio tras petición desatendida. Rejonazo barrenando, oreja. Roberto Armendáriz (de corto con chaquetilla marfil ): Pinchazo y otro hondo perpendicular, saludos. Rejonazo contrario, dos orejas excesivas.
Imponente el aspecto de los tendidos y gradas altas de esta monumental ayer llena hasta el tejado por espectadores vestidos de blanco con pañuelo rojo al cuello en su mayoría. De unos años a esta parte, es el uniforme general de los que vivimos los Sanfermines. Nadie piensa en otros colores.
Muy en tipo Murube el primer toro que se dolió mucho del primer rejonazo de castigo colocado con precisión por Pablo Hermoso y sustazo inmediato al ser alcanzado el caballo sorpresivamente con derribo consiguiente de caballo y caballero. Los muchos pies que tuvo este animal obligaron a recorrer todo el anillo a Pablo sobre otro corcel con el que colocó soberbios pares de banderillas y se exhibió en largo recorrido de costado templando divinamente los agresivos ímpetus del animal hasta someterlo por completo. Quizá demasiado. Tras adornarse con lentas piruetas y colocar tres de las cortas, enterró un defectuoso rejonazo seguido de pinchazo hondo, más otro definitivo, lo que disgustó a parte del respetable. Una pena porque tuvo las orejas en la mano. La gente guardó silencio tras ser arrastrado el toro. Mereció una gran ovación.
El cuarto manseó de salida yéndose a tablas, pero Pablo lo sujetó magistralmente, manteniéndolo fijo en sus monturas para poderlo banderillear tras pasar en falso. Pero también resultó alcanzado al apurar un quiebro. Lo mejor, un par de las cortas a dos manos. La gran experiencia y las muchas tablas del estellés suplieron los inconvenientes, incluidos los gestos para la galería que abundaron. Y como acertó a matar de un rejonazo contrario con rápidos efectos, cortó dos orejas y pudo salir a hombros.
Con facilidad y corrección actuó Sergio Galán frente al noble segundo toro de la tarde, bastante menos agresivo que el que abrió plaza, hasta el punto de derrumbarse dos veces. Caídas que desmerecieron su labor a pesar de que el conquense se empeño en completar la faena, cerrada con un rejonazo ladeado.
Otro manso aunque obediente fue el quinto. Galán lo banderilleó con desigual fortuna al clavar y estuvo mejor en los alardes de doma que en la ejecución de las suerte aunque no faltó algún par en su sitio, sobre todo uno a dos manos. Un rejonazo barrenando a toro parado fue suficiente para que cortara una oreja.
Roberto Armendáriz también fue alcanzado aunque no derriba por el tercero, distraído y muy aquerenciado a tablas que quiso saltar. Desentendido y renuente, Armendáriz no pudo conjuntar casi ninguna acción, salvo en algunos brillantes quiebros provocando mucho a tan deslucido enemigo que, como el segundo, también se echó. El jinete estuvo por encima del toro, pero debió matar antes de seguir intentando lucirse. No lo consiguió pronto.
Al en principio impetuoso sexto y a la postre tardo aunque noble, lo fijó muy bien Armendáriz antes clavar el rejón de castigo al segundo intento. En banderilla quebró en los medios arrancando desde tablas con notable espectacularidad y adornos varios mientras los paisanos le aclamaban. Momento en que el toro también se echó. A duras penas, clavó tres de las cortas. Y con el animal ya sin resuello, un rejonazo contrario acabó con el animal. Mereció una oreja pero no la segunda que le regalaron por paisanaje.