La feria de San Isidro en Madrid es la más trascendental de cuantas se celebran en el mundo pero no siempre la mejor ni siquiera la más importante porque, desde hacemuchos años, sus resultados dependen más de la suerte que haya con el ganado y del cambiante comportamiento del público de la plaza de Las Ventas que de cuanto logran los toreros frente al toro. Sin embargo, cada vez que un diestro triunfa en este escenario se multiplican sus expectativas, haya sido verdaderamente merecido o no el éxito, lo que añadido al ambiente taurino que inunda la gran ciudad, depara una polémica que se extiende por todos sus confines y subyace en casi todas las tertulias que, espontáneamente, se forman en bares, restaurantes, hoteles, peluquerías, colas de las taquillas para ir a los toros o acualquier otro espectáculo y en las de los autobuses, estaciones de metro, de trenes y aeropuertos.
Llegar a la ciudad de Sevilla siempre es grato, sobre todo si iniciamos la estancia en su plena e inolvidable Semana Santa y, taurinamente, a partir del Domingo de Resurrección, fecha en la que La Plaza de la Real Maestranza abre temporada y el abono que incluye la mundialmente famosa Feria de Abril que, por cambiante de fechas y de clima, en cualquier caso primaveral , es recomendable llevar ropa de entretiempo, de lluvia, y por supuesto de verano porque puede hacer inesperadamente frío, llover, e incluso mucho calor. Baúl, pues, como el de Concha Piquer, aunque algunos se burlan cuado ven descargar tantos bultos a los visitantes. No olviden nunca éstos que, quien ríe el último, ríe dos veces… Como tampoco deben olvidar quienes acudan a la feria de Sevilla por primera vez, que las señoras deben lucir sus mejores vestidos, los caballeros chaqueta y corbata, y que, si les es posible, deben cambiar de terno cada día de corrida y otra vez de noche si alguien nos invita a una fiesta en una caseta del ferial. Los sevillanos presumen de ello y no hay que dejar que les miren con desdén aunque, desgraciadamente, año a año van cambiando las costumbres y abundando el desaliño y el mal gusto como en todas partes.
Cuando la feria de la Magdalena en Castellón se adelanta a la de Fallas, es más atractiva que si se celebra durante o después de las corridas en Valencia. Lo es porque se convierte en la primera grande en importancia de la temporada, los toreros están supuestamente más obligados a triunfar y el taurinismo se reencuentra con más ganas después de varios meses sin verse.
Primera feria verdaderamente trascendental de la gran temporada en España con repercusión en todo el mundo taurino y cita imprescindible para los toreros que son, para los que quieren ser, para cuantos profesionales - participen o no como protagonistas - y aficionados quieran ver en directo al menos las corridas en las que las ganaderías que comparecen y los toreros que actúan suelen dar la medida de sus posibilidades y propósitos de cara a cada temporada. Aparte, claro está, el poder visitar una de las ciudades más bellas de la Península Ibérica y gozar de su fiesta principal: LasFallas. Primera que se celebra en España entre las de fama universal.
Aunque los hay, como yo, que solemos iniciar el año taurino o cada temporada en México con motivo de las última y más importantes corridas en la Plaza Monumental de la gran capital azteca y, mientras se celebraron, en los primeros festejos franceses de la feria novilleril que tenía lugar en Nimes a finales de febrero, la gran temporada europea empieza en un precioso pueblo de Badajoz llamado Olivenza.
No conozco a nadie que esté metido en el mundillo taurino que haya querido abandonarlo. La buena salud, la jovialidad, la longevidad de la mayoría de los taurinos se debe, precisamente, a lo muy a gusto que se encuentran dedicados o atraídos por lo que más les apasiona y entretiene, y a la excelente calidad de vida que gozan casi todos. Los que trabajan y ganan el sustento para ellos y sus familias, porque lo hacen inmersos en el medio que prefieren. Y los que disfrutan o "sufren" el toreo desde los tendidos e incluso desde sus casas a través de la televisión, la radio y los periódicos, porque todo lo que ven, oyen y leen sobre toros les motiva y les mantiene permanentemente ilusionados o gozosamente enrabietados porque de todo hay en esta particular viña del Señor. La "afición" por antonomasia es la taurina y los aficionados - buenos, malos o entusiastas - somos todos los que nos vemos o encontramos cada domingo en cada plaza y en cada feria, en las peñas, en los bares, en los restaurantes, en los hoteles y hasta en garitos innombrables, incluidos los profesionales, claro está, en cuyo numeroso grupo caben desde los que se dedican a sacar a hombros a los triunfadores de cada corrida y los pintorescos "animadores" de los tendidos, los chóferes de las cuadrillas.