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25.11.2008
Libertad sin ira, libertad
Cuando hace algunas fechas me preguntaba que para qué servía un presidente, lo hice de manera retórica: con los reglamentos taurinos vigentes, tan matemáticamente ordenados, los presidentes no sirven para nada. Pero me gustaría ir más allá: pienso que los que realmente sobran, por desfasados, son los reglamentos. Hay que dejar atrás los pretextos que llevaron a codificar tan exhaustivamente el desarrollo de las corridas de toros, pues no se puede seguir considerando a los profesionales del toreo como menores de edad que necesitan de la tutela de la autoridad. Eso por no decir que los legisladores, llenos de mala conciencia ante el hecho taurino, han pensado siempre que los toreros y todo su séquito eran gentes de poco fiar. La consecuencia principal del reglamento es que recorta la libertad a los participantes en los festejos taurinos. Cosa que no ocurre en otros espectáculos públicos.
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15.11.2008
El toreo, un arte en entredicho
A pesar de estar profundamente aburrido del cacareo de los antitaurinos, no puedo escapar a su molesto ruido y, cada cierto tiempo, tengo que volver a escuchar sus groserías e insultos. Si soy sincero echo de menos los primeros escritos de Manuel Vicent, cuando todos los años, unos días antes de San Isidro, en el diario El País nos decía que la tauromaquia es al arte lo que el canibalismo a la gastronomía. A mí, me hacia sonreír. Lleva tiempo que sus artículos sobre el tema han perdido chispa. También estará cansado de la monserga. Y eso que estar en contra de los espectáculos taurinos da mucho lustre. Es una fiesta tan esplendorosa que da luz incluso a los que la atacan y se aprovechan de ella para vender su producto bajo el disfraz de un falso ecologismo.
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