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13.10.2010
Corrida de toros en Madrid. Apoteosis de la capea
Los muy serios toros de Juan Luis Fraile salieron mansos y duros. Muy duros. Y se hicieron los amos de la plaza. Cuando salen reses ásperas y correosas, las cuadrillas ya no saben qué hacer con ellas y todo acaba siendo una capea. Ayer vimos unas cuantas. La actuación de picadores y banderilleros rozó el ridículo. Frente a estos toros tan astifinos y complicados, Vilches estuvo sin sitio y a Eduardo Gallo se le fue el único toro claro del festejo. Quien mejor estuvo fue el mejicano El Conde, muy por encima de un lote difícil.
Madrid. Plaza de toros de La Ventas. Martes 12 de Octubre de 2010. Tarde nublada. Un cuarto de plaza. Seis toros de Juan Luis Fraile, muy bien presentados. Mansos y complicados, a excepción del tercero, encastado y repetidor. Alfredo Ríos “El Conde” (de verde y oro), aviso y silencio. Saludos desde el tercio. Luis Vilches (de buganvilla y oro), aviso y silencio. Silencio. Eduardo Gallo (de coral y oro), aviso y silencio. Saludos desde el tercio. En general las cuadrillas estuvieron muy mal.
Esta vez los gracilianos de Juan Luis Fraile salieron mansos y complicados. Suponían una prueba de valor y buen oficio para las cuadrillas, que no pudieron estar peor. No eran capaces de parar al toro ni de colocarlo ante el caballo. Cinco de los seis toros recibieron el primer puyazo al relance en el tendido tres. En el segundo tercio se vieron también mil mantazos horrorosos y unas cuantas huidas despavoridas, mientras el toro campaba por sus respetos. El colmo fue la lidia del quinto toro y la del sexto. Fueron la apoteosis de la capea. Y es que cuando salen toros diciendo aquí estoy yo, los toreros capaces se cuentan con los dedos de una mano.
Los de oro tampoco anduvieron mucho mejor que los de plata. Vilches tuvo un primer toro con mucho sentido por el pitón izquierdo, pero toreable por el derecho. Estuvo muy rápido con la diestra y desbordado con la zurda. En el quinto no fue capaz de cruzarse, permaneciendo siempre al hilo de pitón. No pudo con un toro que exigía firmeza y sometimiento. Una faena bailona en que el toro se le venció varias veces porque, al estar descruzado, el animal lo veía. Y con los aceros tan mal como de costumbre.
El tercero fue un toro de embestida vibrante y repetidora, ideal para triunfar en Madrid. Eduardo Gallo hizo una faena vulgar y atropellada, de muletazos cortos y codilleros. Si hubiera bajado la mano y hubiera llevado al toro hasta el final, otro gallo le hubiera cantado al pollo. Se le fue sin torear. Además lo mató de dos bajonazos alevosos. El sexto era un brazo de mar: tremendamente serio y astifino, que sobresalía en una corrida muy seria y astifina. Muy manso en el caballo, hizo pasar un calvario a los de a pie en los primeros tercios. Llegó a la muleta crecido y sin picar. Gallo empezó muy desconfiado y asustado ante la violencia del toro. Hasta que se dio cuenta de que pasaba sin comerse a nadie, saliendo suelto y con la cara alta. Entonces Gallo se rehizo algo y dio muletazos más asentados. De todas formas, nunca se decidió a cruzarse con el toro y a ganarle el paso. A Gallo le han puesto tres veces en Madrid este año y se le han ido tres toros…, y mientras hay muchos matadores castigados que llevan años sin pisar la plaza de Madrid. Y esto no puede ser.
La excepción de tanto desastre fue la actuación de El Conde. El torero mejicano mostró valor, buen oficio y buen concepto. Es el primer mejicano, después de muchísimo tiempo, que no ha hecho el ridículo. Estuvo muy por encima de su lote, y se hizo merecedor de una repetición. A su primero, que se salía suelto y con la cara alta, le robó muy buenos naturales, llenos de buen gusto. El cuarto fue un toro muy duro y exigente, y El Conde cometió el error de no darle un tercer puyazo. Se peleó con él sin volver la cara, le robó muchos muletazos con la mano diestra e, incluso, se puso por el pitón izquierdo, por donde el toro era criminal. También tuvo mérito meter la mano en ese avispero y dejar una estocada entera.
Por cierto, vinieron a ver al Conde sus amigos Antonio Barrera y Morante de la Puebla. A este último lo acompañaba Curro Vázquez. Y me surgió la pregunta: Señor Vázquez: ¿cuando su poderdante Cayetano va a ponerse ante toros como los de ayer de Madrid?… A ver si es torero, o no es torero.
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