|
13.09.2009
Dax (Francia). Inspiradísima faena de El Juli
Lo del Juli en Dax, en la primera corrida de la feria septembrina de “toros y salta”, ha sido punto y aparte. Y de no va más. La faena al quinto toro de la tarde ha sido una de las más creativas e inspiradas vistas en lo que va de temporada. Primero en la rapidez inusitada que tiene este torero en encontrar el sitio y las distancias adecuadas en cada toro. Y luego en la forma en que Julián gobernó las embestidas, con poder, temple y ligazón, pero dejando también correr su fantasía y repertorio al hilo de la obra.
Plaza de toros de Dax (Francia). Sábado 12 de septiembre de 2009. Cielo despejado y tiempo agradable. Lleno con cartel de “no hay billetes”. Cinco toros con el hierro de Victoriano del Rio y uno – el segundo – de Cortés, desiguales de trapío, correctos de pitones y nobles en distintos grados de entrega y de fuerza, siendo el quinto el más completo. Enrique PONCE, de blanco y oro (una oreja tras un aviso y silencio. EL JULI, de ciruela y oro (ovación con saludos y una oreja) Sébastien CASTELLA, de tabaco y oro (una oreja tras un aviso y silencio tras un aviso). Se desmonteraron en el cuarto los banderilleros Antonio y José María Tejero, y en el sexto, Curro Molina.
Abrió El Juli su gran faena con siete estatuarios sin enmendarse. Siguió con la mano derecha en muletazos de muy largo trazo, imprimidos con todo el cuerpo. Dejó caer la muleta a sus pies para dibujar soberanos naturales, hondos y largos. Y remató las tandas andando con el toro, mezclando faroles con pases de pecho, y ligando circulares a cámara lenta. Una cumbre. Falló una vez más con el acero y lo que podía ser de rabo fue premiado con una única oreja tras dos pinchazos y dos descabellos. En su primero, manso y distraído, Julián se había impuesto con autoridad, sin alargar el esfuerzo.
Enrique Ponce exprimió al máximo un primer toro noble pero soso al que toreó despacio, sin ninguna brusquedad, y al que cortó oreja después de una estocada de rápidos efectos. El cuarto, más serio, se paró después de un buen tercio de varas y la faena fue de más a menos.
Con un tercero toro flojo y sin trapío, Castella fue capaz de poner en la faena la fibra que no tenía el toro y asombrar al publico con cambios imprevistos y muy ceñidos. Un derroche de quietud y de serenidad, premiado con oreja pese a una estocada defectuosa. El sexto solo duró un suspiro y las luces se apagaron.
La ovación que acompañó al Juli hasta el patio de caballos fue una de la más sonoras escuchadas en esta plaza. Como lo dijo en su tiempo, El Juli es genio y figura. Ni más ni menos.
|