La gran feria francesa del mes de julio, la de Mont de Marsan, ha vuelto este año a conocer los mieles del triunfo, con publico amable y corridas a modo. En cada una de las cinco corridas, hubó una salida en hombros y, así, un nombre propio.
Rafaelillo. Fue el primer triunfador de la feria, salvando “in extremis” una pésima corrida de Miura, con toros desiguales de trapío, escobillados de pitones – como la mayoría de los que se lidiaron en esta feria – y flojos. El último fue el menos castigado en varas, y así se movió con buen son en la faena de muleta. El torero murciano, valiente, consiguió el triunfo con una sensacional estocada, pero valía una oreja de peso.
Daniel Luque. En la corrida de Torrestrella que se lidió el lunes 21, hubó un toro bajo y bravo, el tercero, que era de dos orejas. Muy facil y centrado, Daniel Luque
consiguió algunos pasajes de gran ligazón y temple sobre el pitón derecho. Fue mucho más discreto con la mano izquierda. Las tandas logradas, templadas y toreadas tuvieron mucho impacto. Pero a la faena le faltó estructura y al toro más distancia.
El Fundi. El veterano torero de Fuenlabrada fue, por su medido sentido de la lidia y de la puesta en escena de la lidia, el triunfador, númerico, de la corrida del martes, pero los verdaderos protagonistas de la tarde fueron los toros de La Quinta, muy serios, bravos, encastados, algunos, como el primero y el sexto, dando gran juego para los toreros. La grata sorpresa fue el portugués Antonio João Ferreira, que tomaba al alternativa y al que se vió mucho más quieto, centrado y templada que en sus últimas novilladas. Pinchó la puerta grande en el sexto.
El Juli. Fueron, el miercoles, las dos orejas más indiscutibles de la feria. Con una corrida de El Ventorrillo que nada pareció a la de Pamplona : terciada, bajita, flojito, con nobleza pero pronto apagada. El Juli torea en Mont de Marsan como en el patio de su casa : fue en esta plaza, en julio del 1995, que vistió por primera vez el traje de luces ; fue también en esta plaza, en 2003, que realizó sin duda su mejor faena en Francia – faena que supusó una evolución definitiva en su forma de torear – frente a un estupendo cárdeno de Pepe Chafik. No dejó pasar este año la oportunidad de torear a gusto, imponiendo su ritmo y sus terrenos, al cuarto toro de El Ventorrillo, cuales puntas parecían que se habían quedado en las famosas “fundas”.
Pepín Liria. La feria “montoise” concluyó con la corrida de Victorino Martín, que volvió a ser el cierre tradicional de este ciclo tras el parentesís de la lengua azul. Victorino llevó lo que suele llevar a Francia, una corrida con poco cuerpo, poco trapío y más pitones, del tipo de toro que en su casa se mueve y embiste, y no los armarios que solía traer en verano a Pamplona o a Bilbao. En esta corrida, el mayor protagonista era Pepín Liria que hacía su despedida en Francia, con el apoyo incondicional del publico, el cual, al igual que pasó en “sanfermines”, lo jaleó con gritos de “¡ Pepín ! ¡ Pepín !”. Tocó dos toros con mucha clase, y toreó con gusto pero precabido por naturales. Con temple y sin entrega. Cortó una oreja en cada toro y logró la quinta puerta grande en los festejos vespertinos. También debemos mencionar la del novillero Juan Luis Rodríguez, más por la rapidez en la suerte de matar que por otra cosa, frente a una novillada de Bucaré noble pero sosa, que nada tuvó que ver con la encastada y autenticamente brava de este hierro que se lidió hace algunos días en Ceret.