|
29.09.2010
Cónica viajera de septiembre
Durante este mes de Septiembre me he dedicado a picotear. No he visto ninguna feria completa, sino que he ido viendo festejos aquí y allá, donde me apetecía. Y he visto muchos, porque he ido a los toros casi todos los días. Solo una feria he visto completa: la Feria de Novilladas de Arganda del Rey. Fue un descenso a los infiernos del desencanto. Si esos novilleros son el futuro de la fiesta, apaga y vámonos. Sólo me gustó Arturo Saldívar, que hizo una faena maciza y rotunda a un novillo de Cebada Gago. El resto para olvidar. La escasez de novilleros interesantes es uno de los problemas más graves que tiene planteada la Fiesta, aunque quizá no sea este el momento de tratar el asunto, pero poco a poco, nos estamos mejicanizando. Tal como sucedió en Méjico hace ya años, las figuras se vuelven perennes porque no hay relevo generacional. Esto a la larga es gravísimo y compromete muy seriamente el futuro de la Fiesta.
Otra gran faena de novillero la vi en mi pueblo, Morata de Tajuña, a Juan del Álamo. Faena de novillero ya cuajado y próximo a la alternativa. Y en lo que compete al escalafón menor, se acabó. A pesar de las muchas novilladas que he visto, salvo lo de Saldívar y lo de del Álamo, no ha habido nada digno de ser reseñado.
Estuve en Albacete viendo la corrida de mi amigo Adolfo Martín. Eran los toros desechados en San Isidro. El trapío era irreprochable: varios toros hubiesen levantado una ovación de salida en Las Ventas por su gran presentación… ¡que Santa Lucía conserve la vista a los veterinarios madrileños! La corrida fue dura y vendió cara su vida. Como debe ser. Hubo dos toros de nota: el segundo fue muy encastado, y el cuarto tuvo gran clase. Se fueron sin torear. Y es que una de las desgracias de esta clase de ganaderías son los toreros que las torean.
También en Albacete vi los samueles, tan cornalones como mansos. Con ellos Ponce dio su enésima lección. Se jugó la vida y se inventó una buena faena ante un manso imposible. Casi nadie ha hablado de tan importante lección de pundonor y sabiduría. Ponce fastidia a gran parte de la crítica instalada porque no unta y su trayectoria es infinitamente mejor que la del ídolo de la mayoría de los escribientes. Y eso les jode.
La lírica la guardó Ponce para Guadalajara, donde lo vi cuajar un sobrero de Santiago Domecq con su finura y talento habituales. Fue lo único verdaderamente importante de aquella feria en la que también estuvieron bien El Cid e Iván Fadiño. Este último se está labrando un buen cartel poco a poco, a base de pundonor. Y, además, tiene buen estilo.
El momento más grato de este Septiembre lo viví en Bargas, provincia de Toledo, el lunes día veinte. Se lidió allí una excelente corrida del Conde de la Corte. Destacaron el segundo por su bravura, y el sexto por su clase extraordinaria. Fue un gozo ver embestir a estos toros, dignos sucesores de una estirpe gloriosa. Y hago una pregunta: ¿Cómo es posible que una corrida tan bien presentada y de una ganadería con tanta historia se lidie en plaza tan modesta? Sin duda, los taurinos se han vuelto locos y ya no tienen ningún criterio.
Me perdí la gran tarde de Morante y El Cid en Logroño, pero sí presencié allí la de Ponce y El Juli. El valenciano tuvo enfrente dos toros imposibles y nada pudo hacer. El Juli lució su maestría habitual. Pero quién se llevó el lote fue Rubén Pinar. Tuvo dos toros muy manejables de Victoriano del Río y aunque cortó una oreja de cada uno, hizo un toreo muy superficial y carente de sabor. A Rubén Pinar le falta mucho todavía.
Y de un tirón a Sevilla para la Feria de San Miguel. De entrada un mano a mano entre El Cid y Daniel Luque. Como árbitros unos toros de Alcurrucén mansos y con mucho genio. A Manuel Jesús lo había visto torear de maravilla en San Lorenzo del Escorial y en Colmenar Viejo, pero toritos bobos nada exigentes. Cuando ha demostrado su recuperación, ha sido en Sevilla porque los alcurrucenes tuvieron muchísimo que torear y ¡cómo los toreó!: muy firme, con la muleta siempre por delante, llevando largo y por abajo. Mientras los toros embistieron, fluyó un toreo de la mejor calidad, pero se rajaron muy pronto, vencidos por el mando de El Cid. Una tarde sin trofeos, pero que al torero le sabe a triunfo. Mientras El Cid vino a torear, Luque vino a ver qué pasaba. Muy conservador y prudente con sus dos primeros toros, sólo apretó con el sexto en una faena de menos a más. A ver si este muchacho rompe de una vez… Condiciones tiene.
¿Qué decir de la ruina del domingo pasado? En primer lugar hay que alabar el gran comportamiento de la afición sevillana: señorío y saber estar. En Madrid se hubiera armado la de San Quintín. Fue un espectáculo lamentable. Con corridas así no hacen falta los antitaurinos. La plaza llena de un público ilusionado que ha pagado una pasta por las entradas. Y nos estafan de la manera más bochornosa.
Debemos señalar a los culpables, a saber: Curro Vázquez, apoderado de Morante, que impone para su pupilo reses absolutamente impresentables; Roberto Domínguez, apoderado de El Juli, vago e indolente, que se deja llevar por la corriente; Fernando Domecq, ganadero servil con las figuras y esclavo de ellas; la Empresa Pagés, que con tal que toree Morante, traga con lo que haga falta, embarcando una corrida patética, llena de toros sospechosos de pitones y desechados en otras plazas… Y la Autoridad, que tolera y bendice semejante atropello. Es evidente que esta autoridad no defiende al aficionado, y hasta que el aficionado no reaccione, todo seguirá igual.
La corrida del domingo en Sevilla fue un escarnio de la Fiesta Nacional. Pero hay que decirlo todo: hubo dos toros que sirvieron y le correspondieron a Oliva Soto. Fueron malgastados en dos faenas (es un decir) llenas de trallazos rapidísimos y poses de tablao. Porque esta es otra: la sustitución de Manzanares era de quinta división. Vamos, que se ahorraron un dineral. Una ruina. Menos mal que en Barcelona las cosas transcurrieron de maravilla. Mis felicitaciones a la afición barcelonesa.
Y ya empieza en Madrid la Feria de Otoño. Allí estaremos para contarlo.
|