La opinión de Rafael Puga Castro, buen ganadero oriundo de Cajamarca, propietario de “Camponuevo”, y famoso matador en la historia taurina de Perú, llega muy a tiempo cuando ya se venden los abonos de la próxima Feria del Señor de los Milagros de Lima. En dicho serial, el de más categoría en América que inicia el segundo domingo de noviembre, se lidiará una corrida peruana del hierro de Roberto Puga Castro y Montegrande, y las cuatro restantes serán con ganaderías definidas del país vecino de Colombia.
Hacer de una ganadería brava en el Perú un negocio rentable es sumamente difícil; habría que tener una gran fertilidad y manejar costos de alimentación, implementando negocios paralelos pero complementarios. Es cierto que el mercado se regula por la oferta y la demanda, y que el mercado peruano requiere fundamentalmente de novillos; sin embargo en el Perú no existen propiedades rurales aparentes para formar una ganadería medianamente rentable. Las razones: Unas porque las propiedades rurales están en las alturas donde la fertilidad es bajísima; o porque están en los desiertos y el costo es muy alto; o porque están en zonas muy alejadas; o porque son muy chicas; o porque al ocupar terrenos fértiles no justifican su explotación (tendrías que sembrar espárragos, frutales, etc.). Se debe reconocer que el mercado de tierras, o es muy caro o es escasísimo; y en las alturas son tierras comunales o minifundios. Pero aún así, ganaderos habemus.
Para producir 35 novillos aptos, vivos, sanos en la costa, se necesita tener no menos de 110 vacas de vientre en edad reproductiva; lo que significa tener una población de más o menos 340 reses. Haciendo números redondos sobre alimentación; un vacuno come el 10% de su peso en forraje verde al día. En un rebaño de 340 reses de todas las edades (asignando un promedio de 200 kilos por cabeza de peso vivo), resulta en 6,800 kilos de forraje verde que se consumen diariamente en una ganadería de esa naturaleza.
El costo de chala verde picada a razón de 5 centavos de dólar por kilo que pagan los estableros resulta en 340 a 400 dólares por día, es decir cerca de 150,000 dólares por año (440 dólares anual por novillo en alimento de forraje verde). A esto hay que agregarle la alfalfa seca puesta en establo a razón de 25 a 30 centavos de dólar por kilo, y el concentrado a razón de 40 a 45 centavos de dólar por kilo. Además hay que agregar los costos propios del fundo, seguridad social, gastos administrativos, electricidad, combustible, maquinaria (picadoras, molinos, tractores, fumigadoras, herramientas varias), vacunaciones, medicamentos y otros.
El reto ganadero en el Perú es por eso muy difícil, hay que ser super aficionado, porque hacer de una ganadería brava en el Perú un negocio rentable es sumamente difícil; habría que tener una gran fertilidad y manejar costos de alimentación implementando negocios paralelos pero complementarios. No hay que olvidarse que el Perú es el único país donde se lidian toros a más de 3,000 metros de altura, por lo que el ganadero debe ser un verdadero especialista, que no sólo esté al corriente de cómo evoluciona la fiesta y por lo tanto la bravura; sino la sanidad y la preparación, sabiendo que sus pupilos no son lidiados en plazas con instalaciones aparentes para toros (por lo general saltan del camión), y los toreros con enorme mérito actúan disminuidos, porque las plazas no tienen buenos pisos, ni enfermerías debidamente implementadas, y por lo general los caminos no son aptos para el fácil desplazamiento de un pueblo a otro.
En lo referente al ganado colombiano que ingresa, incluyendo el costo de transporte (puesto en el Perú), éste tiene un precio muy superior al ganado nacional. Haciendo un análisis detallado de los costos de importar ganado extranjero de lidia al Perú, hay que considerar costos como: Viaje a seleccionar y comprar el ganado, pruebas veterinarias para descartar enfermedades, comisión del agente vendedor, compra de cajones para el transporte, flete de los toros al aeropuerto, costo del transporte en avión y seguro, desaduanaje y pago del impuesto, flete del aeropuerto al recinto cuarentenario en Lima, costo del cuidado y alimentación de los toros desde su llegada, flete del recinto de cuarentena a la plaza de toros en provincias, precio que cobra el ganadero colombiano por sus toros, riesgos de accidentes. Entonces cabe la pregunta, ¿por qué sobran cuatreños en el vecino hermano país de Colombia? Y si ese ganado de lidia ingresa al Perú es porque los ganaderos peruanos, o no tienen ganado aparente, o porque se prefiere lo extranjero aunque cueste más. No hay que olvidar que a una ganadería peruana de enorme prestigio, hace tres años los colombianos no la dejaron ingresar a su país a lidiar en Cali; en cambio los aficionados peruanos sí disfrutan con lo extranjero.
En el Perú profundo taurino (el de provincias, aparte de Lima), la demanda de toros de lidia ha superado a la oferta nacional, y de ese fenómeno se sienten orgullosos los ganaderos peruanos, porque siendo el toro o el novillo la base de la Fiesta, y no siendo un negocio maravilloso (hay varios que han salido corriendo), algún mérito tienen los ganaderos. La Fiesta Brava en el Perú es defendida por muchos porque se le considera parte de la cultura peruana; y es peruana porque hay toreros peruanos y ganaderos peruanos que recorren tercamente la geografía del país, y en vez de invertir el dinero en un negocio estable, lo gastan en darle de comer al ganado de lidia y en mejorar su genética. A pesar de ello, con mucha frecuencia y sin investigar, se les quiere poner el sello de mercantilistas, además de reservar mezquinamente palabras de aliento para que sigan invirtiendo en la cabaña brava nacional. Los toreros y los ganaderos no son los llamados a enfrentarse públicamente a los antitaurinos, porque lo hacen día a día con la sostenida labor ganadera y participando de su afición con los amigos y aficionados, fortaleciendo su afición públicamente con argumentos. Al respecto, los medios de comunicación deben defender la Fiesta entrevistando a personajes de la talla del pintor Fernando de Szyzlo, o informando lo que ocurre en los grandes foros taurinos. ¿No es evidente que los ganaderos hacen bastante manteniendo la llama de la Fiesta criando ganado de lidia? ¿No parece suficiente que gasten dinero en un negocio tan marginal? El futuro de la ganadería formal preocupa, porque cada día es más fuerte la competencia informal y la extranjera, en un país donde no hay crítica taurina analítica, sino pasional o amical; donde se menosprecia al ganadero peruano en las principales plazas del país; donde la ganadería informal o nueva ganadería se forma con animales de desechos nacionales y extranjeros o de baja nota; donde muy pocos traen refrescos de sangre, y donde el periodismo nacional no quiere entrevistar a los nuevos ganaderos para conocer cómo encaminan su esfuerzo y se hagan merecedores al respeto de la afición, que es al final lo único que aspira el verdadero ganadero, que goza con un toro bravo y sufre con uno manso; es por eso que hay pesimismo en el futuro ganadero.
Así como ha crecido el número de ganaderos, no es difícil darse cuenta que rápidamente disminuirá cuando se les esfume el espejismo de los altos precios. (Fuente: “Fiesta Brava” No. 55, Lima, julio 2012).