Más público ayer, pero no el que merecía el cartel más redondo de la feria a raíz de las sustituciones que nos aguardan. Morante de la Puebla, El Juli y Alejandro Talavante. Morante ha parecido despertar del letargo con que inició su temporada. El Juli, con menos corridas que nunca en su haber, continúa al frente de la nave con más rotundidad que nunca. Y Alejandro Talavante ya se ha instalado en la regularidad triunfal que distingue a las primeras figuras. Aunque en parte falló el ganado de Núñez del Cuvillo por demasiado flojo y descastado, la gente se lo pasó en grande con lo que hicieron los tres espadas. Sin embargo, caben las matizaciones: Las segundas orejas que se concedieron tanto a Morante como a El Juli de sus segundos oponentes fueron excesivas. El madrileño cortó otra de su primero. Y Talavante perdió una de cada uno de sus toros por culpa de la espada.
San Sebastián. Plaza de Illumbe. Lunes 13 de agosto de 2012. Segunda de feria. Tarde calurosa con casi dos tercios de entrada. Seis toros de Núñez del Cuvillo, muy desigualmente presentados y nobles en distintos grados de fuerza. Casi ninguna el primero. Se salvó el segundo por la pericia de quien lo toreó. Más enterito el tercero. Francamente manejable el cuarto. Noble aunque sin clase alguna el quinto. Manejable aunque incómodo el sexto. Morante de la Puebla (verde parra y oro): Pinchazo y estocada baja trasera, silencio. Estocada casi entera trasera, dos orejas, la segunda por regalo presidencial. El Juli (tabaco y oro): Estocada, oreja. Estocada trasera muy caída, dos orejas, excesiva la segunda por lo deficiente del espadazo. Alejandro Talavante (siena y oro): Estocada muy trasera muy baja, insólita petición y ovación. Pinchazo hondo y dos descabellos, aviso y gran ovación. Morante y El Juli salieron en hombros.
De menor a mayor excelencia las verónicas de Morante en el recibo del primer toro que embistió con nobleza por los dos pitones aunque amagando cierta falta de fuerza. Sin embargo, derribó al caballo en el primer encuentro. Apenas picado, el castigo lo recibió en el encuentro con el equino contrario mientras levantaban al caído. Morante pasó de quitar en la creencia de que el toro resistiría mejor en la faena de muleta. Pero el burel no resistió del todo los naturales con que arrancó el trasteo, apenas apuntados y forzosamente aislados. Una pena porque Morante quería torear como sabe y no pudo. Y lo mismo con la derecha por lo que, tras adornarse brevemente, cortó por lo sano.
La media verónica de remate a unas verónicas muy corrientes fue lo más notable del recibo de Morante al cuarto toro, un colorao de escasa cornamenta que resultó evidentemente distraído aunque cumplió en varas. Como en su toro anterior, Morante tampoco quiso quitar. Bien banderilleado, el de La Puebla empezó por alto con la derecha y por redondos la faena sin que apenas sacara a relucir la esencia que siempre se espera de este torero salvo en escasos muletazos y en tal o cual remate que interpretó con la gracia de su sevillanía. Cuando tomó la izquierda, tuvo que tirar mucho del toro, ya sin resuello. Pero bueno, al menos gozamos con algunos naturales completos, con posteriores redondos en los que primó la sicosis del morantismo, y con más naturales de preciosa factura y adornos de su cosecha. Faena de menos a más esta de Morante que cerró con estocada trasera casi entera y dos orejas, injustificada la segunda, que el señor presidente concedió por su cuenta y razón. Nos debe explicaciones.
El Juli no se anduvo por las ramas capote en mano con el segundo toro, más vivaz que el que abrió plaza aunque también flojo. Aliviadísimo en varas y banderilleado con oportuna rapidez sin posible brillo por las caídas que sufrió el animal – tampoco hubo quites por aquello del ahorro – a don Julián le faltó toro en la muleta. Mucho torero para tan poca fuerza. El Juli lo intentó con la muleta dando mucha distancia y atinando en el temple, gracias a lo cual pudo dar algunos buenos pases con la derecha aunque sin poder evitar algunas claudicaciones de su pobre enemigo. La ciencia infusa del gran torero brilló más al natural y de nuevo con la derecha. Pero seguía sin haber toro. Ya va siendo hora de que las figuras actúen con ganado más fuerte y más encastado. Pues no basta con inventarse faenas como esta primera del madrileño que, tras una buena estocada, obtuvo el premio de una oreja.
Soberbio, soberano El Juli en su recibo por verónicas al quinto, el de mejor trapío de la corrida y más proclive por más entero que su anterior oponente. En este sí hubo quite y la acostumbrada buena lidia que suele dar el maestro cada tarde. En la faena, muy larga, se puede decir que terminó montándose encima del toro. Trasteo sobre ambas manos, mejor por el lado derecho por donde sometió totalmente al animal que duró mucho aunque sin clase gracias a la técnica y al valor del matador. El arrimón final fue de campeonato con cuatro circulares invertidos sin moverse, recetados dentro de los terrenos del toro. El Juli puso la plaza literalmente boca abajo. Esta faena, muy de Julián en este momento de su carrera, fue de dos orejas. Las que cortó pese a lo muy defectuoso del espadazo con que mató. La presidencia tuvo que acceder forzosamente a dar otra. Si no hubiera regalado la segunda a Morante, habría resistido la presión.
Muy suelto del capote de Talavante el basto tercer toro en su salida, pero enseguida sujeto y templado en los medios por verónicas que gustaron al respetable. Aunque renqueó de patas, este toro pareció resistir más la lidia. Talavante hasta quitó por gaoneras cambiadas y revolera de remate. De mal trámite los rehileteros, Talavante brindó la faena al público por ver si se repetía lo del año pasado en esta misma plaza. Empezó en los medios con cambios y molinete con la mano izquierda, más muy templado y quietísimo con la derecha en la primera tanda. Pero no en la segunda al defenderse por arriba el burel. Por eso se echó la pañosa a la mano izquierda, logrando estupendos naturales. El toro fue mucho mejor por ese pitón y por ello tomó vuelo el trasteo del extremeño que se esmeró en sus ya habituarles mexicanadas. Debió entrar a matar en vez de pegarse un arrimón con el toro ya casi parado. La gente pidió una oreja tras matar Talavante de un horrible espadazo. Hizo bien la presidencia en no concederla.
Con el desclasado y más imponente sexto, todo lo que hizo Talavante estuvo presidido por la entrega y el valor. Hasta fue cogido mediado el trasteo por su empeño en acercarse y en pararse pese a las incómodas embestidas del animal. Prosiguió con idéntico tesón y a nadie importó que al trasteo le faltara limpieza. Pero de nuevo falló al matar y se le escapó otra oreja o, tal como iba la tarde, dos.